Aprender hoy
Educar para la paz y la justicia
En momentos de guerra, de dolor y de desesperación debemos hacer un esfuerzo para pensar y construir un mundo más justo y pacífico. Los educadores tenemos una enorme responsabilidad en esta tarea cada vez más urgente y necesaria.
Hay muchos caminos , muchas iniciativas en curso y una rica tradición pedagógica en las más diversas culturas, pero cuando explota un conflicto armado internacional, una de las primeras víctimas es la verdad. Este es el momento de abrir el diálogo y poner en práctica algunos métodos de resolución de conflictos en la escuela . Para ello podemos contar con algunos hallazgos sobre el desarrollo moral en los niños y adolescentes.
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Un tema central es la "decentración", como decía Jean Piaget, es decir, poder establecer un cambio de punto de vista, colocarse en la perspectiva del otro. Pero este paso, trascendental para las relaciones humanas, cognitivas, afectivas, sociales, políticas, no es fácil. El egocentrismo impide compartir y dialogar. Esto es clarísimo en el desarrollo infantil, donde predomina un monólogo colectivo en las primeras etapas del juego grupal, por ejemplo.
Hay pocos estudios psicológicos sobre la construcción de los procesos de paz, mientras que hemos avanzado bastante en nuestros conocimientos sobre el desarrollo de la noción y de la práctica de la justicia hasta la edad adulta.
Dicho de otro modo, podemos evaluar mejor el grado de desarrollo de un proceso "deóntico", referido a las obligaciones y a las normas, más que el de un proceso "irénico", ligado a la paz.
Por ejemplo, confundimos con frecuencia tres términos: las acciones pacíficas, pacifistas o pacificadoras, que es preciso distinguir. Los pacificadores deben luchar contra una corriente centrípeta que no deja lugar a la justicia. En muchos conflictos bélicos se confunden los medios con los fines y, en definitiva, el ser humano es tratado como un objeto, como un instrumento, no como un sujeto, como un fin en sí mismo.
Las relaciones entre la paz y la justicia, en cambio, son determinantes. Una paz injusta no es verdadera paz. A la larga derivará, como nos enseña la historia, en una nueva guerra. Por eso es tan importante educar, simultáneamente, en los valores de la justicia y de la paz. .
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