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Tendencias: cada vez más familias de clase media se abastecen en el centro mayorista

Comprar más barato en el Mercado Central

Información general

El fenómeno recuerda tiempos de hiperinflación; adquieren productos sueltos o en bulto, que luego reparten con amigos

Si hay algo que sobra en este momento en que todo falta, son las evidencias de que nadie escapa a la crisis económica. El Mercado Central de Buenos Aires aporta una prueba más. Una contundente: no sólo va cada vez más gente, sino que a la que hace rato ya buscaba allí precios más baratos, se suma otra que conoció tiempos mejores y hoy se ve obligada a un ahorro forzoso.

Los vendedores coinciden en que en los últimos meses empezaron a aparecer más personas de clase media. La proliferación de las agencias de remises dentro del predio es una clara muestra de la afluencia de un público diferente. El servicio de vuelta a Capital cuesta entre 11 y 14 pesos. Incluso, las líneas de colectivos 86, 298 y 162 decidieron ahora prestar un servicio especial que deja a los pasajeros dentro del Mercado.

Resurgen los pools de compras en los que varias familias llevan grandes cantidades de alimentos y se reparten costos y productos. "Me hace acordar a la hiperinflación de fines del gobierno de Raúl Alfonsín", dijo Raúl Fernández, dueño de un stand de frutas y verduras.

El predio está ubicado en Tapiales, partido de La Matanza, a la altura de la bajada de Boulogne Sur Mer de la autopista Riccheri, y a él llegan a diario 1500 camiones cargados de mercadería. Ya a la madrugada abren sus puertas los mayoristas que les venden a verduleros y carniceros y a pasadas las ocho empiezan a llegar los particulares. Cierra a las 20.

"Antes estaba mal visto venir al Mercado Central. Ahora, para nada. Cada día vemos más gente y de clase más alta a la que estamos acostumbrados. Vienen señoras que compran en cantidad y se dividen los productos -dijo el encargado del hipermercado mayorista Diarco, donde acostumbran comprar sólo los comerciantes. También vemos muchos chicos jóvenes que son del interior y viven solos en Capital."

Armarse de paciencia

Además de ampliarse el espectro de los compradores, el empleado consideró que hubo un cambio en la forma de comprar. Hace un tiempo, dijo, tendían a desperdiciar, a llevarse cosas a lo loco, de manera desprolija, sin tener en cuenta si realmente necesitaban tantos productos o sin conocer a fondo los precios. Hoy se los ve más organizados, recorren más, llegan con listas y buscan con más criterio. "Aprendieron a comprar", resumió.

Comprar en el Mercado Central no es nada sencillo. Son 500 hectáreas, aunque no todas están destinadas a los pabellones de venta, y hay que ir con tiempo, armarse de paciencia, caminar mucho, comparar precios y no quedarse con la primera impresión.

Los fines de semana es difícil abrirse paso entre la gente -estiman que entre sábado y domingo llegan cerca de 50.000 personas- y en algunos locales, en especial en los de fiambres y quesos, hay que hacer largas colas.

La amplitud y variedad de productos del mercado puede resultar abrumadora y no se agota en los alimentos. Se puede comprar objetos de cotillón, semillas, plantas, helados, electrodomésticos, productos de librería, ropa y calzado de todo tipo, libros, bijouterie, juguetes y hasta jugarse la suerte con un número en la Lotería.

Lo cierto es que hay que buscar bien, porque no todos los precios son más baratos que en el almacén de barrio o en el supermercado, en especial si se trata de los productos de marca. Salvo en los mayoristas, donde las diferencias son ventajosas si se compra por bultos.

"Es la segunda vez que venimos. Compramos en cantidad, para cuatro familias, y nos lo dividimos. Algunas cosas valen la pena, como el pollo o la carne, el jabón en polvo o el suavizante sueltos. Otras, como las marcas de productos de perfumería, están al mismo precio. Hay que venir mentalizado para recorrer y pasarse una mañana o una tarde. Si tenés paciencia y sabés qué comprar, hacés una buena diferencia", dijo Mónica Velasco, que ayer recorría el mercado junto con su cuñada, Marcela Pernocci.

Pueden conseguirse muchas ofertas en productos de limpieza que se venden por litros y en bidones, aunque si de marcas se trata, las diferencias ya no son tan grandes. Comprar en cantidad parece ser una de las mejores alternativas. Puede conseguirse, por ejemplo, 90 huevos a 9 pesos, o 30 unidades por 2,80. O 10 kilos de azúcar a 6, 50 pesos; cinco kilos de alimento para perros, a 1,30; diez kilos de mandarina, a cuatro pesos; diez pizzetas a un peso o cuatro pizzas a dos; cinco kilos de pan rallado a 6 pesos, cinco litros de cloro, a $ 3,45 o cinco de lavandina más cinco de detergente a 3,20 pesos.

"Yo vengo a comprar carne. Consigo un buen lomo a 5,50 pesos y en el supermercado está a más de ocho -dijo Florencia Alonso, de 29 años-. Antes ni se me hubiera ocurrido venir, pero mi marido se quedó sin trabajo. Entonces ahora agarro el auto y me vengo desde Flores".

Cómo se llega

Dónde queda: en Tapiales, partido de La Matanza.

En auto: por la autopista Riccheri, se baja en Boulogne Sur Mer. Hay dos peajes, de 2 pesos y de $0,70; de ida y vuelta a Capital, $ 5,40.

Colectivos: Entran el 86, de Plaza de Mayo; el 91, de Pompeya y de Constitución; el 298, de Morón, y el 162, de Ramos Mejía.

Chárters y ómnibus gratuitos: desde Lanús, San Justo, La Tablada y otros barrios.

Horarios: de lunes a sábado, de 8 a 20 para minoristas.

Movimiento: 1500 camiones llevan cada día mercadería de todo el país y 50 mil personas circulan cada fin de semana. .

Marta García Terán
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