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Antes que Scorsese, Borges

Por Alvaro Abós Para LA NACION

Viernes 07 de febrero de 2003
LA NACION

Ahora que millones de espectadores de Pandillas de Nueva York , de Martin Scorsese, siguen fascinados en todo el mundo por las andanzas de los malevos neoyorquinos del siglo XIX, ataviados con polvorientas levitas, virtuosos en el uso indistinto de cuchillo, garrote y hacha, no viene mal saber que ese teatro salvaje, entrelazado con el nacimiento de la urbe, ya había sido disfrutado por los argentinos lectores de un diario popular y de un gran escritor... ¡hace setenta años!

El 19 de agosto de 1933 el vespertino Crítica incluía en sus ediciones el número 2 del nuevo suplemento, Revista Multicolor de los Sábados , con un cuento del codirector Jorge Luis Borges: "Eastman, el proveedor de iniquidades". Luego de trazar una analogía entre el hampa porteña y la neoyorquina, Borges descubre la fuente de su relato y al mismo tiempo lo define: "La historia de las bandas de Nueva York (revelada en 1928 por Herbert Asbury en un decoroso volumen de cuatrocientas páginas en octavo) tiene la confusión y la crueldad de las cosmogonías bárbaras".

Pero veamos en detalle la historia de la coincidencia entre Borges y Scorsese. Herbert Asbury (1889-1963), cronista de la mala vida urbana en el que ambos se inspiraron, ganó la celebridad con un artículo publicado en la revista American Mercury (dirigida por H. L. Mencken): contaba la historia de una prostituta que llevaba a sus clientes protestantes a un cementerio católico y a sus clientes católicos a un cementerio protestante. El escándalo fue de tal magnitud que convirtió a Asbury en una estrella de la prensa, lo que le permitió desde entonces escribir con comodidad sus libros sobre el delito en los Estados Unidos, entre ellos Gangs of New York ("Bandas de Nueva York"), The Gangs of Chicago ("Las bandas de Chicago") y The Barbary Coast ("La costa de Berbería"), este último sobre el crimen en San Francisco.

Que Asbury no fuera traducido al castellano hasta ahora, cuando, al amparo de la película, está siendo difundido en todas las lenguas, no era obstáculo para Borges, que casi diariamente concurría a la librería Mitchell´s, en Cangallo casi esquina Florida, y allí se surtía de las novedades en inglés, algunas de las cuales reseñaba en la prensa o recomendaba a editoriales.

En 1933 Natalio Botana, director-propietario de Crítica , decidió incorporar un suplemento literario que compitiese con los prestigiosos rotograbados dominicales de La Prensa y LA NACION (éste, dirigido por Eduardo Mallea). Convocó para llevar a cabo el proyecto a un periodista de la casa, Ulyses Petit de Murat, y a un escritor de treinta y cuatro años, Jorge Luis Borges, que hasta entonces sólo había publicado ensayos, poemas y una biografía de Evaristo Carriego que era también una brillante pintura del malevaje de Palermo. Botana, especialista en descubrir grandes escritores e incorporarlos a su diario (además de Borges, lo hizo con Roberto Arlt, Raúl González Tuñón y Conrado Nalé Roxlo), les puso a los codirectores una condición: tanto Borges como Petit debían publicar material propio en cada número del nuevo medio. El diario, que entonces vendía 300.000 ejemplares, anunció profusamente su nuevo producto como "un esfuerzo no igualado en el periodismo nacional: Crítica Revista Multicolor le proporcionará lectura para una semana sin que su ejemplar le cueste un solo centavo más".

Así fue como Borges, al mismo tiempo que encargaba y corregía originales, que traducía y adaptaba textos extranjeros, comenzó a escribir cuentos, acuciado por los cierres semanales y por los diagramadores, que lo obligaban a cortar textos, a veces, ¡ay!, los propios. En el número 1 de la Revista Multicolor inauguró con el cuento "El espantoso redentor Lázarus Morell" una serie de desmesurado título: Historia universal de la infamia ; luego tocó el turno a "Eastman, el proveedor de iniquidades", y así, semana tras semana, fue completando su galería de asesinos, bandoleros, estafadores y criminales, en historias que pasaban vertiginosamente de Arkansas a Five Points, de la antigua China al barrio porteño de Villa Rica

¿De dónde extraía los argumentos? Borges "refritaba", aderezándolas con su escritura ya entonces inimitable, las fuentes más diversas. Por ejemplo, la historia de Lazarus Morell la sacó de un capítulo de Vida en el Mississippi , de Mark Twain, mientras que en "El impostor inverosímil Tom Castro", que relata un ingenioso fraude, rescribió, introduciéndole considerables cambios, un artículo de la Encyclopaedia Britannica . Con su habitual modestia, Borges definiría muchos años después los textos de Historia universal de la infamia como "el irresponsable juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar ajenas historias".

La Revista Multicolor de Crítica , durante los dos años en que apareció, ha quedado en la historia como una experiencia de periodismo popular de alto vuelo: según Petit de Murat, "fue una creación de Botana, quien pensaba en la existencia de una literatura vital, real, que la gente debía conocer en forma directa y no a través de sucedáneos.[...] Quiso aprovechar el enorme tiraje del diario para poner en términos accesibles algunos valores que no estaban al alcance de todos, como lo hizo también con sus populares ediciones de libros". Profusamente ilustrados por los dibujantes del diario (Rojas, Guida, Parpagnoli, Premoli) y a veces con originales del gran David Alfaro Siqueiros, que entonces vivía en Buenos Aires, se publicaron allí notas y cuentos de Juan Carlos Onetti, Juan L. Ortiz, Norah Lange, G. K. Chesterton, Heinrich Mann, Marcel Schwob, H. G. Wells y Oscar Wilde, entre otras muchas grandes firmas.

En 1935, las narraciones de Borges, con el título de Historia universal de la infamia , fueron recogidas en libro por el sello Tor, creado por el editor catalán Juan Torrondell, difusor de clásicos de la literatura y la filosofía en tiradas masivas. El de Borges, su primera incursión en la narrativa, llevaba una impactante faja, cuya síntesis no desdeñarían hoy los publicitarios de Scorsese y de Hollywood: "Toda la escoria del mundo".

¿Qué le debe el Borges de "Eastman, proveedor de iniquidades" a su fuente, Asbury, que es la misma de Scorsese? El cuento relata en centelleantes líneas las luchas feroces de los primitivos gánsteres, para luego concentrarse en la historia de Monk Eastman, un hampón al servicio de los corruptos políticos demócratas, que sin embargo fue un héroe en las trincheras de la Primera Guerra Mundial.

Por su parte, Scorsese, que cambió cuanto quiso el libro de Asbury (por ejemplo, el personaje de Amsterdam Vallon, que interpreta Leonardo DiCaprio, es inventado y el que encarna Daniel Day-Lewis, el siniestro Bill "el Carnicero" Cutting, es una transposición de un pistolero real), no se privó de incluir a Monk Eastman, aunque cambiéndole el apellido y forzando la cronología: Monk hace una muesca en su bastón-garrote por cada "pendenciero que serena", como dice eufemísticamente Borges. Llegó a tener 49 muescas, y Day-Lewis, que en la película "serena" para siempre a Monk, le hace la número 50. Se ve que a Scorsese también lo fascinó, como a Borges, el bueno de Monk, porque en la realidad, y en el cuento de Borges, éste comenzó a actuar treinta años después de los hechos que cuenta Pandillas de Nueva York , situados en 1863.

Literatura y cine son dos lenguajes distintos. Sin embargo, el Borges de 1933 conocía muy bien el cine y en el prólogo de Historia universal de la infamia menciona entre sus inspiraciones estéticas los primeros films de Von Stenberg, un director alemán emigrado a Hollywood. El texto de Borges está lleno de imágenes visuales que Scorsese, consciente o inconscientemente, incorpora o transcribe a términos cinematográficos. Mientras Borges alude a un "fino aparatito de cobre" que solía calzarse en la mano el tahúr Johny Dolan el Dandy "para vaciar los ojos del adversario", Daniel Day-Lewis golpea el puño del temible bastón-garrote contra su ojo de vidrio. El rostro abotagado del actor que interpreta a Monk (Brendan Gleeson) es descripto por Borges como "historiado de cicatrices". El extraordinario diseño de vestuario del film de Scorsese está prefigurado en la descripción de una de las bandas, la de los Galerudos Fieros ( Plug Uglies ), que, relata Borges, "procuraban la inverosímil risa del prójimo con un firme sombrero de copa lleno de lana y los vastos faldones de la camisa ondeados por el viento del arrabal".

Ver el film de Scorsese y antes o después leer el cuento de Borges permite, a mi juicio sin desventaja para el escritor, a pesar de los cien millones de dólares de la producción cinematográfica, un ejercicio comparativo de lenguajes que multiplica los sentidos de la historia y el placer de conocerla. Al margen de que Scorsese es borgeano en el hecho de que su fábula enseña que la historia se hace no sólo con bronce sino, como quería el autor de la anónima faja de Tor (¿quizás el propio Borges?), también con escoria.

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