Ecuador
Un test para el futuro de la dolarización
El sistema puede llegar a otros países
En un continente castigado por los descalabros económicos y casi sin referentes, Ecuador es uno de los países latinoamericanos donde la dolarización ya no es un asunto de debate. La adopción de la divisa norteamericana como moneda oficial, desde septiembre de 2000, es una realidad que hoy estará bajo examen en las mesas de votación. De algún modo, los resultados sellarán el destino de un modelo que puede llegar a otros países de la región.
Con las mismas promesas de estabilidad y control de la inflación, el 1° de enero del 2001 el dólar se convirtió en la moneda de uso legal en El Salvador. Y en mayo del mismo año comenzó a utilizarse en Guatemala. Llamativamente, dos países donde los grupos insurgentes de izquierda, que llamaban a la lucha contra el imperialismo económico, tuvieron una fuerte influencia en años no muy lejanos.
La posible hegemonía del dólar en América latina inició su camino hace un siglo, cuando fue adoptado en Panamá. Posteriormente, el dólar se estableció como moneda en Islas Bermudas, en 1915, y más tarde en Gran Caimán, en 1972.
Los críticos de la dolarización sostienen que los países pierden competitividad, que sus aparatos productivos caen en la recesión y a largo plazo en la quiebra. Además, se considera que afecta la posibilidad de crear bloques económicos subregionales. Para muchos analistas, la dolarización en países latinoamericanos no es más que un paso previo antes de la implementación del ALCA, el mercado común que impulsa Washington en toda América.
Allí donde no se ha establecido, la adopción del modelo se ha convertido en tema de análisis. En la Argentina, el sistema es impulsado por el precandidato Carlos Menem. En Uruguay, la banca privada pidió el año último la dolarización total del sistema económico, y el debate está en pleno desarrollo en Perú, Nicaragua, Colombia y Costa Rica.
Tal como ocurrió con la Argentina en los inicios de la convertibilidad, los ecuatorianos admiten que el crecimiento económico que registró el país el año último alentó las expectativas a futuro del modelo. Pero en un país poblado mayoritariamente por campesinos indígenas, muchos no pierden la nostalgia del sucre cuando ven subir los precios en dólares, no encuentran ofertas de empleo y hasta las papayas que antes producían ahora las ven llegar desde el exterior. .
Juan Castro Olivera