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Funciones de las fuerzas armadas

Opinión

Por Néstor J. Cruces
Para LA NACION

En épocas de probable confusión institucional es bueno recordar que, según una visión clásica, en las fuerzas armadas es posible distinguir dos clases de funciones: en primer término, las primarias o evidentes, y luego otras, no tan visibles, menos fácilmente explicables, que se podrían denominar secundarias.

Entre las funciones primarias está, en primer lugar, combatir. Sus corolarios son la preparación para la guerra y el estado de alistamiento. Este "velar las armas" puede producir la disuasión, tan cara a los afectos de todos, ya que logra el efecto defensivo sin derramamiento de sangre ( si uis pacem, para bellum ). Es bien conocida la lógica de la disuasión. Si un eventual oponente llega a la conclusión de que una acción militar le resultará altamente gravosa en términos de vidas y efectos, con una baja probabilidad de victoria, se abstiene en general de realizarla. Para ser disuasivas, entonces, las fuerzas armadas deben conservar un adecuado nivel de excelencia combativa. Si, por el contrario, algún tipo de falso pacifismo unilateral lleva a debilitarlas imprudentemente, entonces las probabilidades de tener algún día un conflicto armado aumentan, dado su escaso poder de disuasión.

¿Habrán alterado la globalización y el nuevo orden internacional (con apenas trece años de vigencia) esta visión clásica, fraguada en milenios de experiencia y también de dolor? La Pax Romana duró cinco siglos y un siglo la Pax Britannica . ¿Cuánto durará la Pax Americana en caso de consolidarse? ¿Es incoherente trabajar sincera y constructivamente por la paz y al mismo tiempo estar preparados razonablemente para la defensa?

La otra función primaria de las fuerzas armadas es mantener el orden, ejerciendo para ello el monopolio de la violencia legítima. Esta función no es fácil de exponer, toda vez que puede confundirse con la misión de las policías, pero también es clásica en la visión de pensadores como Max Weber y otros contemporáneos de la Sorbona.

Por mantenimiento del orden se debe entender aquella función en la cual las fuerzas armadas, subordinadas al poder civil, reciben de este último la orden de actuar en algún caso extremo, en que la vigencia de la Constitución y las leyes, o aun la existencia misma del Estado, se vea amenazada desde el interior del país. Las fuerzas armadas deben entonces cumplir la orden de los poderes constituidos y actuar en el medio interno, que aparentemente no les es propio. Va de suyo que este recurso extremo será utilizado por el poder constituido cuando hayan sido sobrepasadas todas las otras alternativas disuasivas y represivas con que cuenta el Estado.

Esta función es extremadamente delicada, pues su ejercicio tiende a politizar y debilitar las fuerzas armadas como instrumentos de defensa exterior y poner en marcha, por otro lado, mecanismos psicológicos y sociológicos que podrían concluir en golpes de Estado. Pero, en todo caso, es válido destacar que las fuerzas armadas colaboran en el mantenimiento del orden por su simple existencia, desempeñando aquí también un rol disuasivo del mismo modo que frente al posible enemigo externo. El monopolio de la violencia legítima tiene un valor que mejor podrían testimoniar quienes hayan vivido en medio de la anarquía y la libanización de sus países.

Entre las funciones secundarias se pueden mencionar las de soberanía e integración nacional, y dinamización de la economía y la tecnología. La función de soberanía e integración nacional es menos evidente en países maduros, en los que las fuerzas armadas son un servicio público con poca presencia cotidiana. En los países latinoamericanos, las fuerzas armadas evocan y refuerzan muchas veces la idea común de soberanía, a la par que constituyen un elemento de integración nacional.

Dinamizante de la economía

Contribuyen de este modo a estabilizar el Estado y la Nación, especialmente en países de extenso territorio, distantes del Primer Mundo, con numerosa y heterogénea inmigración, dilatadas fronteras, despareja densidad de población, etcétera. En este sentido cumplen todavía, en algunas regiones, funciones casi colonizadoras.

La función secundaria de dinamización de la economía y tecnología es mucho más visible en aquellos países que han integrado inteligentemente las necesidades logísticas de sus fuerzas armadas con la promoción y desarrollo de ciertos sectores industriales. Es posible criticar la forma en que esta actividad se ha desarrollado entre nosotros, y proponer también eficaces soluciones aplicables hoy en día. Pero el mal uso que hemos hecho en la Argentina del poder de compra de las Fuerzas Armadas no invalida que éste pueda ser utilizado como dinamizante de la economía y tecnología. Para eso no hace falta ser una superpotencia, como lo demuestran los ejemplos de Brasil y Chile, que comenzaron a desarrollar su industria militar mucho después que nosotros y hoy nos superan cómodamente.

Finalmente, se puede decir que tener fuerzas armadas y no planificar en ellas el largo plazo, con una percepción clara de sus funciones primarias y secundarias, es una de las tantas formas de dilapidar recursos que podrían contribuir mucho más, dentro de su especificidad, al bien común.

Néstor J. Cruces es director del Instituto de Defensa de la Fundación Novum Millennium.
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