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Sexto premio

Ventajas y desventajas de la globalización

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María Elisa Schpeir
Carrera: Licenciatura en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Santa Fe

 
 

Hasta hace unas pocas décadas, la mayor parte de los intelectuales del planeta creían saber con cierta seguridad hacia dónde se dirigían los destinos de la humanidad. Ya se tratara de intelectuales marxistas como de intelectuales liberales, tanto unos como otros, contaban con ciertas concepciones acerca del desarrollo futuro de la historia humana y además juzgaban que ese desarrollo era éticamente saludable. En la actualidad se ha impuesto la conciencia de nuestro desconocimiento sobre ese futuro y las predicciones que algunos se atreven a esbozar son frecuentemente pesimistas. En la actualidad la mayoría desarrollamos concepciones inciertas y desorientadas.

¿Porqué podemos hablar del desconocimiento sobre nuestro futuro? Los vertiginosos cambios tecnológicos y científicos de las últimas décadas han generado una extrema relativización de las variables tempo-espaciales, metafóricamente hablando el mundo se ha achicado y parece diminuto. El exponencial incremento -tanto cuantitativo como cualitativo- del accionar del hombre sobre la naturaleza lo ha llevado a un dominio otrora insospechado sobre el medio que lo circunda.

Desaparecida la muralla ideológica comunista y con las herramientas a su alcance -léase tecnología aplicada a los medios de comunicación y de intercambio- el capitalismo se expande e impone a escala mundial; vale decir que se ‘globaliza’ y envalentonado por el ‘triunfo’ frente a su antagonista habrá de engendrar un sistema sumamente complejo y en extremo vital para el devenir de la vida del hombre y de la sociedad toda.

Este proceso constituye la tan mentada globalización, vituperada por muchos y alabada por otros, conforme la padezcan o la disfruten.

Esta realidad que sucintamente se describen en los párrafos precedentes no se produce repentinamente, sino que por el contrario, supone un período de maduración en el que se van perfilando las grandes transformaciones acompañadas de una serie de características propias, dentro de las cuales se pueden señalar: La aceleración de la historia, producto del crecimiento veloz de los medios de comunicación, Experiencia de la cultura mediática, las distancias se acortan hasta desaparecer el tiempo, El achicamiento del planeta y la apertura de su conocimiento, La desocialización típica de esta experiencia histórica, nos enfrenta al más crudo individualismo, La irreversibilidad del proceso globalizador, Se manifiesta en un escenario mundial, nadie puede pretender abstraerse de la misma.

De modo tal y teniendo presente que el proceso de globalización -que del mundo se ha adueñado y del que parece más que imposible desligarse-, ha modificado sustancialmente ciertas estructuras políticas, sociales, culturales y económicas, difíciles de imaginar en otros tiempos, hace patente una serie de efectos en la vida cotidiana del hombre contemporáneo.

Dentro de este marco se puede ubicar un problema central, ligado directamente con el irreversible proceso globalizador.

Para percatarnos del mismo no se requiere un pormenorizado análisis económico-sociológico, ni mucho menos filosófico de la realidad que nos circunda, basta con sólo observar con ojos críticos y objetivos a nuestro alrededor.

El problema al que nos referimos es el de la extenuación de las estructuras, procedimientos e ideologías que se crearon para un momento histórico determinado, del cual no queda ni una brizna.

Estamos en presencia de una nueva realidad o de una “nueva civilización” conforme la expresión de Alvin Toffler. En la misma encontramos nuevas formas de trabajar, distintos estilos familiares, nuevos conflictos políticos y económicos, exigencias que desafían todo lo hasta ahora conocido.

El fin del mundo bipolar tras los acontecimientos de 1989, con la consabida proliferación de nuevas democracias, pero también de nuevos conflictos étnicos, es la primera gran transformación. Pero no le van a la zaga la consiguiente apertura e internacionalización de los mercados financieros y el crecimiento exponencial de la sociedad de la información.

¿De qué globalización hablamos?

La globalización ha pasado a ser un término de moda y nadie, al parecer, sabe muy bien de qué se trata, aunque todo el mundo hable de ella.

Por dondequiera, el término globalización hace de las suyas: ya sea desde la ética, pasando por la política y hasta llegar a la economía o la antropología.

Indudablemente, el término globalización posee una fuerte connotación económica, pero hoy su noción excede con creces tal ámbito.

Resulta casi imposible definir la globalización, cuanto más se la podrá caracterizar, aludiendo a sus notas distintivas fundamentales. En este orden de ideas cabe considerar que el modelo globalizado no se consume en lo económico.

Del mismo modo que el fallido marxismo-leninismo y el neoliberalismo capitalista actual, la globalización implica un modo de ser, de existir. Pero a diferencia de aquellos, que son ideologías , la globalización no es tal. La globalización no es una “ideología”, sino un “proceso histórico real” que se da en el marco de la revolución informática y la reestructuración del capitalismo a escala planetaria .

La noción de globalización trasciende toda noción económica y como afirma Alain Touraine, nos impone una concepción de la vida social .

Es irrebatible que la revolución científico-tecnológica ha traído ciertas modificaciones en la vida social contemporánea. Los desarrollos en la telemática, la tecnología informacional, la electrónica, el procesamiento digital, la robotización y automatización de la industria, la aeronáutica y el transporte, han modificado al hombre contemporáneo y le plantea nuevos retos.

Tiene lugar un proceso de internacionalización de la ciencia, la tecnología, la economía y la cultura, generador de una mundialización e interdependencias como nunca antes. Esta vorágine de ‘planetarización’ , cual cambio civilizatorio, arrastra elementos positivos y negativos, oportunidades y riesgos, ventajas y perjuicios.

¿Qué cambios debemos enfrentar?

La modernización económica convive contradictoriamente con la exclusión social de amplios sectores que se traduce en el continuo alargamiento y profundización de la brecha entre ricos y pobres, ahora no sólo en el sentido tradicional Norte-Sur, o dentro de los países del tercer mundo, sino en el seno de los estados más desarrollados . Esta realidad no la pueden callar ni siquiera sus propugnadores, así Francis Fukuyama admite que “...la democracia liberal, (...), continúa reconociendo desigualmente a personas iguales...” . La desigualdad y desnivel de distribución de la riqueza se acentúa en los países del sur, pertenecientes a la órbita del sistema capitalista mundial, sin obviar que en el propio norte superdesarrollado y postindustrial hay un ‘sur’ de pobreza

Los Estados-Nación se ven drásticamente limitados en su capacidad de acción, parece que la economía se ha puesto por sobre la política a la hora de la toma de decisiones. Los economistas ocupan el lugar de los políticos. Éstos no se preocupan por transformar la realidad, según el concepto tradicional de la acción política, sino sólo ‘gestionar la crisis’. No hay más políticos sino sólo economistas, por una parte y gestores, por otra. Como dice Samir Amín: “...Los poderes establecidos están preocupados sobre todo y en primer lugar, aquí y allá, en Estados Unidos, en Europa, en el Este y la antigua Unión Soviética, en América Latina, en África y en Oriente Medio, por la gestión de la crisis política, si bien ésta ha sido provocada por la crisis económica...” .

En otras palabras, una de las consecuencias de la globalización es el distanciamiento de las esferas económica, política y cultural. Los Estados han perdido en alguna medida la capacidad de gobernar políticamente las esferas de la globalización económica y mundialización del capital. El desafío de los gobiernos es intentar gobernar a tales esferas, las que si bien se desarrollan en un mismo contexto actúan autónomamente .

Amén de lo hasta aquí reseñado y escrutando aun más la realidad, existe otra problemática aludida con otro fenómeno universal y que de algún modo da sustento y una mínima explicación lógica a los descriptos en un primer momento, me refiero a la valoración amoral y absoluta del dinero y que hace del hombre, al decir de Lindgren Alves un mero “...homo oeconomicus individualista...” .

Como se podrá apreciar, el escenario que se configura en este inicio de siglo es conflictivo y en él se patentizan realidades que se ubican en las antípodas una de otra.

“...Nos hallamos en el tiempo del paréntesis entre dos eras: la correspondiente a la sociedad industrial, que concluye, y otra nueva que viene a reemplazarla...” . Esta situación nos planta frente a un desafío ineludible ya que la incesante transformación de la realidad parecería tenernos permanentemente atrapados entre la agonía de las viejas concepciones que luchan por sobrevivir y el doloroso proceso de nacimiento de aquellas otras llamadas a generar una nueva exégesis del presente .

En un ámbito tal de turbulencia e incertidumbre, es necesario abrir un espacio de reflexión que nos permita mantener una perspectiva global de los problemas que hoy son globales y que afectan a todos y cada uno de los que formamos parte de este mundo .

Hoy nos encontramos ante un espectacular avance protagonizado por la innovación tecnológica, tanto en el campo de la industria como en el de la biotecnología aplicada a la agricultura, en el de los servicios informatizados, etc . Baste tener presente que uno de los fenómenos más importante de nuestro siglo es indudablemente el desarrollo y avance de la tecnología, esto es, de la capacitación, los conocimientos científicos y los procedimientos que, aplicados al sistema de producción económico, permiten al hombre obtener bienes y servicios útiles en una cantidad y calidad sorprendente.

“...Los cambios políticos y tecnológicos que sacuden al mundo están generando transformaciones importantes en la industria, semejantes a los de las revoluciones industriales de los siglos XVIII y XIX...” .

Debido a la importancia y magnitud que estos cambios tecnológicos produjeron en la esfera económica, social y laboral, se señala que a partir de la década del ´70 y sobre todo de los años ´80, el mundo ha ingresado en una nueva era a la cual se suele denominar comúnmente como ‘revolución tecnológica’, la cual fuera proféticamente anunciada con absoluta erudición por Alvin Toffler a principio de los ’80 y a la que llamó: ‘tercera ola’ .

Esta etapa, llamada también era de la información, segunda revolución industrial o revolución científico-tecnológica, está enmarcada por dos hitos esenciales: la aparición del computador electrónico en 1945 y el surgimiento del microcomputador en 1971.

En cada una de estas etapas el ser humano ha configurado una cosmovisión y una cultura, con sus valores, sus requerimientos de capacidades y destrezas, sus instituciones sociales y políticas, sus ideales, sus modelos educativos y, por tanto, también con sus paradigmas pedagógicos.

En un par de décadas se amalgama un proceso fenomenal de desarrollo de conocimiento humano. Nuevas disciplinas dan lugar a nuevos conocimientos que impactan en la producción de bienes y servicios, en la calidad de vida, en las comunicaciones e incluso en las distintas líneas de pensamiento y por lo tanto en la política.

Globalización v. Capitalismo... más desafíos

Desde un punto de vista limitadamente económico, la globalización y el capitalismo combinan conformando un mercado mundial en el que circulan libremente los capitales financiero, comercial y productivo. El énfasis, lo realmente decisivo, estaría en la libre movilidad de los capitales , al respecto enseña Víctor Massuh -ex representante argentino en la UNESCO- que con la globalización nace un capitalismo electrónico que tiene alas y se detiene un instante donde resulta necesario y lucrativo, luego sigue su vuelo .

Mientras para algunos la tendencia es hacia la construcción del Estado mundial, para otros lo que tiende a imponerse es una ‘sociedad empresarial’ . En ella las políticas económicas estatales cuentan cada vez menos y las realidades se imponen contra todas las teorías económicas.

En el análisis, hay quienes valiéndose de metáforas, señalan que la globalización capitalista denota una guerra mundial . Esta guerra se formó durante cuatro décadas después de la Segunda Guerra Mundial, escondida tras toda una serie de contradicciones secundarias vinculadas a la Guerra fría y el conflicto Este-Oeste. Se incubó con el desarrollo de nuevas tecnologías y la faz cambiante de la producción y la actividad laboral y con el desarrollo del capital transnacional. Las primeras descargas datan de principios de la década de los ‘80 cuando las fracciones clasistas que representaban al capital transnacional lograron el control efectivo de los aparatos estatales del norte y comenzaron a captar esos aparatos en el sur .

Esta guerra prosiguió con la liberación del capital transnacional de todo constreñimiento a su actividad global que se produjo con la desaparición del antiguo bloque soviético y con el creciente logro de movilidad global y de acceso a todos los rincones del mundo por parte del capital.

Es dable señalar que no comparto las apreciaciones vertidas de considerar -aunque más no sea, metafóricamente- a la globalización como una guerra, ya que ello supone realizar un juicio de valor con una fuerte connotación negativa de la globalización, cuando estimo que la misma es neutra y carece en sí misma de valor, sea negativo, sea positivo.

La globalización no debe, ni puede ser calificada axiológicamente. Es un esfuerzo inútil y sobre todo innecesario para la comprensión del fenómeno. Esto significa que la globalización no es ni buena, ni mala, ni agradable o desagradable.

Los efectos de la globalización podrán tener y tienen, ineludiblemente, signos valorativos diferentes y variables, pero carece de valoración en sí misma. Sus efectos, que son múltiples y variados, tendrán el signo que le otorgue el ámbito de la realidad humana que recibe ese impacto.

Los efectos de la globalización son totalmente distintos en los estados de derecho contemporáneos, de acuerdo a la consistencia institucional de cada uno de ellos. Y también en relación directa a la capacidad económica, financiera y sobre todo tecnológica de las comunidades humanas organizadas a la manera mentada, donde se produzcan los efectos de la franja globalizada que se analice. Así también habrá que evaluar la consistencia de las ideologías culturales y religiosas que puedan o no señorear en esa sociedad humana .

El desafío consiste en no ser apocalíptico ni cautivador y atento a que la globalización es un proceso, no tanto consumado como un proceso en marcha, es necesario reflexionar y apostar a la posibilidad de alterar su curso, no para detenerlo -por cuanto el mismo es irreversible-, pero sí para darle un nuevo norte. .

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