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Entrelíneas

El suspiro final de las telenovelas

Espectáculos

Un paso en falso que la TV no evita son los últimos episodios de los culebrones

Todo tiene un final. Todo termina. Con los últimos días de noviembre llegaron las escenas finales de tres importantes programas diarios de ficción: "Chiquititas", "Verano del ´98" y "Primicias". Los tres en situaciones muy distintas. "Verano del ´98" cerró un ciclo de tres temporadas en las que cambió de horarios, de temáticas, pero no estuvo nunca falto de ese éxito que es el rating. "Primicias", por el contrario, terminó en su único año, largo por cierto ya que comenzó en el verano para reemplazar a "Campeones" durante la temporada estival y se quedó hasta anteayer en el horario de las diez de la noche, compitiendo con "Buenos vecinos" y "Los buscas". "Chiquititas" terminó su sexta temporada, pero seguramente volverá el año próximo a ocupar el protagonismo de las tardes de Telefé.

Si algo tienen en común los finales de todas las telenovelas y telecomedias es que terminan dejando cierto gusto de frustración hasta en sus más complacientes seguidores. Tal vez porque los programas que duran tanto tiempo y que son capaces de estirar un primer beso durante meses terminan con todos los personajes casándose, teniendo hijos o haciendo fortunas precipitadamente, en menos de una hora, con comerciales incluidos. O tal vez porque esos finales donde se resuelven todas las historias se contradicen con el intento naturalista de los programas diarios que intentan parecerse a la vida. Y ya se sabe que en la vida no existe un día en el que se terminen los problemas de todo el mundo.

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Por eso quizás el final menos disonante de los tres programas haya sido el de "Chiquititas". Luz se quedó con el fantasma Rafael, cada chica adolescente quedó con su respectivo novio y los más chiquititos fueron todos felices. Lo que a lo largo de toda la temporada se planteó como un cuento de hadas aggiornado tuvo su final coherente. Mucho mejor, por cierto, que la temporada anterior, en la que los últimos capitulos fueron de una crueldad injustificada, con chicos encerrados en una especie de cárcel y con unas últimas escenas de escape hacia la libertad que eran una mezcla de las imágenes campestres de "La novicia rebelde" con el espíritu de la huida de "El año que vivimos en peligro".

El final fue mejor que el comienzo de temporada. Como de un año a otro cambiaron los protagonistas y se fueron Darío Grandinetti, Grecia Colmenares y Marcela Klosterboer, a los guionistas no se les ocurrió mejor idea que comenzar esta temporada matándolos en un accidente. Seguramente el año que viene no van a continuar los actores adultos de este ciclo, por lo que sería conveniente justificar las ausencias con alguna idea más ingeniosa y menos traumática para los chicos que siguen la historia.

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A primera vista, nada parece más alejado de la trama de "Primicias" que "Verano del ´98". Y, sin embargo, los dos programas eligieron la misma estructura argumental para terminar su temporada: una fiesta que ocurre unos años después del desarrollo de los conflictos. Una casualidad que habla más de la falta de ingenio que de un espíritu de época o de un estilo dramático de moda.

Tanto "Verano del ´98" como "Primicias" eligieron el final de cuento de hadas tan acorde a "Chiquititas", inverosímil en tiras de propuesta más adulta. Las muertes injustificadas que poblaron sus historias (generalmente relacionadas con actores que debían irse por cuestiones contractuales), las crueldades y las injusticias, fueron desechadas a favor del amor, del nacimiento de niños en casi toda pareja en edad de concebir y la idea de que haga lo que haga uno en la vida todo termina en una gran fiesta o, al menos, en un buen asado.

En ambas telenovelas también llegó el claro día de justicia: la malísima de "Verano del Ô98" (la siempre efectiva Rita Cortese), que además de mala era corrupta, terminó en la cárcel. A los periodistas de "Primicias" les llegó la indemnización por los despidos con el cierre del multimedios. Seguramente el final de la línea argumental estaba pensado desde hace varios meses, pero no habrá causado mucha gracia a los responsables del grupo.

En ninguna de las dos historias hubo sorpresas o espacio para un diálogo ingenioso (más allá de un chiste privado entre algunos personajes de "Primicias" que remitía a "Gasoleros"). Algo bastante coherente con el desarrollo que tuvieron a lo largo del año. Una falta de ideas que hace extrañar esos últimos capítulos de las telenovelas de Alberto Migré, como "Piel naranja", donde las historias tenían un final de gran fuerza dramática y no una mera enumeración. Es la diferencia entre narrar una historia y decirla.

Que el público disfrute de la reposición de "Los Simpsons" (que nunca defraudan), del desarrollo de "Yo soy Betty, la fea", y de los comienzos de "Ilusiones". Tarde o temprano les llegará el final abrupto. Con suerte, Bart Simpson no sentará cabeza, no tendrá hijos y no se mudará al Medio Oeste norteamericano para poner un negocio de comidas rápidas. .

Por Sergio S. Olguín
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