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El desafío de convertir el dolor en experiencia y lección de vida

No se trata sólo de salir adelante; las escuelas buscan darle sentido a la muerte de un alumno

Lunes 11 de noviembre de 2002

Chicos que desaparecen de sus casas. Alumnos que mueren. Estudiantes discriminados. Otros presos por robar.

La durísima realidad que golpea a un gran y creciente número de escuelas por estos días impone nuevos desafíos.

No sólo se trata de cómo sacar adelante un aula jaqueda por una tragedia. También, de capitalizar el dolor para generar nuevos espacios y experiencias que con el tiempo resulten positivas.

Las tragedias, muchas veces, desencadenan la apertura de nuevos espacios de reflexión en los colegios
Las tragedias, muchas veces, desencadenan la apertura de nuevos espacios de reflexión en los colegios. Foto: LA NACION / Jorge Bosch

"Por empezar, uno nunca está preparado para la tragedia. Te toma por sorpresa, y a partir de allí se hace lo que se puede", dice a secas Elba Chaile, la vicedirectora que quedó a cargo de la Escuela N° 39 Fragata Libertad, de Villa Magdalena (Merlo), cuando, hace un mes y medio, la directora y siete alumnos perdieron la vida al desplomarse un puente sobre el río Chubut.

Desde el 19 de septiembre último, todo cambió en el establecimiento. El inspector Juan Carlos Ivaldi, que solía ir de vez en cuando, ahora pasó a ser una figura cotidiana de contención y apoyo a los docentes. El sacerdote de la parroquia aledaña también hace las veces de acompañante espiritual de chicos, padres y profesores.

La tarea diaria también se modificó. No bien ocurrió la tragedia, los docentes incentivaron a los chicos a expresar sus sentimientos -tristeza, angustia, bronca- por medio de afiches, poemas, canciones, que hasta el día de hoy cuelgan de las paredes del precario edificio, ubicado en un callejón de tierra.

"Siempre los vamos a recordar; siempre estarán entre nosotros. Fueron, son y serán nuestros amigos y nuestra directora", reza un afiche. Al costado, una poesía dedicada a los chicos que murieron dice: "Nos queda un gran vacío que se llena y se vuelve experiencia".

"Eso es. Esto trajo experiencia, experiencia de vida. Fue un golpe que los hizo crecer obligadamente", explicó Ivaldi.

Lecciones de vida

Según la vicedirectora, la tragedia convirtió en cotidianas las charlas sobre la inevitabilidad de la muerte, la fragilidad de la existencia humana y de cuánto hay que cuidarla y defenderla.

"Por ejemplo, me impresionó que un nene de diez años se quejara indignado por la ausencia del cartel en el ingreso del puente fatal, indicando que no podían subirse más de tres personas. Los chicos hoy reclaman orden y una debida señalización en los espacios públicos", dijo.

Al trabajar el tema "retratos y autorretratos", la docente de Lengua sugirió a los chicos que relataran la vida de sus compañeros fallecidos. La escuela, que está acostumbrada a acompañar a familias en las que las mujeres son golpeadas y los padres tienen problemas de alcoholismo, hoy debe también lidiar con el dolor, la bronca y la impotencia por muertes que podrían haberse evitado.

Pero no sólo la Escuela N° 39 de Merlo está movilizada por estos días. En Villa Lugano hay otra que atraviesa un proceso parecido. Es la EMEM N° 4, del distrito escolar 21,ubicada frente a la Villa 20.

Allí, la comunidad educativa sufre las consecuencias de otra tragedia: la muerte de Ezequiel Demonty, el chico que el 21 de septiembre último fue maltratado y arrojado al Riachuelo por efectivos policiales.

"Lidiamos cada día con una población en riesgo. Son chicos continuamente discriminados por ser morochos. Hace poco, una chiquita se suicidó. Otro salió a robar y lo mató un taxista. Estas son historias cotidianas", explicó la directora, Norma Colombatto. Según ella, algunas son "muertes anunciadas". Otras no. "La de Ezequiel fue inesperada, tremenda. Era un chico excelente", comentó Colombatto. Desde el 22 de septiembre la escuela se empeñó en elaborar la muerte de Ezequiel.

Como primer paso, armaron un taller de comunicación. Alumnos y profesores hicieron canciones, poesías y composiciones con el título "Cuando estoy triste". Maura Baveiro, alumna de 2° año, por ejemplo, escribió: "Cruda es la realidad de saber que Ezequiel murió sin culpa y sin razón. Al morir Ezequiel murió atrás la confianza en la justicia y la igualdad".

Ahora están realizando un cortometraje con la vida de Ezequiel. Como segundo paso, el 21 de octubre pasado, a un mes de la muerte de Ezequiel, la escuela organizó una jornada para reflexionar sobre los derechos humanos. Cada año trabajará a fondo un derecho humano. "Es importante que estos chicos mejoren su autoestima, que defiendan su derechos y que sepan lo que tienen que hacer en caso de que los detengan injustamente, que los maltraten o los discriminen", concluyó Colombatto. Otro de los caminos para capitalizar el dolor de una pérdida tan injusta.

Posibilidad o impotencia

Norma Colombatto tiene una premisa a la hora de lidiar con el sufrimiento y la muerte: "El dolor, si se mueve, se transforma en posibilidad. Pero si se silencia se transforma en impotencia".

Por eso, la escuela EMEM N° 4 de Lugano tiene preparado un espacio para lidiar con las cruces que carga la comunidad. "Recibimos alumnos que viven en la Villa 20. Allí, la vida y la muerte van de la mano. Tenemos chicos que sufren desamparo, que se drogan, roban. No queremos que se sientan impotentes, sino que tengan herramientas para transformar esos sentimientos en una posibilidad de superación", dijo Colombatto.

En principio, los profesores que reciben adolescentes que viven en situación de riesgo están entrenados en escucharlos. "Muchas veces tenemos que detener el dictado de clases para tratar situaciones extremas que viven en sus casas. Es uno de los trabajos más importantes: crear espacios de escucha. A alguien le tienen que confiar y contar lo que viven", agregó.

También ayuda el trabajar en equipo con el resto de los docentes. En la escuela Fragata Libertad, de Merlo, la muerte de la directora y de siete alumnos no hizo más que unir al cuerpo de maestros. "Enseñar cada día es una ardua tarea. Hay que superar el dolor de entrar a la escuela sabiendo que algunos ya no están. Buscamos apoyo entre nosotros. Lo positivo es que las decisiones ahora son más consensuadas", señaló un docente.

Por Agustina Lanusse De la Redacción de LA NACION

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