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Banda gástrica: los pros y los contras de la cirugía de la obesidad

Alrededor del 70% de los pacientes logra perder la mitad de su exceso de peso

Jueves 29 de mayo de 2003

Un paso más allá del fracaso de las dietas, los fármacos y la actividad física, allí donde están los pacientes que no logran emprender el camino de vuelta a un peso saludable, se encuentran las cirugías para la obesidad, cuyo más reciente exponente es la banda gástrica ajustable.

"En estos pacientes, la cirugía no es la mejor opción para la obesidad... es la única cuando los demás tratamientos han fracasado", dijo a LA NACION el cirujano colombiano Natan Zundel, vicepresidente de la Asociación Latinoamericana de Cirujanos Endoscopistas (Alace), que ha realizado más de 1300 implantes de banda gástrica.

Claro que este dispositivo, cuya finalidad es reducir la capacidad estomacal de los pacientes permitiendo que se sientan "llenos" al comer poco, no es la respuesta para cualquier persona que quiera perder kilos. Está indicado sólo para los que tienen un índice de masa corporal -esto es, el peso de la persona dividido por su altura al cuadrado- mayor de 40, o mayor de 35, pero en presencia de afecciones asociadas con la obesidad, como la diabetes o la hipertensión.

Graciela Señas, de 50 años, bajó cuarenta kilos después de la cirugía
Graciela Señas, de 50 años, bajó cuarenta kilos después de la cirugía. Foto: LA NACION / Marcelo Omar Gómez

Si la indicación es correcta, la banda resulta exitosa en alrededor del 70% de los casos, entendiendo el éxito de esta terapéutica como la perdida de la mitad del sobrepeso del paciente y su mantenimiento por diez años. Pero lo que no siempre se dice de la banda gástrica es que integra un tratamiento que comienza meses antes de su colocación, y cuyo final suele resultar incierto.

"Se espera que el paciente al que se le coloca la banda gástrica y que luego es tratado por un equipo interdisciplinario (integrado por nutricionistas, endocrinólogos, psicólogos, psiquiatras, entre otros) haya aprendido hábitos alimentarios saludables al término de cincos años, por lo que en teoría se le podría sacar la banda. Aun así, normalmente se le recomienda seguir en tratamiento", señaló el doctor Zundel.

La banda gástrica, bien vale aclararlo, no es mágica. "Los pacientes vienen al consultorio buscando algo mágico que les permita evitar el esfuerzo de un tratamiento para bajar de peso -apuntó-. Sin embargo, la banda ayuda, pero no sirve de nada si la persona no respeta el tratamiento. A esos pacientes que buscan magia es mejor no operarlos."

Esfuerzo y sacrificio

Graciela Señas hoy pesa 78 kilos, hace tres años pesaba 118. "Había hecho todas las dietas y los tratamientos para adelgazar, pero nunca lograba mantenerme y al tiempo volvía a subir de peso -recuerda Graciela, de 50 años-. A los dos meses de que me colocaron la banda gástrica, ya había bajado 15 kilos. Los médicos quieren ahora que baje a 63, pero creo que con llegar a 68 voy a estar perfecta."

Con los kilos perdidos hasta la fecha, Graciela no sólo debió renovar su guardarropas con prendas varios talles menos. Hoy ha vuelto a uno de sus pasatiempos preferidos, caminar: "Me siento más ágil, no me canso y ya no me duelen ni se me hinchan las rodillas -cuenta-. Además, pude animarme a hacer un montón de cosas: a nadar, a hacer gimnasia y hasta a ir a una entrevista de trabajo".

Pero el descenso de peso no fue mágico, Graciela debió poner bastante de su parte y realizar varios sacrificios. "Durante los dos primeros meses posteriores a la operación tuve que hacer dieta líquida, y después poco a poco volví a comer normalmente, pero menos", dice.

Sucede que la banda gástrica reduce drásticamente la capacidad del estómago, que en una persona obesa puede ser de dos litros o dos litros y medio, y que con el tratamiento pasa a ser de 40 a 100 mililitros. ¿Resultado? La persona come poco y se siente saciada. Pero esto, en la práctica, tampoco suele ser tan fácil.

"Muchos pacientes con banda, como es mi caso, no podemos comer y tomar líquidos al mismo tiempo; tampoco podemos tomarnos un vaso de agua de golpe, porque sentimos como si nos ahogáramos -explica Graciela-. Por otro lado, también tuve que dejar de comer carne, porque siempre me caía muy mal. Pero prefiero convivir con la banda que con la gordura", aclara.

Lo que resulta evidente es que modificaciones tan profundas en los hábitos alimentarios requieren que el paciente al que se le coloca la banda tenga contención y seguimiento adecuados desde lo psicológico.

Pacientes tramposos

Uno de los peligros latentes de estos tratamientos, señala la doctora María del Carmen Burgui, "es pasar de un trastorno alimentario, como es la obesidad, a otro, como la bulimia o la anorexia".

Como integrante del Equipo de Obesidad Mórbida del hospital Vélez Sarsfield, esta médica cirujana que lleva colocadas entre 140 y 150 bandas gástricas, ha tenido la oportunidad de ver qué pasa cuando el paciente accede al tratamiento sin una buena contención psicológica.

"El problema más grave es el paciente transgresor, aquel que transgrede las indicaciones y come más de lo que debe comer, lo que hace que la banda se dilate -asegura-. Para peor, como estos pacientes no pueden comer mucho, porque cuando se exceden les duele, algunos comen y vomitan para poder comer más, y de esa forma pueden volverse bulímicos."

Según esta especialista, "si se realiza una buena evaluación previa del paciente y logramos luego un buen enganche desde lo psicológico, esto pasa. Desgraciadamente, la salud mental es el primer bache en el enfermo hospitalario; en nuestro hospital, por ejemplo, sólo hay cinco psicólogos".

El fracaso del tratamiento debido al incumplimiento del paciente -que puede representar entre el 10 y el 20% de los casos- no sólo ocurre dentro del ámbito hospitalario público. Es más, el afán de lucro de algunos médicos poco escrupulosos más de una vez los lleva a realizar este tipo de tratamientos en pacientes que buscan magia donde no hay.

"Muchos de estos pacientes aprenden rápidamente a hacerle trampa a la banda -asegura Zundel-. Como en algunos casos el líquido pasa de largo y no genera saciedad, yo he tenido pacientes que han llegado a acostumbrarse a licuar pizza para poder comerla en grandes cantidades."

Y quienes hacen trampa están perdidos, pues como ya hemos dicho la cirugía de la obesidad constituye la última línea de tratamiento.

Por Sebastián A. Ríos De la Redacción de LA NACION

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