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Tucumán, entre la miseria africana y la desidia feudal

En una provincia devastada, el gobernador apuesta a durar

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LA NACION
Miércoles 20 de noviembre de 2002

Julio Miranda, un ex dirigente del sindicato del petróleo en una provincia sin petróleo, gobierna Tucumán como si la administración fuera la vieja estructura gremial. Teje y desteje durante la noche y el día la argamasa de un solo proyecto: durar.

La muerte de 11 niños por hambre (y la probabilidad de que no sean los únicos en esa provincia, según informes recientes del gobierno nacional) es el dato más dramático e inhumano de la crisis tucumana. Pero no el único: la capital provincial sobrevive bajo una nube de moscas y la plaza principal es diariamente lugar de campamento de bulliciosas protestas de empleados que ya se olvidaron de cobrar el salario.

Los empleados municipales, en huelga, recorren las calles de la capital para abrir las bolsas de basura y desparramar su contenido. Las rutas internas están siempre cortadas por piqueteros y los índices de delincuencia se han disparado con velocidad satelital en los últimos tiempos. Las escuelas y los hospitales casi no funcionan por la huelga permanente de sus trabajadores.

Julio Miranda, gobernador de Tucumán
Julio Miranda, gobernador de Tucumán. Foto: Archivo

“Mientras la provincia se derrumba dramáticamente y criaturas desnutridas siguen muriendo, la clase dirigente sigue abocada a la reforma de la Constitución y a impedir que la Justicia investigue sus supuestos ilícitos", ha escrito el periodista tucumano Roberto Espinosa.

Como cada gobernador que se sienta en el despacho de Tucumán, Miranda se planteó cambiar la Constitución, porque ésta contiene la cláusula cruel de que los mandatarios no pueden ser reelegidos sucesivamente.

Un sonado caso de presuntos sobornos a legisladores locales, para que le habilitaran la reforma a Miranda, está siendo indagado por la Justicia con más desgano que entusiasmo.

El gobierno de Duhalde decidió una virtual intervención social en la provincia, porque está seguro de que los recursos que envía el gobierno federal no llegan a sus destinatarios. No sería extraño si fuera así: en Tucumán los legisladores provinciales ganaban, hasta hace muy poco, un promedio de 15.000 dólares mensuales, cuando el peso y el dólar valían lo mismo.

El conflicto social tenía ya las mismas dimensiones.Tampoco Miranda es el único responsable de la catástrofe tucumana. Los últimos dos gobernadores, Ramón Ortega y Antonio Domingo Bussi, no fueron mejores.

Ortega volvió a Tucumán con el propósito de ser presidente y con ese proyecto descuidó la provincia durante cuatro años, a pesar de que recibió más recursos que ningún otro mandatario en su época.

Halagos de Menem

El entonces presidente Menem lo halagó para oponerlo a la candidatura de Duhalde (aunque luego terminó al lado de éste) y Domingo Cavallo, superministro entonces, lo imaginó en una fórmula presidencial conjunta.

Bussi volvió al gobierno ya viejo y enfermo y sin la generosidad presupuestaria con que lo trató Jorge Rafael Videla en la última dictadura. No obstante, Menem no fue mezquino con él: algunos recursos extras le envió a la espera de que sus legisladores nacionales apoyaran la transgresión constitucional de su segunda reelección consecutiva.

Bussi mismo quería cambiar la Carta Magna provincial para buscar su reelección. Un tiempo estéril pasó entre los deseos de perpetuarse de los dos caudillos. Los dos primeros gobernadores desde la restauración democrática pertenecen a la historia de la extravagancia sudamericana.

El primero, Fernando Riera, terminó su gestión dando órdenes desde la cama, aquejado por una depresión que no le permitía ver el sol.

El segundo, José Domato, concluyó su mandato con arresto domiciliario, preso en su casa por haber confundido el dinero público con el privado.

Sólo perduran como fuerzas políticas en Tucumán el peronismo y el bussismo. El radicalismo nunca fue un partido fuerte allá y el Frepaso jamás se consolidó como un referente político importante.

Viejo ladero del cacique petrolero Diego Ibáñez, Miranda ha hecho del enjuague político el único motivo de su insomnio, mientras pagó en Buenos Aires caras publicidades promocionando un presunto "milagro económico tucumano" que en la provincia nadie vio.

Resucitación

Entre sus recientes creaciones políticas figura la resucitación de Olijela del Valle Rivas, una legendaria senadora nacional adscripta al menemismo, que creó una escuela política en la Argentina. El "olijelismo" refiere a los dirigentes todopoderosos en las estructuras partidarias, pero sin ningún contacto con la sociedad ni con sus problemas. Miranda y Rivas se predisponen a desembarcar otra vez en el Senado nacional.

Bussi tiene su partido fracturado. Lo estremece de furia la aparición de un disidente constante, el joven senador nacional Pablo Walter, un aliado de Ricardo López Murphy.

Bussi prefiere a Menem y, convencido de que las reglas de la monarquía pueden gobernar las democracias, se obstinó en que su propio hijo fuera su sucesor.

Tucumán es la provincia pionera en la emisión de bonos, que Miranda hace confeccionar con papel casi impalpable. Gran parte de esos bonos se desarman en las manos de los tucumanos antes de que éstos lleguen al banco para canjearlos por moneda seria.

"El 30 por ciento de los bonos se desarman antes de ser rescatados", se jactó Miranda, hace poco, ante un ministro nacional. Daba fe, así, de sus cualidades de buen administrador.

Bajo la sombra de un insoportable tendal de moscas, entre una miseria africana y una indiferencia feudal, la tragedia social que estalló en los últimos días debería sorprender sólo porque se demoró en suceder.

Otras dos muertes

Mientras ayer el gobierno nacional anunciaba el lanzamiento para el lunes próximo de lo que bautizó como “Operativo rescate”, destinado a la detección y atención de casos de desnutrición en todo el país, otros dos bebes morían en Tucumán como consecuencia de la inanición que venían padeciendo. Ya son 11 los decesos en esa provincia. El gobernador del distrito, Julio Miranda, adjudicó el aumento de las muertes a “un crecimiento poblacional muy intenso” y a que, a su juicio, “son insuficientes” los planes asistenciales.

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