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Refinado juego intelectual

EL MAL DE MONTANO Por Enrique Vila-Matas-(Anagrama)-316 páginas-($ 49,50)

Domingo 22 de junio de 2003

Una de las tantas definiciones que le cabría a El mal de Montano (Premio Herralde de Novela 2002) es el de un ensayo novelado que adopta la forma de un diario personal. Sin embargo, como uno de los propósitos de esta obra consiste en superar las tradicionales clasificaciones de género, conviene prescindir de cualquier corsé académico.

En la primera parte, titulada igual que el libro, el narrador se presenta como un crítico literario español que viaja a Nantes a visitar a Montano, hijo de su primera esposa, que se suicidó. Mientras que éste sufre un bloqueo mental que le impide escribir, su padre se reconoce "enfermo de literatura" y no puede pensar en nada que no se relacione con ella. Lo que leemos es su diario que, "por un impulso misterioso", se le está convirtiendo en novela. De regreso en Barcelona, la obsesión del padre de Montano se agrava y cae en una depresión. Rosa, su segunda mujer, le aconseja viajar a Chile y allí conoce al actor Felipe Tongoy. Más adelante el crítico acompaña a Rosa a las islas Azores donde ella, que es directora de cine, filmará un documental sobre los balleneros en el que Tongoy tiene un papel.

La segunda parte del libro, "Diccionario del tímido amor a la vida", está dedicada a desmentir la sección anterior, que el narrador define como una nouvelle . Nos revela que él no es un crítico literario, sino un escritor que sufrió un bloqueo literario y cuyo seudónimo, Rosario Girondo, es el nombre de su madre, que se suicidó. Montano no existe; Rosa no es directora de cine, sino su agente literaria; y Tongoy sí existe y es un actor. Aquí el diario adopta la forma de un diccionario "que contará nada más que verdades" sobre Rosario Girondo y cuyas entradas remiten a los nombres de sus autores de diarios personales favoritos.

En las tres últimas secciones se exponen distintos episodios: durante una conferencia delirante en Budapest sobre el tema de los diarios personales, el narrador anuncia que piensa continuar su novela-diario "con lo que hoy suceda aquí" y acusa a Rosa de haberlo engañado con Tongoy, hecho que nunca queda aclarado. Posteriormente Girondo habla de su vagabundeo por ciudades de distintos continentes y de una reunión de escritores en el refugio de una montaña suiza.

El gran leitmotiv de El mal de Montano es la literatura. Persiste a través de todo el libro como una monomanía del narrador, incapaz de pensar o sentir algo en estado puro, libre de connotaciones literarias. Dos centenares de citas o alusiones a personajes y autores constituyen los síntomas de su "enfermedad". Esto sin contar unas dieciocho referencias a escritores de diarios personales.

En distintos pasajes se habla de la literatura como droga adictiva y también se la relaciona con el vampirismo que, al representar una forma de vida parasitaria que se alimenta de la vida de otros, se conecta con el problema de la identidad. Desde esta perspectiva, escribir es "inventar otra vida que bien pudiera ser la nuestra, inventar un doble", "hacerse pasar por otro" y leer significa ser "visitado por ideas de otros". Si la práctica del género autobiográfico supone una indagación sobre la identidad y puede resultar una ayuda para "conocernos a nosotros mismos", en última instancia El mal de Montano termina cuestionando el concepto mismo de identidad y también propone a la literatura como "salvación del espíritu en una época en la que la realidad ya no tiene sentido", un instrumento que "nos permite comprender la vida" pero, precisamente por eso, "nos deja fuera de ella".

El español Enrique Vila-Matas, autor de El viaje vertical (Premio Rómulo Gallegos 2001), profundiza el camino trazado en Bartleby y compañía (2000) y se mueve con soltura en lo que él llama un espacio fronterizo entre la ficción y la realidad. Armado con su máscara de Rosario Girondo, quien se define como un Quijote lanzado a la lucha "contra la destrucción de la literatura", "los falsos escritores" y "los granujas que controlan la industria cultural", acomete, con pericia e ironía, el desmantelamiento de todo andamiaje narrativo convencional. Su empresa también constituye una aventura desesperada en busca de la verdadera literatura en cuyo transcurso revive "la historia abreviada de la memoria de ésta".

Fiel a los postulados estéticos con los que fue concebido, el ensayo-novela-diario esquiva un final prolijo y permanece en "un presente sin dirección". Se trata de un refinado juego intelectual que exige un compromiso del lector para poder disfrutarlo, pero que no decepciona si uno decide aceptar sus reglas. La inteligencia de Vila-Matas se apoya en una prosa transparente que fluye con naturalidad y cuya rigurosa coherencia le permite engarzar una incesante mutación de identidades dentro de una estructura en perpetua movilidad que jamás se desploma. Así surge, según la reflexión de Girondo (álter ego del autor), un mundo autónomo construido de acuerdo con lo que Walter Benjamin consideraba la única obra realmente dotada de sentido en nuestro tiempo: "un collage de citas, fragmentos, ecos de otras obras" al que se le añaden "frases e ideas relativamente propias".

Felipe Fernández

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