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El columnista invitado

Los desvelos del próximo semestre

Opinión

Se está frenando la reactivación que se inició hace poco más de un año? Es una de las preguntas más frecuentes en la actual coyuntura económica y cuya respuesta no es sencilla. No hay señales que indiquen un cambio brusco de tendencia, pero sí hay indicios de que muchos sectores industriales siguen creciendo, pero a un ritmo menor del que lo venían haciendo. Y también hay factores macroeconómicos, y algunas incertidumbres, que permitirían especular sobre el debilitamiento de las fuerzas que impulsaron el crecimiento el año pasado.

La apreciación del peso de los últimos seis meses, superior al 20% en términos reales, obviamente ha frenado el entusiasmo exportador, especialmente entre los commodities industriales. Y también han reaparecido importaciones, especialmente desde Brasil, que vuelven, por ahora tímidamente, a competir en el mercado interno. Pero convengamos que el futuro exportador del país no puede depender exclusivamente de tener una moneda tan devaluada, que cualquiera pueda exportar, y que, en consecuencia, el producto bruto no pase de los US$150.000 millones, ni los salarios mínimos de los US$ 120.

El tipo de cambio actual, que refleja una devaluación real de más del 80% desde diciembre de 2001, debería ser más que suficiente para impulsar exportaciones y sustituir importaciones en el mediano plazo, siempre y cuando se den simultáneamente las condiciones para invertir con rentabilidad en estos proyectos productivos, y que incluyen el crédito, la eliminación de los impuestos distorsivos, y una política desde el Estado que promueva a los potenciales exportadores y obtenga el acceso a los difíciles mercados del exterior.

La caída del dólar también incide en el debilitamiento del consumo de bienes durables provenientes de las clases medias y altas. Estos sectores todavía hoy mantienen no menos del 80% de sus ahorros líquidos en esa moneda, en el país o en el exterior, y sufren un "empobrecimiento" relativo por esta apreciación del peso. A esto se le suman las conocidas y mucho más dramáticas restricciones de los sectores más pobres, cuyos ingresos reales hoy están más bajos por los fuertes aumentos de precios de los alimentos. Esta realidad está a su vez agravada por los casi tres millones de desocupados y más de 600.000 mayores de 65 años sin cobertura previsional. La suma de todos estos factores inciden en el achicamiento del mercado interno, que sigue deprimido aún después de haber mejorado gracias al Plan de Jefes y Jefas.

De qué depende

Entre los factores que se mencionan como determinantes para la continuidad del crecimiento económico, el resurgimiento del crédito ocupa el primer lugar. Esto depende de muchas cuestiones, cuya solución no es sencilla.

Por un lado, no será fácil convencer a las empresas, ni a los particulares, para que vuelvan a endeudarse, a pesar de que algunos analistas piensan que no les fue tan mal con la pesificación de sus deudas en el pasado reciente. Lo estrictamente cierto es que las empresas que han estado endeudadas durante los últimos 10 años han soportado tasas de interés reales fuertemente positivas, incompatibles con la productividad promedio de nuestra economía. Para que vuelvan a invertir en ampliar sus plantas, sería necesario que se ofrezcan créditos en pesos, a plazos medianos y con tasas de interés razonables.

También será necesario que se flexibilicen las normativas bancarias para redefinir la capacidad de endeudamiento de las empresas, habida cuenta de que la crisis de los 90 dejó a la mayoría de las empresas en la lista de las "no merecedoras" de crédito. Con la recuperación de los márgenes operativos, y el abandono de las políticas deflacionarias, existe una nueva oportunidad de expansión rentable, y de crédito sano, en el sector productivo, que no debería ahogarse por normativas aparentemente prudenciales.

Del lado de los bancos hay mucha liquidez por el momento, y si se despejaran totalmente las incertidumbres sobre la devolución de los depósitos, estarían en condiciones de volver a prestar en condiciones de plazos y tasas razonables.

Las últimas disposiciones en materia de capitales mínimos de los bancos favorecen la expansión del crédito a Pyme y a familias, que al final de cuentas, resultaron ser los mejores deudores de la década pasada, ante el incumplimiento del Gobierno y de muchas grandes empresas.

Pero hay otros inconvenientes más graves fuera del alcance de los bancos y de las empresas. Seguramente, el crédito no reaparecerá con vigor hasta que no se esclarezcan la situación patrimonial y el futuro de las entidades financieras, y esto esta íntimamente vinculado con dos temas de fuerte temperatura política: la compensación a los bancos y el arreglo de la deuda pública externa, que afecta fundamentalmente a las entidades de origen extranjero. Lamentablemente, estos temas tienen una connotación política negativa, y su solución interfiere con el muy razonable objetivo del presidente Kirchner de construir poder político propio durante los próximos 4 meses, plenos de elecciones parlamentarias y para elegir gobernadores. Cabe destacar que este objetivo político es también deseable para consolidar la recuperación económica, ya que el país necesita tener un presidente que no dependa de apoyos de otros políticos.

La compensación a los bancos y el inicio de negociaciones finales con los acreedores de la deuda externa pública impaga serán, seguramente, algunas de las exigencias del FMI para acordar una renovación de los vencimientos.

Lo cierto es que, más allá de los arreglos específicos que se alcancen, cuanto más rápido se logren, más rápido se consolidará la recuperación de la economía. Es más, es muy probable que un arreglo rápido pero no tan beneficioso pueda ser mejor que uno más beneficioso, pero obtenido dentro de un plazo más largo.

Y está fresco el ejemplo de Rusia, que simplemente no tuvo ninguna quita en su deuda externa, y fue el país que más rápido creció al salir de la crisis de finales de la segunda mitad de la década pasada.

Y, además, al demorarse el acuerdo con el FMI y los acreedores, corremos el riesgo de nuevamente candidatearnos para el escarmiento, ya que algún "premio" habría que otorgarle a Brasil por los esfuerzos que está haciendo para seguir pagando los servicios de la deuda externa.

Dependemos entonces de la habilidad del presidente Kirchner para manejar este delicado equilibrio entre el objetivo de consolidarse políticamente, y las necesidades de crear las condiciones para el crecimiento económico.

El autor fue presidente del Banco Central. .

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