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Bach, interpretado con alto nivel

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7 de julio de 2002  

"La Pasión según San Juan", de Bach. Solistas: María Bisso, soprano; Bernarda Fink, mezzosoprano; Gerd Türk, tenor (el Evangelista); Makoto Sakurada, tenor; Marcos Fink, barítono (Jesús); Víctor Torres, bajo-barítono. Camerata Bariloche, con músicos invitados; Grupo de Canto Coral. Dirección: Mario Videla. Festivales Musicales. Teatro Colón.

Nuestra opinión: Muy bueno

Cuando la situación general va acostumbrando a la población a rutinas y a paisajes cotidianos desde profundamente dolorosos hasta desalentadores, y cuando la desazón colectiva y las aprehensiones de un país "fundido y quebrado" se traducen en rostros y desesperanzas sin dobles lecturas posibles, Festivales Musicales, entre varios más, continúa aportando respiros necesarios con conciertos de muy buen nivel y demostrando, desde el trabajo cultural, que hay otras alternativas y otros panoramas.

"La Pasión según San Juan" ofrecida en el Colón anteanoche tuvo apenas algunos pasajes en los cuales la excelencia dio paso a ciertas rugosidades. Este fresco monumental, eterno y un poco injustamente ubicado a la sombra de su hermana mayor, "La Pasión según San Mateo", gozó de una lectura sin ambigüedades estilísticas y con pasajes de altísimo nivel, sobre todo cuando los involucrados fueron Gerd Türk y los dos barítonos.

Desde el podio, sin batuta y, como siempre, con un teclado frente a él, en este caso un órgano portátil, Mario Videla dirigió la obra con conocimientos y profundos convencimientos, aunque con una gestualidad un tanto difusa o, al menos, poco precisa. Afortunadamente, contó con la colaboración y el oficio de la siempre eficiente Camerata Bariloche, un ensamble con historia y con futuro, ampliado con vientos y un trío de viola da gamba, tiorba y órgano, para la realización del continuo, y del muy bien preparado Grupo de Canto Coral, que, entre sus filas, arrinconado en un borde, tuvo como cantante agregado a su director, Néstor Andrenacci.

Lección de canto

Sin embargo, fue el grupo de solistas el que estableció las diferencias. Sin ninguna duda, fue Gerd Türk la gran personalidad musical de la noche. Este brillante y prestigioso tenor alemán, cuya presencia en nuestro muy devaluado medio -término que debe ser tomado exclusivamente en sus aspectos económicos- revela, además, que la solidaridad y la buena voluntad deben agregarse a sus amplísimos méritos musicales. Dando una verdadera lección de canto y teatralidad vocal, Türk asumió el papel del Evangelista con una maestría notable.

Es difícil imaginar una mejor interpretación de los recitativos complicados, dramáticos y musicalmente impecables que Bach trazó para que el Evangelista narrara los sucesos y diera el marco apropiado para la introducción de cada uno de los personajes. Con una voz mayormente desprovista de vibrato, sin baches de ningún tipo en toda su amplitud y una afinación que no sufrió la más mínima vacilación frente a las extrañísimas progresiones armónicas y algunos intervalos de dificultad suprema para su entonación, Türk, además, agregó una actitud teatral infrecuente. Con múltiples colores, inflexiones vocales, respiraciones sutiles y recursos infinitos, relató magistralmente cada una de las situaciones que rodean a la Pasión y Muerte de Jesucristo. Acostumbrados a buscar dentro de la ópera a los mejores cantantes de una temporada, llegado el momento, no habrá que olvidar a Türk, un gran músico que no protagoniza Tristanes u Otellos, sino que despliega su arte dentro de la música barroca.

Cantantes en gran nivel

En un gran nivel también se presentaron Marcos Fink y Víctor Torres, el primero, con solidez y profundidad, en el papel de Jesús, y Torres, como Pilatos, o asumiendo las arias para bajo sobre los textos agregados que comentan la acción bíblica. Bernarda Fink exhibió su musicalidad en "Es ist vollbracht", un aria conmovedora que tuvo una realización admirable. La soprano María Bisso, más allá de su buena voz y su correcta afinación, a diferencia de sus colegas, cantó con una actitud mucho más propia de alguna ópera mozartiana, con una expansión ajena a una Pasión de emociones profundas, pero de expresividades cuidadamente barrocas. Por último, el tenor japonés Makoto Sakurada sufrió un percance vocal apenas comenzó su segunda aria, lo que deslució su actuación, aunque, menester es afirmarlo, su voz demasiado enérgica y un tanto metálica no pareció la más atractiva ni la más apropiada.

La noche concluyó con un coro agregado en los palcos para reforzar el último coral, "Ach Herr, lass dein lieb Engelein". Después vinieron los aplausos y las ovaciones de agradecimiento por una muy buena noche.

Con todo, más allá de Gerd Türk, de la emoción y del reconocimiento por una muy loable presentación de la Pasión por un elenco casi todo argentino, quedó flotando en la memoria el último coro, "Ruht wohl", con el motivo descendente con el cual Bach ilustra musicalmente la muerte de Jesús. Porque, aun a riesgo de ser redundantes y poco originales, e independientemente de las buenas interpretaciones, nunca hay que olvidar ponderar a Bach, el responsable primero y principal de las bellezas de cada una de sus obras.

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