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Gershwin, en el Colón

Interpretado por Ralph Votapek con la Sinfónica Nacional

Lunes 10 de junio de 2002

Después de Gustavo Cerati y de Memphis La Blusera en el Colón, junto a la Orquesta Sinfónica Nacional, tal vez para contribuir a la confusión general o como producto de ciertos malentendidos, en el ciclo en el cual se reúnen los clásicos con los populares, llega el turno de una sesión íntegramente dedicada a George Gershwin. Y sin que esta afirmación implique algún juicio de valor, cuesta entender por qué un compositor académico debe estar incluido en esta galería de encuentros de supuestos bandos en conflicto.

Cuando se cumplió un siglo del nacimiento de Gershwin, en 1998, salvo un único concierto de la Filarmónica de Buenos Aires, en nuestro medio ningún emprendimiento clásico lo tomó en cuenta seriamente como músico por homenajear. Dos son las razones principales por las cuales todavía no es aceptado como un par de Haydn o de Bartok, y ninguna de ellas tiene que ver con valores artísticos. Por un lado, en su lenguaje entraron de manera poderosa, distintiva y esencial elementos provenientes de la música popular afronorteamericana, para cierto conservadurismo, demasiado ajenos. Por otra parte, los intérpretes de jazz se apropiaron de sus obras, a través de otras lecturas, hasta lograr apartarlo del mundo clásico cuando, en realidad, el compositor nacido en Brooklyn, más allá de su brillante trabajo creativo para el teatro musical neoyorquino, jamás dejó de sentir que su marco de pertenencia era, precisamente, el de la música escrita.

Para confirmar la identidad académica de Gershwin habría que recordar que "Summertime", su obra más conocida e interpretada, no es un tema popular, recreado de infinitas maneras diferentes por cuanto músico de jazz se precie de tal, sino una canción de cuna que Clara le canta a su bebe en el comienzo de la ópera "Porgy and Bess", técnicamente hablando, una estricta aria estrófica.

Salvando todas las distancias, considerar a Gershwin como un músico popular es como si dentro de este campo cultural ubicáramos al Ginastera de los comienzos, aquel joven compositor nacionalista que en sus obras incluía giros melódicos, armonías y pautas de danzas de la música rural argentina.

Con todo, bienvenido sea este malentendido casi eterno que así da pie a que podamos disfrutar de una noche íntegramente dedicada a su música en el Colón. Con la dirección de Pedro Ignacio Calderón y con la participación de Ralph Votapek, un verdadero especialista, la Sinfónica tocará hoy la "Obertura cubana", el "Concierto para piano y orquesta en Fa mayor", la "Rapsodia en blue" y, por último, "Un americano en París". Lo que será un misterio, o quizá no tanto, es saber si aquellos públicos que acudieron por primera vez al Colón atraídos por artistas populares se verán llamados a volver al teatro de la calle Libertad. O si los melómanos demasiado tradicionales seguirán dándole la espalda a un compositor admirable y que ha dejado obras sumamente dignas, como las que se podrán escuchar hoy, a partir de las 20.30.

Pablo Kohan

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