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Música para improvisar

Espectáculos

Presentación de Wade Matthews en clarinete bajo y flauta traversa, con Leonel Kaplan en trompeta y Diego Chamy en percusión. Músicos invitados: Sergio Merce en eléctrónica y Luis Conde en saxo y clarinete. Nueva función, el viernes, a las 19.30, en el Museo de Arte Contemporáneo de La Plata.
Nuestra opinión: muy bueno.

Un encuentro con la música improvisada, es decir, con la llamada composición instantánea, en la cual la búsqueda de las texturas sonoras dentro de ciertas reglas de juego, como la interacción y sobre todo la importancia del silencio, representan el nudo del concierto.

Wade Matthews, uno de los pilares de la música improvisada, se presentó anteanoche en el auditorio Domus Artis, un lugar de exquisita acústica y de una intimidad en la cual la música o el sonido parecen hablar personalmente con cada asistente. La interesante presentación tuvo una plenitud de matices y texturas sonoras, en las que dejó en evidencia el amplio manejo técnico de su instrumento.

Matthews mostró una manera de organizar la creación de su discurso sin una forma fija, lo que generó una oleada de frescura contagiosa hacia sus partenaires, que en este caso fueron el trompetista Leonel Kaplan y el percusionista Diego Chamy con el aporte de dos valiosos invitados como Diego Merce en electrónica y Luis Conde en saxo alto y clarinete.

En principio, no hay composiciones como tales, el proceso no es reflexivo; por el contrario, hubo una espontaneidad que redundó en la sorpresa y en el encuentro entre las diferentes miradas creativas de los músicos.

Así, el clarinete bajo de Matthews fue el centro del encuentro. En efecto, latió como un corazón y fue sobre ese pulso que giró el encuentro, en especial.

La reunión del músico norteamericano con Merce tuvo una singular riqueza. Sus silencios, sus pausas, la límpida fidelidad de su equipamiento junto a una interesante creatividad generaron un cuerpo sonoro pleno de matices que aprovechó el clarinetista para trabajar sobre las texturas.

Conde evidenció también capacidad creativa, sobre todo con el clarinete, en el que logró desarrollar un material denso que se plegó, en cierta forma, al trabajo de Matthews.

La presentación tuvo dos partes; en la segunda, Matthews trabajó con Kaplan y Chamy y aquí se verificó entre ellos una fuerte corriente de interacción, tanto en la forma (el silencio) como en las texturas del sonido. Una cierta empatía dominó este tramo, en el que el trompetista lució un criterio afinadísimo en el trabajo de creación de sonidos.

Concretamente, Matthews aquí encontró dos interlocutores; en Kaplan un dialoguista austero en sus comentarios pero criterioso, en tanto que el percusionista trabajó en las definiciones, como una suerte de relator con facilidad para la síntesis.

La idea de este encuentro estuvo sobradamente desarrollada con un final en el que participaron los cinco músicos y con los que se logró una matizada composición de sonidos en que el espacio, sin saturarse, se pobló de una cálida corriente de algo parecido a "música de cañerías", como aquel trabajo de Bukowski, donde el clarinete, el clarinete bajo, la flauta traversa y la trompeta aportaron una amplia gama de matices.

Un encuentro en el que los instrumentos perdieron su protagonismo en aras de otra forma de expresión, en la cual tiene más que ver el instante que el acto reflexivo.

Como un juego, el manejo del instrumento se vuelve hasta caprichoso en manos de los músicos que provocan que todo sea presente; es decir, el sonido es todo, pero en el instante.

Un concierto que no tiene las formas tradicionales, sino que el espíritu descansa en la creación instantánea, una de las formas que se alejan de toda clasificación; quizás esto sea lo más interesante. .

César Pradines
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