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La Mona Jiménez, el rey del cuarteto

Fue la figura central de la clausura del encuentro de doma y folklore, pero no estará en Cosquín

Lunes 13 de enero de 2003

CORDOBA.- "Somos del mismo palo. Después de todo, nosotros también hacemos música argentina." Para Carlos "La Mona" Jiménez, ésa es la clave que permite tender un puente entre el folklore y el cuarteto, dos géneros con códigos musicales y culturales distintos pero que pueden convivir y hasta confluir en una fiesta de ponchos y pañuelos revoleados al ritmo del "tunga tunga".

Así imaginaba él, al cierre de esta edición, el show que iba a brindar anoche como cierre del multitudinario Festival de Doma y Folklore de Jesús María. La Mona se presentaba otra vez en una de las catedrales de la música popular (en 1988 estuvo en el Festival de Cosquín, en una presentación controvertida que generó polémica, y en 2001 cantó en Jesús María junto a Jairo), pero esta vez lo hacía como número central de la velada, con la ilusión de copar el campo de los jinetes con las canciones febriles de su disco número 69, "El vicio de la Mona".

Con el rock puede generarse una complicidad parecida, ya que el 26 de enero próximo La Mona cerrará el festival Carlos Paz Music, por donde pasarán León Gieco, Pedro Aznar, Bersuit Vergarabat, David Lebón y Los Twist, entre otros.

Tal vez a instancias de su carisma y de su inmaculada popularidad, La Mona ha logrado instalar el cuarteto, más de una vez, en ámbitos impensados. Hasta se dio el gusto de llevar el ritmo frenético del "Beso a beso" -uno de sus temas más taquilleros- al escenario del teatro Del Libertador ("donde tenía la entrada prohibida") y de alternar sus bamboleos de cadera con los pas de deux de Julio Bocca.

La oficina donde transcurrió la charla con LA NACION es una síntesis de su trayectoria: una sala completa está tapizada con discos de oro y platino. Cada 30 segundos alguien golpea la puerta y pide un autógrafo, una foto o un beso del ídolo. El rey, con la sonrisa constante, dice una y otra vez, sin reparar en la envergadura del interlocutor: "Todo bien máster, te quiero mucho. Gracias por venir". Es que, por un lado, todo el mundo sabe dónde vive La Mona. Y, por otro, es imposible que él pase inadvertido. Su melena negra, que contrasta con una remera amarillo furioso con ribetes naranja y un pantalón de jean tipo carpintero, es inconfundible. El cuenta orgulloso que su look es obra de sus hijas, Lorena, de 25 años, y Natalia, de 20. "Ellas me hacen toda la pilcha y por eso me veo así." También tiene un hijo varón, El Carli, de 21, que está grabando su primer disco.

Juan Carlos Jiménez Rufino acaba de cumplir (el sábado último) 52 años. Confiesa que el secreto para resistir tantas horas arriba del escenario, saltando y bailando, son los 60 kilómetros diarios que recorre en bicicleta. No fuma y sólo toma dos copas de vino con las comidas.

- Tu presencia en esta edición del festival de Jesús María parece algo especial...

-La primera vez, hace dos años, hicimos cuatro temas para la TV y ahí se terminó lo nuestro. Pero ahora vamos a tocar una hora para que la gente disfrute un poco más. Me dan la oportunidad de cerrar el festival y eso me llena de orgullo. ¿Cómo puede ser que en los festivales de Córdoba no haya representantes de la música autóctona cordobesa, como el cuarteto? Es que acá el cuarteto era para los negros y siempre fue rechazado. Espero que los gauchos sepan comprender que así como tiene un lugar el chamamé, también lo puede tener el cuarteto. Al fin y al cabo, hacemos música argentina y tenemos que defender la música nacional, sea del palo que sea.

-¿Qué sueños te quedan?

-Tal vez a Juan Carlos Jiménez Rufino le falte cumplir algunos sueños. Tal vez dejar a La Mona y quedarse en su casa con la Juana (su esposa y manager), que me aguantó en las buenas y en las malas. Tengo una deuda pendiente con la Juana. Un día dejo de cantar y me quedo con ella.

-Pero antes de dar ese paso...

-En abril me voy con los músicos a tocar a Miami, Nueva York, Los Angeles, Houston... Ya estuve por allá, pero ahora voy a promocionar "Los éxitos de la Mona", con las mejores canciones de los últimos tres años. Después sigo mi gira haciendo promoción, para ver si este año o el que viene podemos tocar en el Madison Square Garden. Esto no termina nunca. ¿Hasta dónde voy a llegar? No lo sé, creo que no tengo fin.

-¿Entonces el desafío es conquistar nuevos mercados?

-Toda mi vida toqué en Córdoba. Nunca tuve la oportunidad de salir. A mi música la conocen en todos lados, pero mi caripela no la conoce nadie. "Quién se ha tomado todo el vino" (un hit de su carrera) fue grabado en Japón y en otros países, pero yo nunca salí de acá. Aunque parezca mentira, no conozco Europa.

-Sin embargo, hablás de la posibilidad de dejar de cantar...

-Ya se me están acabando las pilas. Aunque me voy de gira, sé que a estas alturas no voy a conquistar nuevos horizontes. El que no me conoció hasta ahora... Estar tres horas arriba del escenario, todos los fines de semana, saltando y bailando y perdiendo dos kilos por show, es muy fuerte. Tenés que estar muy bien de la cabeza.

-Terminaste muy bien un año que fue durísimo...

-Para nosotros también fue duro. Nuestro público es el más castigado, el más sufrido. Ellos antes hacían una changa y se pagaban la entrada al baile. Pero ahora saben que la vieja necesita para comer y tienen que elegir entre ir al baile o comprar un bife.

-En pocos días más se hará en Cosquín el primer Festival de Cuarteto y vos no estás en la programación. ¿Por qué?

-Será porque nosotros ya teníamos las fechas ocupadas. Pero me encanta que los otros chicos estén ahí.

-¿El cuarteto tiene una identidad propia?

-Fijate que los rockeros, como la Bersuit o Kapanga, han puesto bases de cuarteto para que la gente pueda bailar sus canciones. Y nosotros, a su vez, tomamos algunas cosas del rock que nos gustan mucho. Bueno, en realidad, yo soy un nacionalista y me gusta todo lo que se haga acá. Pero el cuarteto tiene una cosa propia... (se pone de pie y empieza a bailar). Mirá qué loco, si yo no bailo, no puedo cantar. Quiero decir que si una canción tiene una estructura que yo no puedo bailar, tampoco la puedo cantar. No es salsa ni cumbia, es cuarteto y nada más.

Jimena Massa

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