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Para escaparle a la crisis

Los diseñadores jóvenes que exportan

Información general

Venden desde exclusivos muebles de aluminio hasta lámparas; una tendencia que va en crecimiento

Hoy, los diseñadores argentinos son muchos, jóvenes, y se asegura que también talentosos. Es más, hasta encontraron una veta positiva para tanta crisis y devaluación. Decidieron convertir sus creaciones -a veces casi artesanales- en producciones de pequeña o mediana escala, y comenzar a exportar.

Fernando Poggio, por ejemplo, diseña objetos y muebles en aluminio que desde hace poco también se pueden comprar en Estados Unidos o Canadá. Daniel Vaca produce cerámicas diseñadas que ya se exportaron a Brasil, Chile, Uruguay y Estados Unidos.

Al mismo tiempo que el precio del dólar se convirtió en la obsesión de miles de argentinos, surgió para los diseñadores la oportunidad de elaborar presupuestos que resultan baratos para los extranjeros, que pagan en dólares lo que compran.

"Cuando en diciembre se disparó la crisis, se incrementó notablemente la cantidad de gente que se acercó interesada en producir y exportar", explicó a LA NACION Adrián Lebendiker, coordinador del Centro Metropolitano de Diseño, dependiente de la Secretaría de Desarrollo Económico de la ciudad de Buenos Aires.

Con esa afirmación coincide Marcelo Elizondo, director de la Fundación Exportar, una institución que desde 1993 asesora a quienes buscan mercados fuera de la Argentina. "A partir de diciembre el número de consultas se triplicó. Pasamos de 700 a 2500 por mes", dice Elizondo.

"La Argentina es uno de los países con mayor índice de emprendedores jóvenes del mundo", continúa Elizondo. "Hoy eso se está reflejando en las exportaciones. Las que están creciendo son aquellas que tiene un alto valor agregado, como el diseño y el desarrollo de software. Justamente, rubros no tradicionales donde los jóvenes se destacan."

Por dónde empezar

La cuestión, sin embargo, no es tan sencilla como parece. "Poco a poco los diseñadores comenzaron a entender que el proceso no es tan simple: hay mucho que aprender y muchos requisitos por cumplir", dice Lebendiker.

Uno de los principales objetivos del Centro Metropolitano de Diseño, que comenzó a funcionar en diciembre del año último, es brindar asistencia a quienes encaran estos microemprendimientos. Desde esa dependencia se pone énfasis en las principales fallas y necesidades de los emprendedores que, generalmente, están relacionadas con el contacto con los proveedores y talleres, la obtención de créditos, la difusión de los productos por medio de diversos eventos y el asesoramiento en temas contables, financieros y productivos.

"Lo que proponemos es la producción de bienes con un alto valor agregado. Es decir, artículos que resulten casi exclusivos, pero que, a la vez, puedan tener una producción a escala industrial y satisfagan tanto el mercado externo como el mercado interno", explica Lebendiker.

"Existe todo un proceso de aprendizaje antes de comenzar a exportar. Además de realizar un estudio de mercado para detectar potenciales clientes es necesario tener una capacidad de producción que permita mantener la calidad del producto", completa Elizondo. "Y no sólo eso, es necesario tener una producción sostenida. Si el mercado interno mejora, no se puede abandonar el externo, porque ése es el camino para no exportar nunca más", concluye.

A pesar de que la fundación no otorga créditos, sí tiene diversos programas. Uno de ellos tiene como objetivo que distintos microemprendimientos se agrupen y así logren solucionar los problemas que por sí mismos serían imposibles de resolver. Otro, apunta a conectar aquellos proyectos de exportación viables con distintas instituciones que pueden hacer aportes de capital.

" Hacer del diseño un negocio redituable" . Esa es una de las ideas que unen a Ana Manghi, Fernando Poggio y Magdalena Boggiano. Otra característica común es que los tres son diseñadores, los tres son jóvenes (ninguno supera los 35) y, días atrás, viajaron a Francfort, Alemania, para participar por primera vez de una feria internacional de artículos de consumo y diseño y, de paso, buscar clientes por el mundo.

De ellos tres, sólo Fernando tiene experiencia exportando. Hace diez años comenzó a diseñar muebles y objetos en aluminio, hasta que desarrolló una cantidad de productos suficiente como para abrir su primer local, que desde hace dos años funciona en la Galería de Diseñadores del Bajo (Florida 971).

"Creo que hoy la única salida es vender afuera. Yo empecé el año pasado, compitiendo a precios internacionales", dice. ¿Qué exportaba? "Distintas líneas de artículos. A Canadá vendí 250 carpetas por 5000 dólares. También hice ventas a Miami, para regalos empresariales. Fueron varias partidas por 3000 dólares cada una", enumera.

Fernando viajó a Alemania con la intención de lograr nuevos clientes. "Ahora, con la variación del cambio, estoy mucho mejor parado", dice.

En diciembre último, Poggio hizo llega hasta allí, junto a Manghi y Boggiano, un portfolio con sus trabajos. "Cuando nos eligieron para participar de la feria, empezó la locura", cuenta Ana, que presentó su línea exclusiva de guardas vitrofusionadas para colocar en paredes, pisos y muebles. "Antes yo trabajaba sola en mi taller. Ahora tuve que aprender sobre registros industriales, patentes, convenios de producción y homologaciones", enuncia.

Para llegar listos a Francfort, cada uno de ellos debió invertir 3000 dólares, financiados por amigos y familiares. "Conseguir una empresa que nos apoyara era muy difícil. Pero la apuesta valió la pena, vendimos e hicimos contactos", dice Ana.

Magdalena coincide: "Lo que estamos haciendo es ciencia ficción. Inventar una empresa, ponerla a producir y pensar en exportar cuando la mitad del país está sin trabajo". Ella, sin auto, celular ni computadora, es la única accionista de Objetos Luminosos, una empresa que fabrica lámparas livianas y emplea a cuatro personas.

Generar un proyecto

Daniel Vaca tiene 34 años. Desde 1990 es uno de los socios de Vapahc. "Hacemos cerámicas diseñadas. Somos una Pyme, y como nuestro producto es más elaborado que las cerámicas tradicionales, puede venderse a un precio más alto", dice.

Daniel ya sabe lo que es exportar: "Empezamos en 1994. Ahora nos unimos a un grupo de pequeños empresarios de la Fundación Exportar, para alcanzar nuevos mercados a los que solos no llegaríamos, como Chile, Uruguay y Estados Unidos. Ahí, nuestras exportaciones oscilan entre los 5000 y los 10.000 dólares por envío". Y agrega: "Exportar no es tan simple".

Fernando sabe de lo que habla Daniel. "Armar una empresa no es nada utópico. Yo ese paso lo di hace un par de años; y hoy, además de crear, tengo que buscar trabajos y pensar en cómo voy a hacer para pagar el alquiler y los sueldos de mis empleados", dice. "Pero es lo que elegí, trabajar por mi cuenta y buscar un crecimiento, que hoy creo que está en vender al exterior", concluye. .

Analía Crivello
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