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El origen del pragmatismo

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EL CLUB DE LOS METAFISICOS
Por Louis Menand-(Destino)-Trad.: A. Bonnano-535 páginas-($ 32)

 
 

En 1898 Estados Unidos inicia el conflicto bélico con España por el control de Cuba y Filipinas, que representa la primera etapa expansionista de su historia e inaugura su nuevo status de potencia mundial, pero asimismo señala la fecha en la que instituye su doctrina filosófica más característica y original. En agosto de dicho año, el filósofo y psicólogo William James elige el marco de una conferencia en la Universidad de Berkeley, California, para presentar a la comunidad universitaria, y de allí al orbe cultural, la noción "pragmatismo". Aunque la denominación no agradaba a James -tampoco entusiasmó nunca al resto de sus seguidores-, con su mención y reconocimiento pretendía identificar el proyecto de pensamiento, confirmado por la experiencia como "senda apropiada", que venía marcando el paso de las creencias y de los criterios de la intelectualidad estadounidense en los últimos tiempos. Este camino, como declaró en el acto, había sido abierto veintiséis años antes por Charles S. Peirce.

En 1872 Peirce, el filósofo de la lógica, leía en la última sesión del Metaphysical Club de Cambridge un esbozo de teoría de las creencias a la que propuso calificar de "pragmática". El Club de los Metafísicos era por entonces un salón de tertulia y debate que congregaba a personajes célebres vinculados al centro universitario de Massachussets, ninguno de los cuales simpatizaba con los principios metafísicos, aunque más de uno sí disfrutaba de la ambigüedad que contenía el apelativo, a todas luces irónico, y aun malicioso. A pesar de que no disfrutó de larga trayectoria -compromisos académicos y circunstancias familiares particulares dispersaron el grupo a los nueve meses de su constitución-, la influencia dejada y, sobre todo, el valor simbólico transmitido a la actividad científica y educativa norteamericana resultaron extraordinarios.

Louis Menand, profesor de Literatura en la Universidad de la Ciudad de Nueva York y colaborador de la revista New Yorker , ha querido homenajear al club y a la generación de pensadores que perpetuó su espíritu tomándolos como título y argumento de su último libro. Junto a James y Peirce, el jurista Oliver Wendell Homes Jr. y el filósofo John Dewey desfilan como protagonistas en este ambicioso y meritorio ensayo sobre la génesis de la filosofía pragmática y su contribución en el establecimiento de las instituciones educativas -Harvard, Vermont, Johns Hopkins, Chicago- y de la ciencia moderna -la Nueva Psicología, la biología evolucionista, la filosofía, la sociología, la pedagogía- en el país, así como en la constitución de un sistema de valores y de hábitos sociales representativos: la libertad académica y de expresión, la primacía de la sociedad civil frente al Estado, la tolerancia, la vida humana como experimento social. Pero, por encima de todo, la obra se esfuerza por trazar un vívido fresco social y cultural en el que discurren asimismo personajes secundarios pero eminentes e influyentes como R. W. Emerson, Chauncey Wright y Jane Addams, junto a los eventos más notorios acontecidos en la nación americana desde 1865 hasta 1917, esto es, desde la Guerra Civil hasta la Primera Guerra Mundial.

La designación de ambos sucesos históricos no es antojadiza. La tesis fuerte de Menand sostiene que el pragmatismo fue en gran medida el producto intelectual y emocional de una creencia muy sentida en la nación desde 1865, a saber: con la Guerra Civil el viento se llevó algunos arcanos y modelos de vida aborrecibles (por ejemplo, el esclavismo), pero tras ella quedaron usos y vigencias no menos amenazadores -como el recurso al fanatismo y a la violencia para la resolución de disputas-, algunos de los cuales, de hecho, contribuyeron a llevar a "la nación hasta el borde de la autodestrucción en nombre de una abstracción" (por ejemplo, el abolicionismo). Aun con la victoria del Norte frente al Sur, nada podía borrar de la conciencia norteamericana la sensación de la derrota de todo un país, de una cultura y de un modelo de vida.

Pero se había aprendido la lección: ningún ideal emancipador queda justificado por la formulación esencial de un principio absoluto que lo sostenga. Sólo puede ser confirmado por sus resultados, y nunca más al precio de generar la división social, como muestran los casos documentados del abolicionismo fanático de John Brown, el sindicalismo antagonista de Eugene Debs o el culturalismo segregacionista y etnicista de Horace Kallen. No obstante, cincuenta años después, la Gran Guerra volvía a dividir a los intelectuales y con la Guerra Fría el influjo pragmatista retrocede. "El pragmatismo lo explica todo acerca de las ideas, excepto por qué una persona estaría dispuesta a matar por una idea", escribe Menand. No parece un balance muy esperanzador, mas tampoco debe hablarse de fracaso. "El propósito del experimento es mantener el experimento en marcha", concluye el autor.

El club de los metafísicos es un libro francamente bien escrito y ordenado con gran inteligencia, de manera que las historias paralelas de los cuatro autores destacados -Holmes, James, Peirce y Dewey- son narradas en secciones específicas, aunque haciendo referencia constantemente a encuentros y coincidencias entre ellos, para converger finalmente en los tres últimos capítulos, que ofrecen una descripción común del pragmatismo, de su significación y de sus contenidos filosóficos, culturales y políticos.

Animados por el estilo periodístico como estrategia de narración, la biografía, la historia, la crónica y el ensayo filosófico se funden en el libro con naturalidad y sin estridencias. No se trata, sin embargo, de un texto de divulgación, sino de un serio trabajo de investigación, de cuya solvencia hablan sus propias y esforzadas páginas, además del Premio Pulitzer de Historia de 2002 que lo ha distinguido y de unas notas finales, una bibliografía y un índice onomástico y analítico que cubren las últimas ochenta páginas del libro. .

F. Rodríguez Genovés ABC y LA NACION
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