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Olivos, dueño de los aciertos

Se mostró sólido y aprovechó los gruesos errores de Alumni para imponerse por 34 a 13 y seguir entre los de arriba

Domingo 04 de agosto de 2002
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LA NACION

Gritó fuerte Olivos. No todos los días se le gana a un campeón, aunque este alicaído Alumni parezca haber olvidado la regularidad de tiempos no tan lejanos. Pura concentración, con la tercera línea como muralla infranqueable y la capacidad de aprovechamiento de involuntarias gentilezas ajenas, Olivos terminó por colorear una victoria estirada (34-13, tal vez más de lo que se percibió) e importantísima en la carrera final hacia el título.

Olivos desembarcó en Tortuguitas con la misión de moverse en territorio rival. Lo consiguió de entrada y forzó errores que la pegada de Raymaekers se encargó de convertir en cifras. Sin dejarles demasiados resquicios a los lujos, el visitante mantuvo a raya a Alumni hasta la media hora. Los diez minutos siguientes significaron una peligrosa licencia para el dominio de Olivos. Los locales abrieron los ojos y llegaron al try: penetró Ardanaz, empujó Avalos y apoyó el movedizo Lamas. Encima, al Pato Misson se le cayó la pelota cuando se aprestaba a anotar la segunda conquista.

Convencidos de que el dominio del comienzo no fue casualidad, Olivos se perjuró en el descanso retomar el gobierno del partido. Y lo ayudó una mezcla de avivada propia y siesta del rival: Pena jugó rápido un line y Denevi corrió al try mientras los jugadores de Alumni miraban esperando quién sabe qué.

Santos ponía el cuerpo para liderar la empresa defensiva de Olivos y Raymaekers aportaba un penal de tanto en tanto. Pero llegó un momento crucial. Alumni, que ayer sufrió la imprecisión del Chino Van der Ghote en los envíos a los palos, se quedó con un hombre menos tras la amonestación del uruguayo Lamelas. E inmediatamente Olivos aplicó una estocada letal. Denevi (¡cuándo no!) manejó perfectamente la pelota y lo dejó solo a Branchesi para anotar.

Ya hecho un fantasma, Alumni se arrojó hacia adelante para forzar un festejo, pero fue contraproducente. Porque volvió a equivocarse y Olivos ya estaba agrandadísimo: Pena interceptó un pase y corrió toda la cancha para desatar el delirio final.

Oportunista y sólido en casi todo el encuentro, Olivos ya no se siente un intruso entre los que discuten el título.

Uranga espera más

Hacían fila para felicitarlo a Martín Uranga, uno de los entrenadores de Olivos. Pero el coach se mostró precavido: “Ganamos un gran partido. Hay un mayor equilibrio entre los forwards y los backs, pero de los últimos espero mucho más”, señaló.

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