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Cambio de papeles en "Don Giovanni"

Novedades y aciertos en la última función

Martes 01 de abril de 2003

En la última función de la ópera "Don Giovanni", en el Argentino de La Plata, las alternativas del cambio de elenco registradas, sumadas a la frecuentación de la partitura y de su representación escénica, la creación de Mozart resultó beneficiada.

Desempeño satisfactorio

Tanto las voces que esta vez han asumido los papeles principales, cuanto el abordaje de la partitura en sí por parte de la Orquesta Estable del Argentino pueden considerarse satisfactorias, encontrando en todo momento eco significativo en la audiencia.

El ajuste y el rendimiento interpretativo fueron muy parejos, y no hubo -salvo escasísimas excepciones- altibajos entre la escena y el foso. Tanto la fuerza dramática de la obra, desde su obertura, cuanto las situaciones cómicas o absurdas planteadas por la brillante realización escénica fueron dinamizadas por la puesta de Suárez Marzal, que revive símbolos universales y reminiscencias históricas como la de la Sevilla de Tirso de Molina, con buen apoyo escenográfico.

En varias oportunidades fue la joven soprano María Soledad de la Rosa (Doña Ana) la que cobró real relevancia interpretativa. Su óptimo rendimiento vocal, provisto de tersura tímbrica y un vigoroso temperamento sustentado por un certero dominio de su registro, en coloraturas, acentos y matices emocionales magistralmente abordados dieron vida real a su personaje en arias como en "Non mi dir", o bien en "Or sai chi l´onore", frente a Octavio, su prometido.

En el papel protagónico, Luciano Garay exhibió un dominio amplio de sus recursos vocales que afirmaron sus cualidades expresivas, y su eficacia en los diálogos con Leporello. Sus desplazamientos parsimoniosos en algunas escenas subrayaron significativamente la acechanza ejercida sobre las víctimas de sus engaños. Hubo aristocrático encanto en su "La ci darem la mano", que seduciría a Zerlina, y convincente estrategia verbal ante los embates de Doña Elvira de Burgos, que una y otra vez le señala su ligereza y su perfidia.

Voz y gesto

Carlos Ullán tuvo un ejemplar desempeño como Octavio, especialmente en "Il mio tesoro", y "Dalla sua pace" y Carlos Lombardero hizo una efectiva recreación del Leporello subrayando con la voz y el gesto sus tribulaciones.

Nuevamente, el brillo de la soprano Teresa Musacchio animó a Doña Elvira, este personaje tan difícil por su ambigua insistencia, con gran efectividad, segura en su afinación y firme en su tesitura, como en " Mi tradí quell´alma ingrata". Por su parte, Zerlina, encarnada esta vez por María Bisso, resultó excelente por su expresividad y efectiva actuación escénica junto al simple Masetto (Sebastiano De Filippi), que fue correcto y convincente, al igual que Oreste Chlopecki, como Comendador.

Héctor Coda

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