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Rolando García "Hay que hacer un país distinto"

A los 84 años, es una leyenda de la ciencia nacional. En los sesenta fue uno de los creadores del Conicet, pero luego debió radicarse en el exterior. Ahora volvió para presentar su libro La construcción de lo posible

Domingo 08 de junio de 2003
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LA NACION

Me habían dicho que Rolando García es un personaje difícil . Pero el hombre vital y sonriente que abre la puerta de su departamento de la calle Juncal exhala una calidez superlativa. A los 84, García es casi una leyenda de la ciencia nacional. Fue el célebre decano que transformó la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires entre 1957 y 1966, vicerrector de la misma universidad y vicepresidente fundador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), junto con el doctor Bernardo Houssay.

Encarna una época de la Argentina. De abuelos inmigrantes ("esos que venían en un barco de tercera clase, con un atadito colgando de una caña") quedó solo con su madre a los cinco años y empezó a trabajar a los 14. Fue físico de formación -especializado en el estudio de la atmósfera- y el único universitario de la familia.

En 1966, cuando se intervino la UBA, se vio forzado a emigrar. Estuvo en Ginebra y trabajó en diversos programas de las Naciones Unidas. A partir de 1979, junto con su mujer, la investigadora argentina en psicolingüística Emilia Ferreiro, y sus dos hijos, decidió volver a América latina y se radicó en México, donde hasta hoy es profesor en la Universidad Nacional.

Esta mañana, la luz entra a borbotones por los ventanales.Vino a presentar un libro de testimonios que rescata la experiencia de la UBA entre 1955 y 1966 ( La construcción de lo posible , Libros del Zorzal, 2003). Está de buen ánimo -"Cuando vengo a Buenos Aires me cambia la cara", confiesa- y el diálogo se prolonga. Para algunos, su posición podrá resultar provocativa, pero no puede negarse que por su estatura intelectual merece conocerse.

-¿Cómo se produjo su tránsito de la física a la epistemología?

-Bueno, yo había estudiado mucho aquí a Bertrand Russell, y luego tuve la oportunidad de viajar a Ginebra, donde conocí a Jean Piaget. Eso me produjo una revolución mental. Fue con él que empecé a analizar el contexto social. Cuando digo que la ciencia es una institución social, me refiero a que está conformada por una cierta cultura, que se da en un período y un lugar determinados. Por eso hay una ciencia china, una ciencia hindú y una ciencia occidental que ha ido cambiando, desde la escolástica hasta Newton y la ciencia moderna. Todos esos cambios los analizo dentro de su contexto social.

-¿Por ejemplo?

-En el período que va desde la Alta Edad Media hasta Newton se da un juego alternativo entre la filosofía, la teología y la actividad científica, donde todas ellas cumplen distintos roles en cada momento. Hay cambios y cambios profundos. A Galileo, la Iglesia católica lo condena porque se mete con los astros, que forman parte del dominio de la teología. Pero a Newton la Iglesia Anglicana lo glorifica. Entonces, se predica por primera vez la ciencia desde los púlpitos. En lugar de decir "esto es un misterio teológico", la Iglesia Anglicana dice "esto es obra de Dios, Dios hizo el mundo, estableció sus leyes, y no sólo es derecho, sino obligación del científico analizar la armonía del mundo y la grandeza de Dios, y descubrir sus leyes". Son dos concepciones distintas que explican por qué Galileo estuvo restringido y Newton recibió un apoyo total. Yo analizo cómo se va condicionando -no determinando- el desarrollo de la ciencia. Encuentro que es un lugar interesantísimo desde el cual estudiar las raíces y la construcción del conocimiento.

-En la actualidad, ¿cuáles son esos condicionamientos?

-Internacionalmente, es un momento muy difícil. La ciencia ya no se rige desde la Unesco, lo que es un disparate. Inglaterra y Estados Unidos se retiraron aduciendo que se administraba mal, pero en realidad quisieron tener independencia para hacer sus aportes, que el voto de un norteamericano y el de un africano no valieran lo mismo, porque ellos ponían el dinero y además eran cultos, los otros no. Así, quien rige hoy lo que se hace en ciencia no es más la Unesco, sino el Banco Mundial.

-¿Cuando dice que lo que se está haciendo es un desastre, a qué se refiere?

-Le doy un ejemplo: el director del Banco Mundial lo llama the bank of knowledge , el banco del conocimiento. ¿Pero qué conocimiento están apoyando? El que va dirigido a la empresa, al mercado...

-¿Se forman científicos con un perfil pragmático?

-Fíjese que en inglés no se puede decir formar un científico o formar un filósofo : ellos hablan de desarrollar habilidades . Yo me enojo mucho con nuestros pedagogos cuando hablan de desarrollar habilidades y destrezas. Habilidades y destrezas se requieren en el circo, en el deporte, en las artesanías. Pero formar un científico no es desarrollar habilidades y destrezas... Esas frases revelan la orientación que prevalece: quiere decir que se entrena a la persona en cierto tipo de orientación. Y las orientaciones hoy las marca el mercado.

-Hay quienes consideran que eso es positivo...

-Los investigadores hoy están tan metidos en su tema que obtienen un doctorado o un posdoctorado, pero son analfabetos en ciencia. Yo escuché decir a un científico distinguidísimo que hacía treinta años que no leía un libro que no fuese de su especialidad... Conocen técnicas, teorías, conocen su campo a la perfección y hasta pueden sacar el premio Nobel, pero jamás han pensado en qué es la ciencia, el método científico, no entienden qué está pasando.

-¿Qué pasa?

-Educación para la tecnología, eso pasa. Hay una educación básica que proclama que hay que saber leer los manuales para apretar las teclas correspondientes. Vivimos en un mundo regido por el mercado.

-En la Argentina los fondos disponibles para la ciencia son tan escasos que tanto la investigación pura como la aplicada deberían ser bienvenidas, ¿no le parece?

-Mire, ¿a quién pusieron aquí de ministro de ciencia y tecnología en un momento dado? A un ministro de Relaciones Exteriores. ¿Cuál fue el plan? Comprar computadoras. ¿Y qué pasó en México? Compraron computadoras. Los grandes planes son poner computadoras en todas las escuelas, pero con computadoras no se forma nadie. Con computadoras no se forma la gente. Lo que está ocurriendo es la mecanización y la destrucción de la cultura. La cultura de las computadoras está bien, son utilísimas, todos usamos Internet y todo eso... pero se está matando la ciencia básica.

-Sin embargo, ya en 1968, Oscar Varsavsky insistía en que había que desarrollar la ciencia aplicada...

-Bueno, el fue uno de los primeros en hacer un modelo matemático de la ecomonía. ¡Y claro que hay que hacer esas cosas, pero no basar todo en eso! Yo no estoy en contra de la ciencia aplicada, en absoluto. No estoy en contra de la economía, o de los modelos económicos... Ese es otro punto muy grave: no hay teoría económica. Por ejemplo, los economistas no pudieron prever la crisis de Japón, quedaron totalmente desorientados. Por eso surgió ese chiste que recorrió el mundo. Decía que el primer economista fue Cristobal Colón: salió sin saber adónde iba, llegó y no sabía dónde estaba...

-¿Qué se necesita, a su juicio, para desarrollar la ciencia en la Argentina?

-Con el 30 por ciento de la población en la miseria, un porcentaje enorme de desocupados, ¿qué vamos a hacer?, ¿una elite científica? Es cierto que de las elites pueden salir personas extraordinarias... Eduardo Braun Menéndez y Leloir lo fueron. Claro que sí, pero no son representativas del medio. Yo con nadie me entendí mejor que con Braun Menéndez sobre lo que había que hacer en la universidad, aunque naturalmente él venía de otra clase distinta de la mía. Pero era un hombre inteligente, bien formado y con una concepción de país, que es algo que se ha perdido. En la época en que nosotros estábamos en la universidad, había profesores muy conservadores, pero muy del país. Yo he sido siempre un hombre de izquierda. Nunca me he asociado a un partido político, pero, digamos, de ideas socialistas, en el sentido de una concepción de la sociedad sobre ciertas bases apartidarias. Sin embargo, con ellos nunca tuve problemas. Nuestras luchas universitarias fueron duras, pero nunca en representación de partidos políticos. Cuando después de unos años volví y vi a la universidad dividida en radicales, peronistas, pensé: "Bueno, se acabó la universidad".

-¿Cómo se puede mejorar?

-Yo creo que hay gente capaz de modificar eso, pero en un entorno de país un poco distinto. Aquel país donde trabajamos nosotros era un país con esperanzas, con futuro, con ganas de hacer. Creo que hay alternativas, pero insisto: hacer una elite científica como la universidad donde yo me formé, volver a eso, no. Se requiere un programa nacional donde la universidad y la ciencia tengan su lugar.

-¿Qué papel debe cumplir la ciencia en la vida nacional?

-La ciencia debe estar incluida en un plan nacional de desarrollo. Una de las primeras diferencias que surgieron en el Conicet fue la forma en que se organizó una comisión de subsidios y otra de becas. Houssay pidió treinta millones de aquella época, nosotros cien. El gobierno dio treinta, porque era la opinión del premio Nobel. Yo me atreví a decir que eso no era política científica, la llamo la política de las dos ventanillas : por una se reciben solicitudes y por la otra se dice aprobado o desaprobado... Con eso se hace mejor lo que se está haciendo, pero no se empieza a hacer lo que no se hace y no se modifica lo que se hace mal. Hacer política científica es otra cosa. Hoy hay varios problemas: los financiamientos están totalmente dedicados a los resultados y el nivel de competencia de los científicos es tan intenso que se olvidan del resto del mundo, porque si no publican menos papers . Además, está el problema de la educación básica, de la cual tienen que salir científicos con otra formación. Ninguno de esos problemas se puede resolver aisladamente de los otros. No se trata simplemente de aumentar la inversión en ciencia al 1% del PBI. Esa es una condición necesaria, pero no suficiente. Si no se contempla todo esto, seguimos formando máquinas científicas, cerebros científicos, pero no vamos a formar un país distinto. Y lo que hay que hacer es un país distinto.

El perfil

Hombre de ciencia

Nació en 1919. Fue maestro, docente universitario, e investigador en física de la atmósfera. Paralelamente, estudió lógica y filosofía de la ciencia con Rudolf Carnap y Hans Reichenbach.

Prestigio internacional

Mientras fue decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, impulsó numerosas transformaciones que le dieron prestigio internacional. También participó en la creación de Eudeba. Actualmente está radicado en México.

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