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Jóvenes emprendedores

Claudio López Silva, el terror de los empleados que hacen lo que no deben

Economía

Controla los llamados telefónicos, el envío de e-mails y el uso de Internet

Si fuera una figura pública, Claudio López Silvia no recibiría muestras de cariño por parte de los empleados de las compañías más grandes del país. El hombre es el inventor de un conjunto de softwares y servicios que permiten a los empleadores controlar el uso de teléfonos, el envío de correos electrónicos y el acceso a Internet.

"Es un poco buchón -admite el entrepreneur, sin medias tintas-, pero porque creo mi método es muy democratico, porque los usuarios saben que están siendo monitoreados y limitan las llamadas personales y el uso de Internet con motivos extralaborales ", justifica.

Sus cliente ya son más 250 y entre los nombres más conocidos se destacan algunos como Visa, Argencard, Repsol-YPF, BankBoston, Banco Río, Roche, Volkswagen y Philips Morris.

López Silvia tiene 37 años, es autodidacta y lleva casi 20 años desarrollando "productos raros". Los primeros pasos, antes de llegar a esta instancia en la que factura 2,5 millones de pesos por año, los dio al crear un programa para PCs que permitía bloquear el ingreso a extraños. "Eso fue en los ochenta, cuando una computadora en una empresa se compartía entre cinco o seis personas", explica. Los primeros en interesarse en su propuesta fueron los bancos Galicia y Río.

Pero fue recién a partir de 1990 cuando creó Service Bureau Intetel, para comenzar a jugar en la liga mayor de los negocios. "En marzo de 1990 los diarios anunciaron en tapa un aumento del costo del pulso telefónico del 2600 por ciento", recuerda. Eran los días en los que María Julia Alsogaray se disponia a privatizar Entel y López Silvia creyó que sería buena idea inventar un mecanismo para controlar el gasto telefónico de las empresas.

Yestaba en lo cierto. Con una fuerza de venta integrada por seis personas y pequeñas publicidades en los diarios de finanzas y negocios logró vender 1500 unidades, a 1000 pesos cada una, de una cajita que se conectaba a la línea de teléfono y a la computadora, para registrar números de llamadas y tiempos de comunicación.

Todos los nombres de los programas que diseña López Silva empiezan con las letras MJ, iniciales de María Julia, en "honor" a la funcionaria que impulso el aumento desmedidos de tarifas.

A partir de 1991, cuando los conmutadores de las empresas empezaron a ser reemplazados por artefactos con mayores prestaciones, el emprendedor se pasó del hardware al software e inauguró una nueva prestación: una vez que instala el programa también se encarga de registrar y procesar todos los datos referidos al uso que se da a los teléfonos de la empresa y a las conexiones de Internet. Así, analiza 60 millones de llamadas por mes, controlando a unas 120.000 personas, y además monitorea los reportes que arrojan los relojes que marcan los horarios de ingreso y salida del trabajo. En lo que respecta a los hábitos de los empleados que navegan por la Red en horario laboral, López Silva dice que el mayor tiempo lo pierden chateando. De sus estadísticas también surgue que los sitios que más visitan son los que ofrecen contenidos sexuales.

López Silva dice que controlar las páginas por las que navegan los empleados o los e-mails que mandan no atenta contra la privacidad, "si están utilizando el correo electrónico o el acceso a Internet de una red corporativa", y recuerda el caso de Xerox, en los Estados Unidos, que acaba de despedir a 40 empleados que tenían la costumbre de espiar sitios pornos. En su defensa sostiene que sus productos también sirven "para controlar que las empresas de telefonía no facturen con errores".

Durante 1998 y 1999, Services Bureau Intetel, que emplea a 50 personas, abrió filiales en Venezuela, México y Chile, para ofrecer en esas plazas los mismos servicios que presta aquí.

Su rango de tarifas depende de la cantidad de personal que ocupa cada cliente. Por cada empleado cobra mensualmente entre tres y cinco pesos y ninguna de las firmas a las que atienda tiene menos de 200.

Por Juan Aznarez
De la Redacción de LA NACION
jaznarez@lanacion.com.ar
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