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Un problema al que el Gobierno de la Ciudad no le encuentra solución

Más de 1000 personas duermen diariamente en las calles porteñas

Información general

Lo reveló un estudio del programa Buenos Aires Presente; se resisten a ir a hoteles

Ya son 1128 las personas que hoy viven en la vía pública en la ciudad de Buenos Aires. Así lo revela un conteo realizado por el programa Buenos Aires Presente (BAP), de la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno porteño.

Pero no todo termina allí. Además de los sin techo hay 890 personas en hogares de tránsito, 9000 alojadas en hoteles y otras 9000 con planes de subsidio de alojamiento.

San Martín, Retiro, Lezama, Vicente López, Libertad, Congreso: los nombres se suceden. LA NACION recorrió la ciudad y constató que cientos de personas buscan refugio en las plazas y los parques.

Según el registro del BAP, las zonas que concentran la mayor cantidad de indigentesson el microcentro y los barrios de Retiro, Recoleta, Balvanera, San Cristóbal, Almagro, Parque Centenario y Constitución.

Entre ombúes y estatuas

Entre los monumentos y fuentes estropeados de la plaza Congreso yacen las pertenencias de personas que pernoctan allí. Debajo de un arbusto cuatro hombres duermen bajo un sol radiante entre carritos, cartones y pedazos de colchonetas.

El parque Lezama hospeda a unas 30 personas. Bajo un árbol centenario que cobija a la fuente Du Val D´Osne, en la esquina de la avenida Paseo Colón y Brasil, suelen reposar varios marginados.

En Caballito, el vallado de dos metros que encierra al parque Rivadavia encubre la historia de su deterioro. Hace varias semanas que está cerrado por mejoras, después de que vendedores ambulantes y un grupo de sin techo, que habían montado una carpa en el predio, fueron desalojados.

"Esto era una maravilla y hoy vivimos tapiados", lamentó la socióloga Noemí Gascón, de 50 años, mientras caminaba por la calle Doblas. "Es terrible el deterioro. Por las noches, después de las 11, se hace muy peligroso." Su amiga Lucía Daffara, de 52, agregó: "Imaginate la gente de los edificios al frente que se rompieron para comprarse un departamento frente al parque, que hoy no vale nada".

En la plaza Vicente López, en Retiro, alrededor de un ombú centenario, un hombre formó una especie de cordón de bolsas llenas de cartón. "Es una pena porque es un árbol viejísimo", opinó Claudia Novak, de 52, una vecina.

El ombú es centro de la miradas de los veinte desamparados que descansan en los bancos de la plaza. Novak explicó que muchos están allí porque una parroquia cercana ofrece almuerzo. La mujer es voluntaria en la iglesia San Nicolás de Bari y sale todas las semanas en recorridas para alimentar a los sin techo.

"Viene mucha gente de las villas y ya no podemos más", comentaron en la secretaría de San Nicolás de Bari. La parroquia sirve más de 2000 viandas por mes.

"No tenemos ningún apoyo del gobierno nacional ni de la comuna -se quejó Novak-. Todo sale del pueblo y de las parroquias."

La ciudad flotante

La plaza Vicente López es centro de reunión para muchos indigentes. En un radio de cinco cuadras hay cuatro parroquias que ofrecen alimentos. Muchos vienen de otras plazas, como Juan Carlos, un anciano de barba blanca, que pasa las noches en el pasto de Congreso.

"La gente va yendo de lugar en lugar, donde hay iglesias que dan de comer; es una ciudad flotante", graficó un brasileño que emigró de San Pablo hace cinco años. Fue empleado de la construcción hasta que perdió su trabajo, hace tres años, y empezó a vivir en la calle.

"Hay de todo en la calle; gente buena, gente mala, trabajadores, criminales", contó el brasileño. "Muchos no se quedan en los hogares porque es un lugar cerrado con mucha gente de todo tipo", concluyó.

Eduardo, de 33, vive bajo un techo de una casita en un parque en el sur de la ciudad. Asegura que nunca se le acercó nadie del gobierno para ofrecerle refugio, aunque escuchó que había hoteles "en algún lugar de la avenida 9 de Julio".

Agregó que "no nos aceptan en los hogares porque somos muy jóvenes", por lo que está buscando un lugar para pasar el invierno.

Buenos Aires, presente

El programa BAP, que atiende a adultos mayores de 21 años, trabaja 24 horas al día y 365 días al año. Durante el verano recibe de 20 a 100 llamadas por día, y en el invierno, de 500 a 1000.

"Se creó una demanda de retorno", dijo la licenciada Patricia Malanca, titular del BAP. "Dependemos de las llamadas de los vecinos. Ellos están colaborando muy bien y tratamos de trabajar en forma conjunta."

En los equipos trabajan más de 86 personas, entre psicólogos, trabajadores sociales y operadores de calle.

"Hay mucha resistencia de parte de los sin techo. Algo así como 700 de los 1000 son renuentes y no aceptan ser llevados a los hogares", explicó. "De las mujeres, hay un alto grado de patologías psiquiátricas, y de los hombres, un 65% son alcohólicos crónicos. En su mayoría han pasado por algún sistema asistencial."

El BAP cuenta con cuatro hogares propios que albergan entre 80 y 100 personas, que están completos. Se está por abrir un refugio en Retiro y otro a mediados de año. Además, tienen personas alojadas en otros hogares por convenios con distintas ONG.

"Si los sacamos de la calle, en poco tiempo hay otros 1100", opinó una fuente de la Secretaría de Desarrollo Social. "Es un problema social de una ciudad grande en crisis. Nuestro programa funciona para atender la emergencia. Tratamos los problemas de los que hoy no pueden comer. No está bajo nuestra órbita solucionar a largo plazo", concluyó.

Frente al monumento de Pedro de Mendoza, en el parque Lezama, un ucranio desamparado, con sus ojos enrojecidos, no quiso ahondar en el tema: "Muchos vienen. Mucha charla. No alimentos. No casa". .

Valerie A. Martin
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