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Aquellos niños sobrevivientes

Cultura

Un desgarrador documental narra la experiencia de quienes convivieron con el horror de la Segunda Guerra. LA NACION LINE reunió en un video a las coordinadoras del grupo "Niños de la Shoá en Argentina"

Por   | LA NACION

Para ver los videos de la entrevista a las coordinadoras del grupo y un fragmento del documental ingrese aquí

“Niños de la Shoá en Argentina” presentó el 26 de marzo último un documental llamado “Aquellos niños” , en el que logró plasmar las encuentros de varios años y la experiencia vivida por los niños judíos que sobrevivieron al horror de la Segunda Guerra Mundial.

El grupo comenzó a reunirse en 1997, bajo la coordinación de Graciela Jinich.

“Hubo determinada gente que quiso que el grupo exista en la Argentina, así como existen en algunos lugares de Europa, Canadá, EE.UU. e Israel. Yo ese año ya dirigía la Fundación de Steven Spielberg y dos señoras se acercaron a pedirme si les ayudaba a crear un grupo con esas características. Así comenzamos. Pasaron los años y una de las invitadas fue Diana Wang ".

"Ella dio algunas charlas y así fue como se quedó en el grupo.”

El día “uno” de las reuniones fue en la casa del matrimonio Levi -recuerda Graciela- y había unas cuatro personas más.

“No puedo precisar sus rostros, pero sí recuerdo el momento de sentarnos y empezar a hablar. El momento de la presentación, de sus nombres: su lugar de nacimiento, su experiencia de vida, dónde estuvo cada uno durante la infancia y la adolescencia. En la segunda reunión hubo dos o tres personas más y cada uno fue invitando a otro. Hoy el grupo tiene alrededor de 50 personas”, señala Graciela.

La experiencia de Diana fue distinta: “Si bien yo no soy técnicamente una sobreviviente de la Shoá, porque nací en el ´45, había trabajado con hijos de sobrevivientes -yo soy hija de sobrevivientes- intentando hacer lo que vi cuando fui al grupo. Y encontré gente que seriamente intentaba reflexionar, aprender, revisar sus propias experiencias, entenderlas y hacer algo con ellas. Una de las columnas fundamentales del grupo es que era privado y no formaba parte de un contexto institucional: fue lo que hizo atractivo al grupo”.

A los integrantes de “Niños de la Shoá en Argentina” los une el tiempo pasado en un lugar en común: la Europa del nazismo. Los une, justamente, la historia en común, con un agregado -señalan ambas coordinadoras: “No pretendimos ser institución”. Pero también ambas coinciden en que, por la magnitud y las cosas que hizo el grupo, hoy tiene funciones institucionales.

“Hay algo en la forma de funcionamiento que lo hace especialmente atractivo: es bastante caótico, muy de entre casa. Todo parece que fluye naturalmente. Como eran niños, no tuvieron responsabilidad sobre sus acciones ni sobre lo que pasó, durante el Holocausto eran sujetos de otros: iban y venían conforme a las decisiones de otros. Muchos de ellos no guardan memoria, hay muchas cosas que no saben. Es muy conmovedor ver en el grupo cómo cada uno va buscando sus propias respuestas en el relato de las historias de los otros completando la suya propia”.

Así explica Diana la dinámica del grupo del que forma parte desde hace tres años y advierte que ni ella ni Graciela ven a los integrantes como padeciendo algo. “No los vemos necesitando un grupo de terapia. Vivieron una experiencia terrible, pero el grupo no tiene un objetivo terapéutico porque no están enfermos de ésto. Estuvieron enfermos de silencio”.

La propuesta de la película

Ambas coordinadoras cuentan que los integrantes del grupo no tomaron con mucha confianza la propuesta de hacer el documental. Temían, dudaban si en realidad podían hacerlo, quién los ayudaría, pero finalmente, se sintieron respaldados por Graciela y por Diana y decidieron contar su experiencia de vida. El video apunta a la transmisión, a no olvidar.

“Lo que consiguió Kononovich -el director- fue reflejar lo que es el grupo, no lo inventó. Lo pudo mostrar”, agrega Diana.

Un tema que tuvieron que trabajar mucho es el de que no se mide el sufrimiento. Y esa es una de la razones por las cuales los sobrevivientes que fueron niños resultaron los últimos en hablar. Los que lucharon fueron los primeros, luego lo hicieron los adultos que habían estado escondidos, los que habían sufrido el Holocausto en los campos de exterminio, que son los que primero tuvieron el derecho social para hablar porque tuvieron el reconocimiento social. Los niños son los últimos en asumirse como víctimas, por la jerarquía del sufrimiento. Ellos mismos decían ‘yo no pasé nada’.

Por eso, el planteo del grupo es interesante, porque indica que no se puede medir el sufrimiento.

“Queríamos conseguir un documento que no te deje sin palabras, que no te tape con la nube del dolor y sin negarlo, sin banalizarlo”, sostiene Diana.

Transmitir la experiencia

En el valor testimonial para transmitir la experiencia radica la fuerza y emotividad del documental.

El recurso de mostrar las fotos de ese entonces sirvió para dejar claro desde el principio que eran niños.

"La vida es más fuerte que la muerte"

Es una de las más desgarradoras frases de la película porque recorre toda la temática y experiencia en común de los protagonistas y además hace las veces de conclusión.

“Esta frase tiene varias vueltas, es mentira porque la que gana es siempre la muerte. Pero las ganas de vivir superan a las ganas de morir”, agrega Diana.

“El milagro, -dice Graciela- que algunos lo llaman azar, suerte, Dios. Han sobrevivido porque al milagro lo ayudaron. En muchos casos, ayudaron a la suerte. Esta frase permite traerla a nuestros días a un mundo difícil y sobre todo a nuestro país para abrirlo a la reflexión, con los jóvenes: esta es la vida, elegimos vivir y apostamos a la vida. Este es nuestro mensaje: la vida bien vale ser vivida”.

Diana prefiere recordar a un historiador de la Shoá que dice que del Holocausto se puede aprender que no hay nada que un ser humano no le pueda hacer a otro ser humano. “Se mostró hasta dónde puede llegar la maldad con mayúscula de un ser humano sobre otro, pero también hasta dónde puede llegar infinitamente la bondad de un ser humano sobre otro. Esta película puede dar un mensaje muy esperanzador para el mundo de hoy, en el sentido que no sólo es más fuerte la vida que la muerte sino también de que existe la bondad, hay gente buena. Este documental muestra que hay gente buena”.

Para comunicarse con Diana y Graciela, puede enviar un e-mail a las siguientes direcciones: diana@arnet.com.ar y jinich@arnet.com.ar.

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