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Disminuyen las emergencias escolares

Metegol, balero y rayuela, aliados para alejar la violencia de los recreos

Cultura

Con el desarrollo de juegos tranquilos y recreativos en el patio, dos escuelas logran evitar accidentes

Empujones, choques, torceduras, caídas fuertes... No, no se trata de un partido de fútbol ni de cualquier otro deporte de alta competición. Son las consecuencias del constante aumento de la violencia a la hora del recreo. Por eso, para evitar que esos diez minutos entre horas de clases sigan convirtiéndose en frecuentes dolores de cabeza, los docentes de dos escuelas públicas de la provincia de Buenos Aires idearon las juegotecas . Y los chicos aceptaron la propuesta encantados.

En rigor, se trata de reciclar objetos, traer juguetes de sus casas y realizar colectas para comprar otros juegos más tranquilos. La iniciativa ayudó a reducir drásticamente los accidentes y juegos violentos en los recreos.

En la escuela EGB N° 19 de Laferrére, por ejemplo, la profesora Rosa Velázquez organizó y capacitó a los alumnos más grandes para ser gestores de este espacio. Luego, entre todos armaron la juegoteca. Durante varios fines de semana los chicos se acercaron al colegio para pintar en el patio una pista de carreras de autos, dameros y rayuelas.

En el otro establecimiento, la EGB N° 21 de Ituzaingó, los propios alumnos de 3er grado idearon el proyecto de juegos tranquilos y armaron con maderas y cartones baleros y otros objetos. La supervisión del proyecto corre por cuenta de los profesores.

El propósito fue el mismo que en el establecimiento de Laferrére: contrarrestar la violencia que se vivía en los ratos libres. "Si antes debíamos llamar veinte veces a la ambulancia, ahora sólo ocurre una o dos veces al año", comenta Roxana Paulik, docente de 6° grado.

La transformación del patio

En la EGB N° 19, cuando suena el timbre, los alumnos de 6° grado sacan un pupitre al patio. Allí exponen los elásticos, sogas, cartas, damas, ludos, metegol, palitos chinos. Una avalancha de chiquitos corre hacia los pupitres, hace colas y realiza sus pedidos.

"Por favor, el metegol para mí", grita uno. "Nosotros queremos las damas", dicen dos chicas de 5° grado.

"Salgo corriendo de la clase para llegar primero y pedir la soga", dice a LA NACION Erica Carbajal, de 4° grado. Para Belén Godoy y Eliana Fernández no hay como los palitos chinos. "Es el juego más divertido; hay que concentrarse mucho", asegura Eliana, de 4° grado.

Los mayores reparten juguetes y un cartón con una letra (completan todo el abecedario). Ambos deben ser devueltos diez minutos más tarde, cuando toca el timbre para volver a clase. Así, los chicos más grandes controlan que estén todas las letras y hacen una rápida revisión del estado de los juguetes recién devueltos.

"En general los cuidan. Lo que pasa es que se matan por el metegol y sólo tenemos dos para darles", comenta Leandro Macarone, de 6° grado, uno de los juegotecarios .

"Se nota que hay menos peleas en los recreos, porque aunque la mayoría pida el metegol, hay miles de otros juegos para ofrecer. Antes esto era un desierto. Ahora, todos pueden pedir algún juego y es divertido -dice Facundo Aguirre, otro de los encargados-. Lo bueno es, también, que vamos conociendo a todos los chicos de la escuela."

Para la profesora Velázquez, estos juegotecarios realizan su tarea con responsabilidad. "A veces nos piden ayuda con algunos chicos que descuidan los juguetes o se olvidan de devolverlos -comenta-. Se sienten responsables y útiles. Este proyecto les hizo acrecentar su autoestima. Y les ayuda a respetar las reglas de un juego, lo cual es valioso para desempeñarse socialmente en cualquier ámbito."

Para los chicos, el nuevo sistema es una fiesta. Además de recreativo el proyecto apunta a fortalecer lo didáctico. Por eso, en la escuela de Laferrére crearon el bowling matemático, con botellas de plástico numeradas que hacen las veces de bolos. Así, los jugadores deben ir sumando o multiplicando muy rápidamente las botellas que voltean con la pelota.

El nuevo programa dio sus resultados. Según la vicedirectora Alba Basso, en este año se redujeron en un 30% los accidentes escolares. Además, se perciben conductas de apoyo de los alumnos más grandes a los más pequeños y mejoró el trabajo en equipo. "Este tipo de recreación ayudó a estimular la imaginación, a aprender a compartir. Es una forma didáctica de descansar", dice.

Para Roxana Paulik, de la escuela N° 21 de Ituzaingó, los chicos ahora entran en el aula más tranquilos. "Es más fácil que se concentren cuando comienza la clase", explica.

Otra ventaja, a su juicio, es que bajó la discriminación hacia los chicos nuevos, que cada vez son más. "Se integran con mayor facilidad en los recreos", explica.

Y ni hablar de cuán estimulados se sienten los estudiantes de ambos institutos con los diversos campeonatos que ellos mismos organizan: damas, basquet, truco... todos sirven para competir mientras se entrenan durante el recreo.

Nuevo paisaje

Alba Basso, de la EGB Nº 19, explica que antes, como los chicos no tenían nada que hacer, se aburrían y en los recreos empezaban a empujarse y a disputar el poder entre ellos.

Pero lo que se ve hoy en los minutos de recreación son rondas de ocho o diez chicos saltando a la soga por un lado. Por otro, chicos jugando a las cartas, al metegol, tirando palitos chinos al piso, haciendo rodar la pelota de bowling. Diversidad de propuestas. Y esto no es un dato menor para estos chicos humildes que cuentan con pocas posibilidades u ofertas de juegos en sus hogares y barrios. .

Por Agustina Lanusse De la Redacción de LA NACION
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