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Guía de la Sociedad Argentina de Pediatría: recomendaciones especiales

Cómo prevenir accidentes en la escuela

Ciencia/Salud

Los más comunes son las caídas, los golpes y los cortes, y es habitual que ocurran durante los recreos

Desde mañana, y hasta el próximo lunes, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) organiza la Semana de Prevención de Accidentes en la Escuela: durante estos días, cada vez que un niño y su familia visiten el consultorio del pediatra recibirán información y recomendaciones especiales sobre el tema.

"Durante el último año, en el Registro del Trauma Pediátrico, el 3% de los 5013 pacientes internados por traumatismos se habían lesionado en la escuela -explica el doctor Alberto Iñón, presidente de la Subcomisión de Accidentes de la SAP-. La mayoría de las lesiones que ocurren en el ámbito escolar son menores: raspones, contusiones, cortes. Entre las más graves, que por suerte son minoría, son más habituales los traumatismos de cráneo por caídas y las heridas importantes."

El pediatra afirma que en la posibilidad de accidentes escolares intervienen al menos tres factores de riesgo. "Por un lado, la ignorancia -dice-; por otro, el número excesivo de alumnos, que puede generar recreos muy concurridos y poco espacio y, finalmente, el descuido."

Iñón desmitifica la idea de que una institución con mayores recursos materiales sea necesariamente la más segura. "Es obvio que si en una escuela se llueven los techos, el piso se mueve o la instalación eléctrica no está en condiciones existe alto riesgo -reflexiona-. Pero también hemos visto modernos y elegantes edificios con errores básicos en el diseño, como por ejemplo desniveles, superficies vidriadas, puertas giratorias o que no abren correctamente... Es decir: coquetería no siempre es sinónimo de seguridad."

Así como el pediatra recomienda a las familias observar el buen estado y la higiene del edificio escolar, también afirma que un aspecto importante a la hora de evitar accidentes es que la institución disponga de personal y de espacio suficiente de acuerdo con el número de alumnos.

"Esto es fundamental en los momentos de esparcimiento y distracción, como por ejemplo los recreos, donde suelen ocurrir accidentes porque los chicos salen a quemar energía y no siempre es fácil evitar que corran, jueguen, se atropellen -explica el especialista-. Se considera que debe haber un maestro o auxiliar cada 10 niños, y que esta proporción debe incrementarse cuando se trata de chicos más pequeños."

A cada cual su receta

El doctor Alberto Iñón, jefe de cirugía pediátrica del Departamento de Pediatría del Hospital Italiano, especifica que si bien existen recomendaciones generales, cada escuela debe identificar sus propios problemas y generar soluciones adecuadas.

"No es lo mismo -reflexiona- una escuelita rural en Jujuy, donde los chicos llegan a caballo o caminando, o a una escuelita rancho con vinchucas, que una escuela en pleno centro de la ciudad. Los aspectos culturales pesan mucho. Por ejemplo: en algunas zonas rurales de Misiones, Corrientes y Córdoba existe la costumbre de no amurar a la pared los grandes piletones de lavar, que quedan, inestables, ubicados sobre los ladrillos.

"Eso pasa en las casas, pero también en la escuela. Entonces un accidente frecuente es que los chicos se cuelguen de los piletones y sufran lesiones muy severas a nivel abdominal, como por ejemplo ruptura de hígado. Es más: en esas zonas se habla del síndrome de los piletones al reportar los accidentes en el Registro de Trauma Pediátrico."

Iñón señala que un recurso útil a la hora de detectar factores de riesgo en cada escuela y elaborar posibles soluciones es incorporar la problemática en el aula.

"Por ejemplo -dice-, la maestra puede proponer un trabajo práctico consistente en identificar dentro del aula o en el patio donde se realiza el recreo todos aquellos objetos o áreas que impliquen riesgo de pincharse, cortarse, rasparse, caerse. Los alumnos van, miran y registran, todo guiado por la maestra. De esta manera ejercitan la observación, la elaboración y la posibilidad de ofrecer soluciones prácticas.

"Los más chiquitos, quizá no tan capaces de elaborar, pueden intervenir indirectamente escuchando y viendo lo que hicieron los más grandes: para qué lado se abren las puertas, cómo habría que abandonar la escuela en caso de incendio, cómo hay que cruzar la calle al entrar o salir y subir al transporte escolar... Y esto se puede hacer en todas las escuelas, desde la más rica hasta la más pobre."

Entre la educación y la coerción

"En los últimos años -comenta preocupado el doctor Alberto Iñón- vemos que muy a menudo se registran agresiones graves en las escuelas, producto de que hay alumnos que concurren a clase con armas blancas o de fuego. Probablemente se trata de chicos con graves problemas a nivel familiar y social: no podemos dejar de reconocer que si en su casa falta trabajo y comida, o si vive en un ambiente violento, indudablemente estará afectado a nivel emocional. Pero comprender esto no significa minimizar la importancia de que concurra armado a la escuela."

El pediatra advierte que la única manera segura de prevenir heridas por armas en el ámbito escolar es no despreocuparse del tema.

"En zonas de alto riesgo por factores sociales, maestros y directivos deben prestar especial atención -dice el especialista-. Es conveniente hacer chequeos entre los alumnos y no dejar de hablar acerca del impacto negativo de la violencia y de cómo es posible solucionar conflictos por vía pacífica. Si bien comunicarse con ellos es muy importante, además de la educación en ciertos casos puede volverse necesaria la coerción. Un chico con un arma en una escuela implica riesgos gravísimos. Y de un modo u otro habrá que sacársela."

En otros casos, y aunque no se trate de elementos tan contundentes, la gente menuda puede concretar travesuras de resultados inciertos. Y de estos temas también hay que conversar para evitar penosas consecuencias.

"Por ejemplo -enumera el doctor Iñón-, los chicos deben saber que jugar con elementos cortantes o punzantes es riesgoso, o que arrojar esos aparentemente inocentes avioncitos de papel, tizas o útiles pueden lastimar los ojos de un compañero. Hay que recordarles también que derramar líquidos o alimentos en el piso puede provocar resbalones y caídas, al igual que abrir y cerrar puertas bruscamente, ya que se puede golpear a quienes estén cerca." .

Por Gabriela Navarra De la Redacción de LA NACION
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