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Una visión descarnada sobre Eva Perón

Para sir John Balfour, la ex primera dama era una mujer muy superficial, infantil y presumida

Jueves 04 de enero de 2001

LONDRES.- Tan descarnada era la visión británica de la Argentina en los años 50 que el Foreign Office se aseguró de mantener bajo cerrojo toda su correspondencia interna, generalmente disponible al público 30 años más tarde, por medio siglo.

Y así habría continuado de no ser porque, en un gesto de confianza en la madurez de las relaciones anglo-argentinas, el gobierno de Tony Blair dio luz verde al archivo nacional (Public Record Office) para su divulgación a partir de esta semana.

La lectura, sin embargo, todavía resulta incómoda. Sir John Balfour, embajador británico en Buenos Aires desde 1948 hasta 1951, no ahorró adjetivos en sus informes para describir lo que consideraba una nación de tercera presidida por un régimen corrupto. Los golpes más duros solían estar dirigidos a la mujer del presidente, Eva Duarte de Perón.

Uno de los mejores ejemplos es un informe sobre el banquete de inauguración del barco de construcción británica Eva Perón el 27 de mayo de 1950. El embajador lo despachó seis días más tarde para "la atención exclusiva" del entonces ministro de Relaciones Exteriores, el laborista Ernest Bevin.

Lujo y autoexaltación

Sir John se había sentado en esa ocasión al lado de la primera dama detrás de un retrato de ella misma ataviada en un dorado vestido de soireé. La decoración era lujosa y, aparentemente, el jerez "excelente". Los ceniceros colocados en las mesas tenían inscriptas frases extraídas de discursos de Perón y Eva.

El embajador, educado en Eton y Oxford, procuró iniciar una conversación con la anfitriona comentando que ella debía sentir una "pesada responsabilidad" frente a todos sus compromisos.

"¿Responsabilidad? -replicó Eva con un gesto de falsa sorpresa-. Pero si yo no soy nadie. No soy más que la sirvienta de la cocina que pela las papas del chef. ¿No es cierto?", preguntó a Perón en busca de aprobación.

Cuando la banda tocó la marcha de la juventud peronista, "la señora entonó todas las estrofas con el gusto de una escolar en vacaciones". Y cuando un admirador le entregó una poesía, el diplomático se sorprendió al verla "entusiasmada por lo que, sin duda, era un elogio exuberante, pero técnicamente incompetente".

"El ministro del Interior, consciente de que era un desastre, no dejó de sonreír en forma aprobatoria", destacó el diplomático asqueado por la obsecuencia del entorno de los Perón. Eva, de 29 años, le aseguró que su marido no tenía la más mínima intención de ir en busca de una reelección. "Me cuesta creer, sin embargo, que los Perón estén dispuestos a vivir en tranquilo retiro a partir de 1952", advirtió Balfour.

A los ojos británicos

Lo que sigue es una larga descripción del régimen justicialista.

"Gastos pródigos y demagógica propaganda con la idea de captar votos, la entrega de favores a troche y moche sin correspondientes intentos de inculcar a sus receptores con el sentimiento cívico de responsabilidad, los vengativos llamados al odio de clases, el crecimiento de la corrupción en la burocracia, el enriquecimiento de personas en altos puestos en forma dudosa y, más que nada, la proyección a la escena política nacional del vodevil, por no decir la pantomima, de una mujer que, hasta que conoció a Perón, no tenía otro conocimiento de la vida pública que aquella concedida a una actriz menor o a una estrellita de cine."

"Todo esto ha sido investido sobre las actividades de la señora y sus numerosos satélites con el aire de la frivolidad extravagante dirigida por un interés propio que no puede traer más que problemas en el futuro", advirtió Balfour.

"La Argentina es un adolescente país latinoamericano y su adolescencia es de una variedad irracional, infantil y presumida. En ese sentido, las técnicas de vodevil de la señora, ella misma la gran representación de la adolescencia latinoamericana, ejercen una poderosa influencia emocional sobre aquellos numerosos sectores de sus compatriotas para quienes ellas, como ocurrió, ha sido promovida a asientos de privilegio sin precedente entre las butacas."

El representante británico continuó la analogía teatral para indicar: "Más allá del espectacular éxito que la actriz principal ha alcanzado hasta ahora con sus ignorantes espectadores, su propia actuación, sino también la de su coestrella a quien le debe su carrera, es probable que dure sólo hasta que puedan seguir obteniendo los tickets del palco oficial al precio de las butacas populares".

Peligrosa, pero notable

"Aun así, hay algo de soñador y de efímero en toda esta mise-en-scéne ", concedió el diplomático. Sus superiores en Whitehall fueron más ecuánimes juzgando su informe "un muy interesante análisis de una mujer peligrosa, pero muy notable".

Tal era el temor del Foreign Office frente al poder de la primera dama argentina que en respuesta a un telegrama enviado por Balfour en enero del mismo año sobre rumores de una operación de apendicitis de Eva que había salido mal, Londres señaló: "No importa cuál sea la verdad de esos rumores, nada más que algo bueno puede resultar de un largo período de convalecencia".

Una carpeta con correspondencia de octubre de 1950 también revela cómo Eva Perón instruyó a los embajadores argentinos en Bélgica, Holanda y Suecia a que se acercaran a esos gobiernos con el fin de que le otorgaran sus más altas condecoraciones. Los belgas trataron de conformarla con una medalla menor, pero Eva la rechazó de plano.

Los holandeses consultaron a los británicos, que aconsejaron la "más firme resistencia". Sir John advirtió a Whitehall que Eva podría reclamar lo mismo en Londres.

"Esta mujer no se detendrá en pedir hasta la Orden de la Charretera (la más alta distinción conferida por hidalguía)", sostuvo.

Parte de la nobleza

Su interlocutor en el Departamento de las Américas en el Foreign Office, George Labouchere, señaló anonadado el 16 de octubre: "Parece que han conseguido que hasta los suecos le den la Orden de Serafina, una medalla concedida hasta ahora sólo a la realeza. Y el embajador argentino no duda en decir que, después de todo, Eva también forma parte de la nobleza". Para el 25 de octubre, el Foreign Office ya no ocultaba su estupor: "Las ambiciones de Eva Perón aparentemente no tienen límites. Los próximos tentáculos parece que serán colocados en Noruega, Dinamarca y el Vaticano".

Eva nunca llegó a poner un pie en Londres. Su gira europea -en la que, efectivamente, fue ampliamente condecorada- debió ser suspendida por razones de salud. En 1952, a los 33 años, murió de cáncer.

Sir John Balfour había sido trasladado un año antes a la España de Franco donde decidió retirarse, a los 60 años, de la vida diplomática para abrazar una de próspero banquero. Murió en 1983.

Por Graciela Iglesias Corresponsal en Gran Bretaña

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