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El mercado de los bonos verdes

Como un aporte a la mitigación del efecto invernadero, el secuestro de carbono en bosques cultivados tendría valor económico y eso promoverá proyectos productivos sustentables

Sábado 10 de mayo de 2003

Parecería caprichoso referirse al calentamiento global e intentar una explicación sobre el Protocolo de Kyoto en un suplemento dedicado al sector agropecuario. Sin embargo, es desde la producción rural que se puede contribuir a mitigar los efectos del cambio climático y al mismo tiempo ingresar en un mercado que cotiza ese aporte ambiental. Hablemos claro. En un futuro cercano, la captura y almacenamiento de gases de efecto invernadero en bosques implantados de países que, como la Argentina, no tienen obligación de reducir esas emisiones supondrá un incremento de la rentabilidad por la venta de certificados que avalen tal contribución.

Según el Protocolo de Kyoto (firmado en 1997 en esa ciudad japonesa), una de las alternativas que tienen los países industrializados y en transición (incluidos en el Anexo I) para mermar el daño que provocan a la atmósfera es financiar proyectos de reducción de emisiones o de secuestro de carbono en países en desarrollo. Este tipo de iniciativas está inscripto en lo que se llama Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) y, en el segundo caso, comprende a la forestación y reforestación.

El MDL posibilita el acceso a financiamiento y transferencia de tecnología para la implementación de estos proyectos, y al mismo tiempo permite la transacción de certificados de reducción de emisiones de carbono. La reglamentación para obtener estos certificados y el precio de los mismos no está completamente definida.Uno de los objetivos del MDL es contribuir a estabilizar la concentración de gases de efecto invernadero en un nivel no perjudicial al clima.

Para que los forestadores de la Patagonia puedan participar en el mercado de los "bonos verdes" el INTA Bariloche cuantificó la capacidad de captura de carbono de las plantaciones de pino, de los bosques nativos de ciprés de la cordillera y de los pastizales naturales de la región. El área de estudio se extendió en una franja paralela a la cordillera de los Andes, desde las cercanías del lago Curruhué, Neuquén, hasta el lago Epuyén, en Chubut. Para estimar el contenido de carbono de los bosques, se extrajeron árboles completos además de raíces completas de pino. Se obtuvo el peso seco total, asumiéndose que la mitad de materia seca está constituida por carbono. Con estos datos se ajustaron ecuaciones que relacionan el contenido de carbono con el volumen de fuste de los árboles del rodal. Según se constató, una hectárea de pino ponderosa almacena entre 4 y 5 toneladas de carbono por año.

Sobre la base de esta información los técnicos indican que la tasa interna de retorno, que llega al 10% con buen manejo y promoción forestal, podría alcanzar el 15% si se agrega el pago de la captura de carbono.

"La rentabilidad comparada entre la ganadería vacuna de cría y la plantación de pinos se calculó a través del análisis de costo-beneficio de cada actividad, expresada como ingreso equivalente anual y tasa interna de retorno. Para ello se desarrollaron modelos de producción de las actividades bajo escenarios alternativos de sitio, calculándose la producción de madera o carne al horizonte de análisis", explican Tomás Schlichter y Pablo Laclau, los técnicos que llevaron adelante este estudio. Estos modelos se basaron en información secundaria, relevamientos de campo para estimación de biomasa y crecimiento forestal y consultas directas a productores y técnicos.

Las plantaciones de pino en las condiciones actuales de producción competirían favorablemente con la ganadería vacuna en sitios donde la aptitud forestal es alta. Sin embargo, en sitios menos aptos, o bien de alta productividad ganadera, esta última actividad podría resultar más rentable.

Múltiples beneficios

"El potencial aumento en los ingresos a través de la venta de carbono secuestrado mejora sensiblemente la competitividad de las plantaciones en estos casos, contribuyendo adicionalmente a otros beneficios privados y sociales, tales como la contención de la erosión, la diversificación económica o la multiplicación del empleo", señalan en su informe.

Para el área considerada en este estudio, este potencial económico de desarrollo de plantaciones podría ampliarse desde 50.000/80.000 ha de sitios más aptos, hasta unas 350.000/400.000 ha de sitios de menor aptitud, actualmente con pastizales naturales.

Teniendo en cuenta los procesos de desertificación vinculados con un inadecuado manejo ganadero y la descapitalización actual de los campos, las ventajas económicas del manejo forestal por plantaciones de pinos -reemplazando o complementando la ganadería, según caso- deberían constituir un importante cúmulo para un cambio de uso de la tierra más equilibrado.

"Para que un productor ganadero tradicional reconvierta parcial o totalmente su explotación forestal -explican los expertos- los beneficios esperados deberán ser sensiblemente mayores que los de la actividad que resigna, puesto que pierde liquidez y know how, a la vez que asume nuevos riesgos y disminuye su rotación de capital. En este sentido, la incorporación del secuestro de carbono en el negocio forestal tendría positivo impacto para la actividad en sitios con uso ganadero alternativo."

Los técnicos buscan generar información con base científica para cuando el mercado de "bonos verdes" funcione, es decir, cuando el Protocolo de Kyoto sea reconocido por los países que producen al menos el 55% de las emisiones de gases perjudiciales y que se defina la normativa internacional para que los proyectos forestales sean reconocidos como "sumideros de carbono".

La cuantificación de la captación y almacenamiento de carbono en los árboles y la evaluación de su permanencia o de su pérdida en el tiempo es un desafío para la ciencia y para la producción, e introduce en el mercado la noción de valor del servicio ambiental que brindan los bosques de cultivo. En este sentido, explica Laclau, el conocimiento favorece la inversión, pero más allá de eso significa, en sí mismo, valor agregado.

Por ahora el mercado de estos certificados es informal. Los precios de la tonelada de carbono son tan dispares que aún no sirven de referencia.

Por otra parte, la discusión sobre los sumideros de carbono no ha avanzado más allá de la polémica. Las ONG advierten que este mecanismo sería una forma de eludir el cambio tecnológico en las naciones industrializadas, que aportan el mayor porcentaje de gases perjudiciales a la atmósfera. Alarman, además, sobre el riesgo de que los bosques de cultivo (que captan carbono más rápido) avancen sobre las áreas de bosque nativo.

Dónde buscar información

¿Cómo se prepara la Argentina para participar en ese mercado? En 2001 se creó la Oficina Argentina para el Mecanismo de Desarrollo Limpio, que depende de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable. Allí puede obtenerse toda la información sobre las normas que deberán cumplir los proyectos de secuestro o ahorro de carbono y gestionar la aprobación de éstos para comercializar los certificados con empresas de los países del Anexo I.

En opinión de Carlos Merenson, secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable, la reglamentación internacional es compleja y onerosa, por lo que resulta un verdadero "desincentivo". Por ahora, se nota mayor interés en proyectos de reducción de emisiones (de sustitución de combustibles fósiles y de uso de energías renovables, entre otros) porque la normativa ya está definida, mientras que todavía se avanza en la redacción final de la reglamentación de los proyectos forestales incluidos en el MDL (entre otras razones porque el secuestro del carbono no es permanente).

En opinión de Martín Aguerre, gerente de la Asociación Forestal Argentina (AFOA), las certificaciones de manejo sustentable que hoy gestionan muchas de las empresas del sector son un buen antecedente para insertarse en el mercado de los bonos verdes, que justamente promueve prácticas respetuosas del medio ambiente.

Por Analía H. Testa De la Redacción de LA NACION

Aspectos que deberán ser evaluados

¿Qué aspectos considerar para cuantificar el stock y el almacenaje de carbono en los bosques cultivados? Pablo Laclau, técnico del INTA en San Martín de los Andes, indica las prioridades al evaluar un proyecto:

1) Conocer la superficie forestal.

2) Conocer la "línea de base", esto es, cuánto carbono secuestra un sistema en una zona y cuánto le aportaría la plantación.

3) Estimar el secuestro anual de carbono durante el desarrollo del proyecto forestal (su acumulación en el tiempo y las pérdidas o fugas, para lo que será necesario tener estadísticas de riesgos de incendios, por ejemplo).

4) Asegurarse la permanencia del secuestro de carbono a largo plazo (esto significa reforestar a medida que el bosque va cumpliendo su ciclo).

Bosque nativo v. implantado

Frente a la alarmante propaganda de las ONG, Laclau señala que en la Argentina existe suficiente disponibilidad de tierras con aptitud forestal que no compiten con áreas naturales de valor, tanto en el centro como en el sur del país. De manera que aquí la ambición por forestar con especies exóticas para captar el carbono a mayor ritmo no sería necesariamente un incentivo a la desforestación.

Un ejemplo de ello es un convenio reciente entre el Instituto de Suelos del INTA Castelar y una cooperativa que suministra electricidad en el noroeste de Buenos Aires, para la búsqueda de información a partir de la cual implementar en esa zona un proyecto forestal destinado a la mitigación del efecto invernadero.

El área de trabajo comprende casi 4 millones de hectáreas en los partidos de Trenque Lauquen, Daireaux, Pehuajó, Carlos Casares, Guaminí, Bolívar, Yrigoyen, 25 de Mayo, Bragado y Nueve de Julio. El objetivo de la búsqueda de información será promover la reconversión de los productores agropecuarios del área.

El impulso que tomaría la forestación en la Patagonia, por el interés de los productores en participar del mercado de bonos verdes, "cambiará la imagen de la región", evalúa Enrique Gštz, forestador y vicepresidente de la Fundación Vida Silvestre.

El empresario destaca la importancia de crear bosques polifíticos (combinando especies nativas y exóticas) en zonas que durante años vienen sufriendo la desertificación y advierte el valor de la reserva de madera que podría crearse.

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