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Una etapa de grandes desafíos

Cómo se vive el amor después de los 50

Ciencia/Salud

Si la pareja aprendió de sus conflictos, es posible remontar las crisis y lograr una profunda intimidad

La frase, bien conocida, afirma que para el amor no hay edad. O mejor dicho: dice que en todo momento de la vida se puede amar y ser amados. Y siempre y cuando se haya aprendido lo suficiente sobre la materia, a medida que pasan los años, a la hora del amor, es posible ingresar en un camino donde pocas veces se añora la juventud.

"El amor después de los 50 años tiene características especiales - explica la licenciada Graciela Fernández, vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar (SATF)-. Un aspecto por destacar es que una proporción importante de personas de 50 a 60 años se ha divorciado. Una, dos o aun tres veces."

¿Divorcio es sinónimo de que algo " falló "? "Cambiar varias parejas más que fracasos es sumar aprendizajes -añade la psicóloga- y aunque esto no quiere decir que todos aprendan por igual, después de los 50 hay más posibilidades de que cada persona se conozca mejor y esté bien plantada con lo que quiere y necesita."

"Pueden darse más fácilmente las condiciones de un amor maduro -explica el licenciado Andrés Sánchez Bodas, psicólogo humanista y creador de la Carrera de Couseling en la Argentina-. Es que se han atravesado etapas que incluyen frustraciones, conflictos, crisis, pérdidas, rupturas... Un amor maduro se despega de la ilusión de que el otro sea como uno quiere y acepta la realidad de que la otra persona es tal cual es."

Fiel a la teoría, el psicoanalista Hugo Pisanelli, director de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires, descree que, a diferencia de lo que podría indicar la cultura, entre los 50 y 60 años se esté necesariamente más sosegado y tranquilo y se posea cierta sabiduría o saber sobre el amor. "Como en todos los órdenes importantes-enfatiza Pisanelli-, también en relación con el amor no hacemos lo que queremos sino lo que podemos. No es voluntario, no depende de la edad o el género sino de nuestro inconsciente."

Diálogo y confianza

La licenciada Fernández dice que las parejas de esta edad son menos dependientes. "Es la única forma en que pueden funcionar -agrega-. Nadie más o menos equilibrado tolera a otro que le demande presencia las 24 horas, que se le cuelgue como si de eso dependiera su propia existencia."

Otro aspecto que, según la psicóloga, funciona de manera más aceitada a esta edad cuando la relación es buena es la confianza mutua y el diálogo. Y dice también que ya no se recurre a estrategias como los celos para llamar la atención del otro. "La consigna no es destruirse en una discusión, aunque eso no quiere decir que no se discuta", advierte.

"El amor de la madurez -coincide Sánchez Bodas- muestra un acercamiento en afinidad y similitudes. Cuando se pasa la barrera de los 50 es más importante estar cerca del otro que seguir con la lucha de los sexos, la competencia y el egoísmo."

¿Y qué pasa con el sexo? "Hay cuestiones biológicas que condicionan -dice Sánchez Bodas-, pero cuando se vive un amor maduro se superan."

"La sexualidad tiene que ver con la relación entre las personas, no con la capacidad física -agrega Fernández-. Si conservan el gusto por estar juntos, disfrutarán de una sexualidad creativa, gratificante y llegarán a una intimidad muy profunda."

Empezar de nuevo

Eso, por supuesto, si la relación ha salido victoriosa de uno de sus grandes enemigos: el aburrimiento. "Si la pareja no solucionó conflictos previos -afirma Sánchez Bodas-, el tedio puede aparecer cuando los hijos son grandes o se fueron y tanto el varón como la mujer se sienten distantes y poco atractivos. En estos casos, aumenta la posibilidad de la infidelidad."

Después de los 50, claro está, también es posible comenzar de nuevo. "Pero es importante haber resuelto frustraciones anteriores -agrega Sánchez Bodas-, algo no tan fácil si se tiene en cuenta que tanto hombres como mujeres se quejan de las exigencias y temores que encuentran en el otro sexo al buscar nueva pareja."

Pisanelli, siempre distante de las generalizaciones, dice que nada garantiza que una nueva relación no signifique tropezar otra vez con la misma piedra. "Y eso pasa a cualquier edad -asegura-. Puede que alguien diga que se va a cuidar esta vez, para intentar no padecer lo padecido. Y que sea una buena intención. Pero los psicoanalistas tenemos el consultorio lleno de pacientes que se preguntan: ¿por qué me pasa esto si es justo lo que no quería? ´ .

Por Gabriela Navarra De la Redacción de LA NACION
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