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Beethoven llegó al barrio

La Orquesta Sinfónica y el Coro Polifónico nacionales iniciaron un ciclo gratuito y solidario en el que tocarán nueve veces la Novena Sinfonía

Miércoles 09 de octubre de 2002

Es probable que para la mayoría de los cantantes del Coro Polifónico Nacional y los instrumentistas de la Orquesta Sinfónica Nacional tocar la Novena Sinfonía de Beethoven sea una bella costumbre que, a lo largo de sus respectivas vidas artísticas, se repetirá decenas de veces.

Para muchas de las alrededor de quinientas personas que se acercaron el miércoles último a la Iglesia Nuestra Señora de Pompeya seguramente no sólo era su primera vez con la célebre obra del compositor alemán, sino frente a una orquesta sinfónica y un coro de estas dimensiones.

A las ocho de la noche de un miércoles pegajoso y lluvioso, y mientras en la Avenida Sáenz el rugido de los colectivos que transportaban de vuelta a casa a los últimos rezagados se hacía ensordecedor, la gente que abarrotó la iglesia ubicada a cuatro cuadras del Puente Alsina hacía silencio para que la Sinfónica Nacional comience el ritual del concierto, afinando sus instrumentos.

Panorámica del concierto brindado en la iglesia de Nuestra Señora de Pompeya
Panorámica del concierto brindado en la iglesia de Nuestra Señora de Pompeya. Foto: Miguel Méndez

Una hora y diez minutos más tarde, después de cuatro movimientos, el último de los cuales incluye al coro y a cuatro solistas vocales interpretando la famosa "Oda a la alegría", la ovación de pie surgió -espontánea y conmocionante-, para los músicos que fueron dirigidos en esta oportunidad por Andrés Spiller.

No podía ser mejor comienzo para el ciclo solidario emprendido por estas dos agrupaciones dependientes de la Dirección Nacional de Artes y de la Secretaría de Cultura de la Nación. Con el título de "Nueve Novenas solidarias", la Sinfónica Nacional y el Coro Polifónico se propusieron ofrecer la célebre obra de Beethoven en diferentes salas e iglesias de los barrios porteños y el conurbano porteño con un doble fin: conseguir alimentos no perecederos para diversas entidades de beneficencia y, también, llevar la música clásica a lugares donde casi nunca está de cuerpo presente.

La exitosa respuesta del público es doble si se tiene en cuenta que el concierto en Pompeya sólo contó como promoción barrial con un solitario cartelito pegado en la puerta del santuario y la difusión "boca a boca" de sus párrocos.

Fue de este modo como, por ejemplo, 14 chicos del Hogar Juan XXIII de la localidad de Gerli tuvieron la oportunidad de, por primera vez en la vida, escuchar en vivo a una orquesta. El padre Luis Farías cuenta que le avisaron del concierto en la parroquia vecinal. Los chicos, que empezaron escuchando parados y terminaron sentándose en el piso, se arremolinaron luego para contar lo que les pasó. César llevó la voz cantante: "Estuvo buenísimo, yo sólo había visto un concierto en video, pero nunca así".

Público heterogéneo

Precisamente, lo más auspicioso de la función ofrecida hace siete días fue la heterogeneidad del público que colmó la nave central y la única lateral que tiene la iglesia de Pompeya.

Que el público estaba integrado por una gran mayoría de neófitos se pudo comprobar con los aplausos, espontáneos , que surgieron al finalizar cada uno de los movimientos. Y que también se encontraban unos cuantos frecuentadores de la música clásica, porque comenzaban a chistarles para que esperaran hasta el "final final" de la última sinfónica escrita por Beethoven.

Allí estuvieron los fieles seguidores de la Sinfónica y los que están siempre atentos a la posibilidad de escuchar música clásica con entrada gratuita. Y cerca de casa. Este fue el caso de Carmen Quintans, Niria Morel y Amelia Qurotti, tres señoras oriundas de Avellaneda que, enteradas de la función "escuchando el programa de Magdalena en la radio", aprovecharon la cercanía para llegar hasta Pompeya. "Nos encantó, todos se merecen mucho más que aplausos", aseguró Carmen.

Lo cierto es que fue notable el nivel de atención que se mantuvo y "no sólo en el final, que es el más conocido, sino desde el comienzo mismo", como destacó después del concierto Andrés Spiller, oboista de la Sinfónica, pero que también es el director adjunto (el titular es Pedro Ignacio Calderón, con quien se alternan la batuta en el ciclo gratuito).

"Conmoción" e "impacto" son las dos palabras que más repitió Spiller al referirse a la grata sorpresa que fue para él y los músicos la respuesta del público. Para él, este ciclo les permite "acercanos a gente que no tiene cómo llegar a nuestros conciertos en el Auditorio de Belgrano. Impacta el barrio en sí, que es muy humilde y con gente que no tiene acceso a la cultura, sobre todo si pensamos que muchas veces solamente el traslado puede ser un problema".

Según cuenta Spiller, fue la propia orquesta la que tomó por primera vez esta iniciativa cuando, el 25 de mayo pasado, ofrecieron un primero y exitoso concierto solidario en la iglesia de San José de Flores.

"Desde la Secretaría de Cultura doblaron la apuesta al proponer este ciclo de nueve novenas solidarias", explica. Ahora, la Sinfónica tiene tarea doble: los viernes continúan con sus habituales conciertos en Belgrano y los miércoles tienen por delante siete "Novenas Sinfonías" más y otros conciertos solidarios.

Edgardo Cataruzzi, un experimentado violinista de la Sinfónica -fue el concertino el miércoles último-, es quien se encarga de destacar que, en verdad, se trata recuperar una vieja tradición de la orquesta, que siempre resultó exitosa: "Siempre la respuesta fue espontánea y maravillosa. Como dicen los chicos, se crea una buena onda bárbara, es una cosa conmovedora. Y lo mismo ocurre cuando vamos al interior".

Cataruzzi aporta otra explicación para la buena respuesta del público para estos conciertos "fuera de sede". "La gente que piensa ir a escuchar un concierto en el centro me pregunta: "Maestro, ¿qué traje me tengo que poner?" En este sentido, cuando tocamos en una iglesia, esta barrera se cae: la gente sabe que puede venir como cuando asiste a misa."

El violinista dice que en esta situación muchos "primero vienen a "ver" un concierto. Una vez que ven, comienzan a escuchar y se maravillan de lo que reciben. Y si se trata de una obra como la de Beethoven, no importa el conocimiento previo, se puede recibir mucho. Pasa todas las veces y va a volver a pasar".

La "Novena" de Pompeya fue la segunda del ciclo -la primera fue en el Auditorio de Belgrano-, pero la del debut fuera de sede. Allí, luchando contra la potencia del coro y orquesta, se lucieron los muy buenos cuatro solistas vocales, la soprano Raquel Weinhold, la mezzosoprano Raquel Winica, el tenor Enrique Folger, y el bajo Mario de Salvo, que provienen de las propias filas del Coro Polifónico Nacional, que estuvo preparado por su subdirector, Darío Marchese.

Y si bien es cierto que no todos los ricos detalles y las sutilezas de la orquestación beethoveniana pueden ser apreciados en espacios como la iglesia de Pompeya, lo importante fue el impacto directo y emocional que lograron los músicos.

Hoy, a las 20, Beethoven volverá a escucharse en la basílica del Sagrado Corazón de Barracas. Todo hace presuponer que, con la misma música y músicos mediantes, el milagro volverá a repetirse allí y en los restantes espacios de este bienvenido ciclo.

Martín Liut

Avatares de tocar en un sitio inusual

Tanto Andrés Spiller como Edgardo Cataruzzi son conscientes de que hacer música sinfónica en iglesias no es el ámbito ideal.

Se sabe que el tiempo de reverberación (cuánto tarda el sonido en extinguirse) es demasiado extenso, por la altura de los techos y los materiales duros de las paredes, que reflejan el sonido sin amortiguarlo. Como consecuencia de esto, es muy fácil lograr fortissimos impactantes, tanto como es difícil tocar pasajes rápidos con claridad.

Por eso, en el concierto del miércoles Spiller y los músicos debieron apelar a todo su oficio para disimular los problemas que esto genera.

"Por momentos se hacía una bola de sonido y yo seguía marcando para no perder el rumbo -comenta Spiller entre risas-. Pero lo importante es que la orquesta tocó con la misma concentración o más que en Belgrano. Una vez que estamos ahí, trabajando, lo importante es la obra en sí, la música, sin importar el lugar, y la emoción de tanta respuesta del público", destaca. El orgullo de cuerpo es clave en estos casos, según explica el violinista y concertino de la Sinfónica Edgardo Cataruzzi: "Es muy emocionante tocar aquí, aunque el ámbito no sea el apropiado. Pero esto no trasciende a la gente, porque los músicos se sienten mal si no tocan bien, el deseo es siempre darle lo mejor que se puede". Tal vez por eso la Sinfónica puede hacer gala de un público fiel; algunos los siguieron de su sede habitual, en Belgrano, según dijo Spiller, ya que los reconoció, por sus caras, sentados entre las filas colmadas de la iglesia de Pompeya.

Funciones confirmadas

Hoy, a las 20: Iglesia Sagrado Corazón de Barracas (Vélez Sarsfield 1351). Dirección: Pedro Ignacio Calderón. A beneficio de Caritas.

26 de octubre: Iglesia San Cayetano de Liniers. La Quinta de Beethoven y una obra de Mendelssohn, dirigidos por Calderón.

13 de noviembre: Catedral de Morón.Dirección: Andrés Spiller

Sábado 16 o domingo 17: Basílica de Luján. Dir. Andrés Spiller.

11 de diciembre: Catedral de San Isidro.

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