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Un ejemplo de respeto a la autonomía en un caso que será emblemático

Por José A. Mainetti Para LA NACION

Sábado 23 de marzo de 2002

El dramático caso de la paciente inglesa cuadripléjica que reclamó ser desconectada del respirador que la mantiene con vida y ha logrado en tal sentido el fallo favorable de la Corte Suprema de Gran Bretaña, reaviva el debate bioético en el mundo actual sobre la muerte asistida de enfermos graves en fase terminal.

La creciente demanda de un "derecho a morir" por parte de la sociedad civil ante una medicina tecnocientífica eventualmente agresiva y expropiadora de la muerte propia ha llevado a legalizar las figuras del suicidio asistido (Estados Unidos) y de la eutanasia voluntaria (Holanda) para el final de la vida, una vida hoy tan medicalizada como judicializada.

Caso testigo

Este caso resultó ser emblemático o testigo en la materia por cuanto, por un lado, se inscribe en la jurisprudencia generalizada sobre el derecho de los pacientes de rechazar un tratamiento médico; pero, por otro lado, dado que retirar el respirador significa poner fin a la vida del paciente, esta decisión avanza en el terreno resbaladizo de la muerte médicamente asistida.

La Corte en su fallo tuvo en cuenta la opinión del Comité de Etica de la Asociación Médica Británica, que declaró que la paciente está en todo su derecho de decidir si quiere morir.

El respirador está considerado bajo la ley británica como un tratamiento médico sobre el cual un paciente puede decidir si lo acepta o no.

Este fallo de la Corte podría motivar distintas presentaciones por parte de pacientes terminales que reclaman el derecho a poner fin a su vida en el Reino Unido.

En este sentido, está el caso de una paciente con una neuropatía motora crónica, Diane Pretty, que ha entablado una larga batalla judicial para terminar con su vida con la ayuda de su esposo. Este es un caso de suicidio asistido. A diferencia del caso citado, en el que sólo se requiere el cese del sistema de respiración artificial para poner fin a la vida de la paciente, Diane Pretty precisa un tratamiento letal para poder morir.

Aun cuando los cuidados paliativos constituyen -en nuestra opinión- la mejor opción de la medicina y la más justa política pública respecto del final de la vida, la decisión judicial británica no deja de ser un ejemplo de respeto a la autonomía, ejercicio de la (última) libertad.

El autor es director del Instituto de Bioética, Humanidades Médicas; Fundación Mainetti.

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