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Perfiles/ Los elegidos para el ballotage

El patagónico que pegó el gran salto

Política

Néstor Kirchner jamás pensó en pelear la Presidencia en 2003 y mucho menos evaluó la idea de emprender esa batalla de la mano de Eduardo Duhalde.

Paradojas de la política: el proyecto político a gran escala del gobernador de Santa Cruz estaba previsto sólo para 2007. Pero la crisis desatada con la caída de Fernando de la Rúa aceleró sus tiempos. También tuvo que modificar sobre la marcha su discurso político. Es que Kirchner comenzó su campaña proselitista con duras críticas al gobierno de Duhalde y terminó elogiando a la actual gestión, al punto que para sumar votos anunció que mantendrá al ministro de Economía, Roberto Lavagna, en su eventual gobierno.

Para este abogado de 53 años que fue tres veces gobernador de Santa Cruz y mantiene el control provincial del distrito desde 1987, cuando fue intendente de Río Gallegos, buena parte de su carrera política resulta paradójica: cuestionó a Menem por imponer la reelección presidencial, pero hizo lo mismo en su provincia.

Es que aunque en 1994 mandó a sus legisladores a votar en contra de la reforma constitucional que promovió la reelección de Menem, un año más tarde modificó la Carta Magna de su provincia para imponer una cláusula de reelección indefinida del gobernador, lo que le permitió retener por tercera vez el control del Poder Ejecutivo santacruceño. Está claro que cada una de las elecciones la ganó con el 50% de los votos.

Otra contradicción del candidato presidencial del oficialismo: durante su campaña pregonó un discurso netamente progresista y cercano a la izquierda. Pero sus enemigos le cuestionan un manejo "conservador" de Santa Cruz. Parte de esta crítica tiene que ver con los ingresos obtenidos por las regalías petroleras de su provincia, de los cuales sacó del país 527 millones de dólares y los depositó en un banco del Gran Ducado de Luxemburgo. "Prefiero preservar ese dinero hasta que se aclare esta tremenda crisis. Uno siempre tiene que tener un ahorro", dice a modo de excusa.

Casado con la aguerrida senadora peronista Cristina Fernández, con quien tuvo dos hijos (Máximo y Florencia), en 1976 Kirchner se recibió de abogado en la Universidad Nacional de La Plata. Militó en el PJ desde joven, donde integró las filas de la Juventud Peronista.

Desde 1991 se jacta de pagar en Santa Cruz los salarios de estatales y de docentes más altos del país. También pregona tener en su distrito los mejores índices sociales del país. Pero la oposición dice que maneja una economía rica en recursos naturales y mínima en habitantes: 180.000 habitantes en 243.000 km2.

Sus enfrentamientos con Menem y con Duhalde son históricos. En 1994, Kirchner fue convencional constituyente y cuestionó por doble partida al entonces presidente y al gobernador bonaerense. La coparticipación federal de impuestos era su caballito de batalla. Criticaba a Menem por no ampliar el porcentaje de impuestos coparticipables y a Duhalde por recibir $ 600 millones anuales por el fondo del conurbano.

En 1996, Kirchner fundó la denominada Corriente Peronista. Allí logró alinear a los dirigentes del PJ que cuestionaban el modelo neoliberal de Menem. Pero más tarde, los gobernadores del Frente Federal y el propio duhaldismo le hicieron un vacío.

Desde entonces mantenía una dura puja con Menem y con Duhalde. El enfrentamiento con este último llegó el año pasado a su punto máximo. Fue cuando dispuso el avión de la gobernación para que el senador Lázaro Chiappe (Liberal de Corrientes) pudiera llegar a tiempo a la Capital para votar en contra de la reforma a la ley de subversión económica requerida por el FMI.

A mediados del año último cuestionó a Duhalde cuando éste lanzó un explícito apoyo a la candidatura presidencial de José Manuel de la Sota.

Luego llegó el tiempo de la reconciliación. Las encuestas le daban mejor a Kirchner y el Gobierno le soltó la mano al mandatario cordobés para abrazar al santacruceño.

El último cortocircuito Duhalde-Kirchner se dio por las críticas que el santacruceño hizo al senador Luis Barrionuevo y en contra de la opinión presidencial impulsó su destierro de la Cámara alta. Enojado por ello, Duhalde dijo a sus íntimos: "Nunca vi a un delfín que traicione antes de las elecciones". .

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