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Cazadores de recompensas, un oficio todavía lucrativo

El Mundo

Se ocupan de encontrar a los fugitivos de la justicia de EE.UU.

NUEVA YORK.- Están allí, aunque nadie los vea. Miles de cazarrecompensas siguen las pistas con absoluto sigilo, vigilantes, atentos a que su presa cometa algún error que les permita llevarlos de vuelta tras las rejas y ganar un ansiado botín. Ya lo decía Ernest Hemingway: "No hay cacería como la de un hombre, y aquellos que han cazado hombres armados por largo tiempo y les gusta, nunca más se interesan por alguna otra cosa". El fugitivo, la presa, se vuelve una obsesión.

Así le sucedió a Duane "Dog" Chapman, un cazarrecompensas de 50 años que hacía seis meses estaba detrás de Andrew Luster, heredero del emporio del maquillaje Max Factor, condenado a 124 años de prisión por drogar y violar mujeres y grabar todo en videos pornográficos que luego comercializaba.

En enero, mientras el juicio que se realizaba en su contra en Los Angeles llegaba a su fin, Luster, que estaba en libertad bajo una fianza de un millón de dólares, escapó. Fue entonces que entró en escena Dog Chapman, el cazador, o, según la denominación que prefieren sus colegas, un "agente para la recuperación de fugitivos".

Esta semana Chapman halló a Luster en las tropicales calles de Puerto Vallarta, en México. Junto a su hijo y su hermano, y con un equipo de filmación que registró cada instante, Chapman capturó a su presa. Pero no contaba con que pocos minutos después la policía mexicana arrestaría tanto al fugitivo y como al cazador, acusando a este último de secuestro: en México, a diferencia de en Estados Unidos, los cazarrecompensas son ilegales.

"Si Dog hubiera sabido que estaba infringiendo la ley, jamás lo hubiera hecho", señaló a LA NACION la novia y socia de Chapman, Beth Smith, desde las oficinas de su agencia en Honolulú, que se enorgullece en haber devuelto 6000 prófugos a la Justicia. "El es un héroe que sacrificó su propia vida por esas mujeres. Deberían dejarlo en libertad y darle una medalla", declaró entre sollozos la mujer de este ex convicto que se autoproclama "cristiano renacido", viste íntegramente en cuero y cadenas de oro y se pasea montado en una gigantesca Harley Davidson.

Del Lejano Oeste a hoy

El episodio puso de relieve uno de los negocios más inusuales que existen en Estados Unidos. La figura aventurera del cazarrecompensas, alimentada por películas de Hollywood como "Butch Cassidy y el Sundance Kid" y "El Fugitivo", tiene su origen en el Lejano Oeste, cuando malvivientes con problemas con la ley se lanzaban a la caza de criminales más peligrosos que ellos para limpiar su nombre y cobrar un dinero que les permitiese rehacer sus vidas en aquellas tierras nuevas.

"Hoy en día el negocio es mucho más burocrático y aburrido de lo que la gente se imagina", aclaró a LA NACION Mel Barth, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Agentes para el Cumplimiento de Fianzas, que tiene unos 3200 miembros registrados, aunque en la mayoría de los Estados no se requiere licencia para ser un cazarrecompensas.

Se estima que sólo unas 200 personas hacen de éste un estilo de vida profesional. Pero existen organizaciones como el Instituto Nacional para el Cumplimiento de Fianzas, el Centro de Recursos para la Recuperación de Fianzas y el Instituto Americano para el Entrenamiento de Caza-Recompensas, que ofrecen a los numerosos amateurs todo tipo de cursos, que van desde clases de Derecho a cómo utilizar visores nocturnos, hacer escuchas telefónicas y corroborar huellas dactilares.

"La verdad, la mayor parte del tiempo, uno se la pasa recorriendo barrios marginales, hablando con gente estúpida en bares y esperando una nueva pista. No hay mucho drama ni aventura en todo esto", afirmó Barth.

Los "agentes para la recuperación de fugitivos", que en su mayoría son empleados de agencias de fianzas o compañías de seguros, entran en acción cuando una persona que fue puesta en libertad bajo fianza se escapa. Esto sólo sucede en un 10 por ciento de los casos, según estadísticas. Dependiendo del Estado, el cazarrecompensas obtiene como pago entre un 10 y un 15 por ciento del valor de la fianza pagada originalmente.

Atribuciones

"Los que se escapan en esos casos no son criminales serios –explicó Barth, que está en este negocio desde 1986 y lleva 1500 capturas-. Son gente tonta, estudiantes universitarios con miedo, prostitutas, apostadores y dealers de drogas menores."

Así y todo, los cazarrecompensas gozan casi de mayores atribuciones que la policía misma. Según un fallo de la Corte Suprema que data de 1872, pueden perseguir a un fugitivo "en otro Estado, arrestarlo durante el Shabat; y, si es necesario, están autorizados a violar su domicilio con tal propósito". Pueden además portar armas y mantener detenido al prófugo hasta 48 horas.

"Lo que hacemos se llama arresto civil y parte del sistema judicial de nuestro país -se defendió Barth, un ex arquitecto que tuvo luego una agencia de investigadores privados-. En ningún momento competimos con la policía o el FBI; estamos para ayudarlos. Ellos tienen casos más importantes que atender."

En su página en Internet ( www .dogthebountyhunter.com )Chapman proclama: "Sean de 18 u 80, ciegos, discapacitados o locos, si no pueden caminar o gatear, los arrastraremos de vuelta". Ese es el espíritu de un cazarrecompensas mediático. .

Por Alberto Armendáriz Para LA NACION
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