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Antiguas cosechadoras todavía se ven trabajando en los campos

Campo

La demanda supera ampliamente a lo que se puede fabricar

CORDOBA.- En la mayoría de los concesionarios virtualmente "volaron" las vetustas trilladoras que habían recibido en alguna oportunidad como parte de pago por un nuevo modelo de cosechadora.

El fenómeno se reflejó luego en los campos: esta temporada se vio, con más frecuencia que nunca, a máquinas que algún improvisado podría considerar "de colección" por su antigüedad.

Este dato no es para festejarlo y tampoco para suponerlo emparentado con un "boom" espectacular, sino que desnuda el déficit y el ostensible atraso de renovación del parque de cosechadoras en la Argentina, un verdadero cuello de botella que debe enfrentar la creciente producción agrícola.

Varios concesionarios consultados por LA NACION certificaron que este año la mayoría vendió la casi totalidad de las "usadas". Hasta no hace mucho afeaban la estética de los locales: ciertamente cabía preguntarse quién podía llevarse fierros tan viejos. Y sin embargo, "el stock se nos agotó", graficó un vendedor.

Contó que por lo general los compradores buscaron equipos "del 90 hacia arriba", pero que también hubo quien se conformó con "una Magnano del 80", que fabricaba una empresa ya extinguida con la que alguna vez estuvo vinculado el ex ministro Domingo Cavallo. Se colocó a 300 quintales de soja a pagar en dos cosechas. Otras, apenas un poco menos vetustas, se negociaron a 400 quintales.

Ocurrió que las fábricas de cosechadoras radicadas en el país y las marcas que importan tuvieron una demanda que las tomó de sorpresa, que devino en demoras en las entregas. Complicaciones climáticas en parte del ciclo de recolección acentuaron el problema.

Aparte, en el caso de Córdoba, el área implantada con soja se incrementó. Precisamente, se acaba de confirmar que la provincia alcanzó un récord de producción: rozó los 10 millones de toneladas.

El tema estuvo presente en la reciente AgroActiva, que se escenificó en un campo cercano a la ciudad de Córdoba y fue bastante conversado entre fabricantes, productores y técnicos, porque están quedando muchos millones de dólares en el campo y en las etapas de poscosecha a punto tal que han justificado el relanzamiento del Proyecto Propeco del INTA, abarcativo ahora de los dos tramos del proceso.

El ingeniero Mario Bragachini, que guarda en su cabeza una asombrosa cantidad de datos, señaló que las pérdidas en cosecha, después de los avances logrados hace diez años, siguen clavadas en 166 kilos de granos de por hectárea. Esto es, 375 millones de dólares que no se recogen.

Cálculos

Técnicos de una fábrica argentina comentaron que sus colegas del INTA se quedan cortos. El mismo Bragachini se puso a revisar sus trabajos cuando al inspeccionar un campo en Justiniano Posse -una zona agrícola privilegiada y con productores tecnológicamente avanzados- se encontró con pérdidas "de 7 a 8 quintales por hectárea", comentó a LA NACION esta semana, ya pasada la megaexposición.

Como no presenció el momento de la cosecha, interpretó que podía obedecer a dos causas: a una máquina vieja o a un exceso de velocidad. Este último es otro rasgo que confirma el déficit de máquinas, que obliga a apresurar la labor para tratar de llegar a todos lados. Aun tomando como base los 166 kilos de pérdida, esforzarse en reducir a la mitad ese desperdicio permitiría financiar la compra anual de 500 cosechadoras, ayudando a cubrir el déficit actual. En los cinco principales cultivos agrícolas las pérdidas en cosecha ascienden a 538 millones de dólares, subrayó Bragachini. De ahí en adelante hay que sumar alrededor de un 8% de pérdidas en poscosecha. .

Por Juan Carlos Vaca Corresponsal en Córdoba
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