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Entrevista con el médico Carlos Díaz Usandivaras

Violencia y delincuencia juvenil, un fracaso de la socialización

Cultura

El especialista cree que sin valores compartidos no hay futuro

El auge del delito y la violencia demuestran que el país atraviesa una grave crisis que afecta la convivencia y la cohesión social.

El conocimiento ha reemplazado a la producción masiva como base de la riqueza, del poder y de la interacción social, y el resultado es una gran ruptura -en términos de Francis Fukuyama- que está produciendo profundos cambios en la sociedad.

Entre las manifestaciones más visibles, el aumento de la violencia y de la delincuencia infanto-juvenil crea gran inquietud por su impacto en el proceso de socialización y por sus consecuencias no sólo presentes, sino también futuras.

Carlos Díaz Usandivaras, médico, terapeuta familiar, profesor de Psicología Clínica en la Universidad de Belgrano y director del Instituto de la Familia, ha indagado sobre un gravísimo problema social: la violencia y la delincuencia infanto-juvenil.

A su entender, el factor más importante que explica las causas de este creciente fenómeno es el déficit o fracaso en el proceso de socialización, es decir, en el aprendizaje de las reglas que los seres humanos necesitan conocer para moverse en el mundo en el que les tocará vivir.

"Este proceso se da en la familia y depende del conjunto de valores compartidos entre los miembros de ese núcleo y de otros, constituyendo lo que hoy denominamos capital social", asegura. "La inseguridad, por el contrario, es la percepción subjetiva de la anomia, es decir, de la falta de reglas compartidas por la sociedad."

-¿Es un problema que afecta a todas las clases sociales o se da más en unas que en otras?

-En principio, en todas las clases sociales la familia presenta aspectos vulnerables, pero sin duda la pobreza es desestructurante de cualquier organización social, aunque también lo es, a veces, la riqueza, que atenta contra la socialización por omnipotencia, al no creerla necesaria.

-¿Cuáles son los contextos sociales que las favorecen?

-Sin duda, la cultura del individualismo extremo, de la ignorancia del otro y de la pérdida de los límites. Otro factor importante es la incorporación masiva de la mujer en las fuerzas del trabajo. Esto exige una redistribución, entre los padres, de la función de crianza y educación de los hijos, que antes era una responsabilidad prioritaria de la madre. Si esto no se logra: o ella hace ambas cosas y se ve agobiada o nadie lo hace y abandonamos a los hijos a su suerte.

-Frente a los mensajes violentos de la sociedad, de la delincuencia, del desempleo, ¿cómo aconseja usted educar a los niños y jóvenes?

-Nuestra cultura sobreprotege y desresponsabiliza al niño, ha reducido las expectativas y exigencias, mientras les otorga cada vez más concesiones. Esto implica una subestimación de su competencia social, que no los ayuda a crecer y a hacerse ciudadanos del mundo.

Por su parte, el desempleo y la pobreza son importantes, pero no factores únicos ni decisivos. El ascenso descontrolado de las tasas de delincuencia en países occidentales coincide con el enriquecimiento y el florecimiento de sus economías.

Mientras tanto, en Oriente-Japón y Corea, por ejemplo-, las tasas de delincuencia son muchísimo más bajas que en Occidente pese a su desarrollo económico, porque ellos han defendido sus valores. El verdadero mensaje violento de la sociedad es la carencia de valores compartidos, es decir, de capital social.

-¿Por qué la violencia entró en la escuela? ¿Cuándo, a partir de qué, de la mano de quién?

-La socialización empieza en la familia y sigue en la escuela. Es difícil lograr la socialización secundaria, escolar, si no se ha dado antes la primaria, familiar. Pero también la escuela sufre limitaciones y dificultades similares a las de la familia: ha perdido jerarquía, autoridad y liderazgo. La violencia entró de la mano de la demagogia.

-¿Cómo se manifiesta la violencia entre los jóvenes?

-Es menos responsable que la de los adultos y por lo tanto más impune. La violencia pertenece al presente, ignora el futuro. Donde hay proyecto de futuro no hay violencia. .

Carmen María Ramos
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