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Ciencia

El cerebro: la máquina de las emociones

LA NACION revista

Hasta el siglo XX, las precisiones sobre el origen y la localización de los sentimientos eran poco más que una ilusión. Ahora, en cambio, las neurociencias pueden explicar, en gran parte, cómo y por qué sentimos angustia, alegría o miedo

¿Por qué nos enamoramos?¿Por qué sentimos miedo, alegría, ansiedad o lástima? Después de siglos de ser homenajeados por escritores, poetas y trovadores, ahora los sentimientos habitan los laboratorios de ciencias, y las respuestas a esos interrogantes se ubican más cerca del cerebro que del corazón.

Hace un par de décadas, las neurociencias cambiaron la historia. Hasta entonces nadie sabía cómo el cerebro generaba sentimientos de temor, ansiedad o amor. Y a fines de los años 90, en una importante reunión de expertos en cuestiones cerebrales, Steven Hyman, presidente de los Institutos Nacionales de Salud Mental (Nimh) de los Estados Unidos, declaró: "No hace mucho tiempo, la emoción fue terreno exclusivo de los poetas. Ahora, una nueva ciencia de la emoción está descubriendo los caminos que en nuestro cerebro crean la memoria emocional. (...) Y la investigación está comenzando a mostrar cómo esta memoria puede convertirse en una prisión cuando es jaqueada por la ansiedad o el trauma".

Así las cosas, cuando Romeo vio aparecer a Julieta en el balcón del jardín de los Capuleto y exclamó: "¿Qué luz es la que asoma por aquella ventana?

Debe ser el Oriente, y Julieta es el Sol", en realidad estaba reaccionando a un enérgico cóctel de endorfinas (que actúan como calmantes y dan la sensación de placer), catecolaminas (producen un aumento de la actividad motriz) y feniletilaminas (elevan el nivel de energía física y la lucidez).

Los científicos descubrieron que el aluvión de impulsos que invade el cuerpo cuando nos besamos, tenemos miedo o ansiedad comienza en el cerebro y recorre los nervios y la sangre por medio de una gigantesca red de nudos y filamentos que parten desde la médula espinal y desembocan en cada centímetro del cuerpo.

Mientras los enamorados se besan, oleajes químicos invaden el músculo intestinal, las glándulas lacrimales, la vejiga, el corazón y los genitales.

Todo el organismo recibe los impulsos de esa telaraña de filamentos que en el laboratorio llaman sistema nervioso autónomo.

Algo parecido ocurre cuando nos asustamos. El miedo, la angustia o la ansiedad pueden afectar nuestro sistema inmunológico, quitarnos el sueño y empeorar el punto débil de cada uno: son capaces de producir desde un brote de acné hasta una úlcera.

Borges lo sintetizó en una sola frase: "Me duele una mujer en todo el cuerpo". Pero el origen cerebral de ese dolor comenzó a aclararse en 1970, cuando Joseph LeDoux, profesor del Centro de Neurología de la Universidad de Nueva York, estudió la conexión entre el cerebro y las emociones. Hasta entonces, la mayoría de los científicos creía que los sentimientos estaban más allá de la ciencia.

A partir de los estudios de LeDoux se llegó a la conclusión de que el cerebro no es sólo una máquina de pensar, sino una adaptación biológica, diseñada para promover la supervivencia en los ambientes donde se desarrolló.

La proeza emocional

-El cerebro humano contiene cerca de diez millones de neuronas conectadas entre sí de formas muy complejas. La proeza más sorprendente de estas células es la creación de las emociones -explica LeDoux en El cerebro emocional.

Según el investigador, aunque las emociones dependen de las personas, también parecen tener autonomía: "Podemos reaccionar ante un peligro antes de saber que estamos en una situación perjudicial y puede atraernos un cuadro sin entender qué nos gusta de él".

Los científicos discutieron mucho sobre la naturaleza de las emociones. Para algunos son reacciones físicas que evolucionaron como parte de la lucha del hombre por sobrevivir.

Otros creen que son reacciones de la mente que surgen cuando el cerebro detecta reacciones físicas. Otra opinión es que las reacciones físicas son secundarias a las emociones, y que lo importante ocurre solamente en el interior del cerebro.

Recientemente, los expertos encontraron que en una zona de la corteza prefrontal existe la posibilidad de eliminar los temores. El fenómeno, que se llama extinción, consiste en que las neuronas crean nuevos recuerdos para competir con los que les provocan temor. Ahora investigan cómo, por medio de aparatos electromagnéticos, se puede ayudar a las personas con fobias a seguir el mismo camino.

Cóctel de amor

Mientras los enamorados se empalagan los oídos con declaraciones románticas, los neurocientíficos estudian el aluvión de impulsos que comienza en el cerebro y hace que ellos se sientan flechados, atrapados, perdidos en los ojos del otro.

Si una persona nos cae bien o mal esto ocurre en gran parte como resultado de la producción de más o menos cantidad de hormonas relacionadas con el placer. "El cerebro evalúa cualquier estímulo, y los núcleos y áreas del cerebro determinan si es agradable o no. Esto se basa en la memoria", explica el doctor Jaime Moguilevsky, profesor de Fisiología de la UBA, investigador superior del Conicet y director de la maestría de Psicoinmunoneuroendocrinología de la Universidad Favaloro.

-El mismo estímulo puede ser agradable para una persona y desagradable para otra -continúa Moguilevsky-. El ejemplo más claro es la frigidez: los estímulos sexuales son agradables, lo que asegura la reproducción de la especie, pero a veces existen factores traumáticos que desarrollan en el cerebro una respuesta negativa que se traduce físicamente (huida, vaginismo, etc.), y evita la actividad sexual.

Del vértigo a la paz

Las hormonas que se producen a lo largo de un proceso de enamoramiento no son siempre las mismas. Al principio, la adrenalina hace que los amantes se sientan como dentro de una montaña rusa, con taquicardia, esperando que suene el teléfono.

A medida que pasa el tiempo, el amor tiene menos vértigo. "Los romances que se profundizan aumentan progresivamente la producción de endorfinas que, en contraste con las euforizantes anfetaminas, dan la sensación de sosiego, paz y seguridad", explica Moguilevsky.

Los psicólogos también desarrollaron muchos puntos de vista, pero ninguna de las teorías se basa en explicar por qué una mueca, una mirada o el tono de voz pone en pie de guerra el sistema nervioso, desencadenando semejante baile de endorfinas.

Los psicólogos no ven en los impulsos químicos la razón última del enamoramiento. "La atracción tiene que ver con experiencias generales del género humano y particulares de cada uno. Por ejemplo, veo que se acerca una mujer con senos bien formados y eso puede activar en mí cuestiones relativas a la supervivencia como raza (amamantamiento) que generan respuestas físicas de alerta y atracción. Por otro lado, los medios asocian esa característica con la belleza, lo que refuerza la atracción. Estoy alerta y esto origina interrelaciones en el nivel de las ideas que puede llevar o no al enamoramiento", explica el psicoanalista y director de PsyGnos, Enrique De Rosa.

Invasión de adrenalina

Algo parecido a lo que ocurre cuando el amor nos flecha sucede cuando nos asustamos. La cascada de efectos corporales que se produce cuando tenemos miedo comienza en la amígdala, una estructura en forma de almendra ubicada cerca del centro del cerebro.

La amígdala impulsa al hipotálamo a producir la hormona corticotropina y, a su vez, ordena a las glándulas pituitaria y adrenal a que inunden el torrente sanguíneo con adrenalina, norepinefrina y cortisol, también conocidas como las hormonas del estrés.

Las hormonas que se producen en momentos de tensión detienen todas las funciones que no son de emergencia, como la digestión y la inmunidad, y dirigen las fuerzas hacia la lucha o la huida. Las señales son notorias: el corazón late fuerte, los pulmones bombean a toda velocidad y los músculos reciben una gran descarga de glucosa.

A medida que los investigadores aprenden más sobre la reacción al temor, también descubren lo serias que pueden ser sus consecuencias. Las hormonas del estrés impiden la formación de tejido óseo (aumentando la posibilidad de sufrir osteoporosis), actúan sobre los centros de la memoria (deteriorándola paulatinamente) y aumentan la ansiedad, lo que provoca que las personas coman más, beban más y tengan más accidentes.

-El estrés es útil porque adapta el cuerpo a las circunstancias, ya que se liberan más hormonas que nos defienden. Pero no hay ninguna hormona que nos defienda sin hacernos mal - dice Moguilevsky.

Con estrés crónico, el cuerpo es susceptible de contraer cualquier enfermedad. Como lo resumió en un artículo científico el profesor Stephen Maren, de la Universidad de Michigan: "Un sistema cerebral diseñado para proteger nuestra supervivencia también puede destruirnos".

Esa es la paradoja.

Pero la ciencia está demostrando que todo eso se puede evitar, de muchas maneras: desde hacer ejercicio hasta darse un masaje, sin olvidar la psicoterapia ni la farmacia. Lo que queda claro a la luz de todos estos descubrimientos es que, en estos tiempos, al menos para referirse al lugar donde se cocinan las reacciones químicas, deberá reemplazarse el corazón por el cerebro, e indicárselo a quien la mitología atribuyó durante siglos ser el causante del golpe de amor: Cupido y su certera flecha.n

    Para saber más
  • www.nimh.nih.gov

  • El cerebro emocional, de Joseph LeDoux (Ariel/Planeta)

  • Cerebro y emociones, de José Antonio Jáuregui (Océano)

Neuronas femeninas

En algunos países, como los Estados Unidos, si una mujer co-mete un crimen durante el período premenstrual, la Justicia le alivia la pena sólo por estar en uno de esos días.

-Los cambios hormonales en la mujer varían durante el ciclo menstrual y modifican la conducta: algunos días antes de la menstruación se generan picos que son responsables del síndrome de tensión premenstrual -explica el doctor en Psicoinmunoneuroendocrinología Jaime Moguilevsky.

En los años 40, los científicos descubrieron que el cerebro de la mujer tiene algunas características distintas al del hombre y que controla absolutamente todo el ciclo menstrual.

-El sistema nervioso de la mujer tiene un centro que se llama centro cíclico y que cada 28 días produce la descarga de una hormona nerviosa que estimula el ovario. La mujer va variando su concentración hormonal durante todo el ciclo y como esas hormonas actúan sobre el sistema nervioso central, tiene más posibilidades de sufrir alteraciones psíquicas que el hombre -dice Moguilevsky.

Claves

  • El sistema nervioso contiene más de 10.000 millones de neuronas, y posee casi 100 trillones de interconexiones, en las que intervienen los neurotransmisores.
  • Las endorfinas y otros neurotransmisores están implicados en la neuroquímica de las emociones. Entre esas sustancias también se destacan la serotonina, la acetilcolina, la noradrenalina y la dopamina.
  • Los científicos ya identificaron índices para establecer el centro cerebral de los estados de ánimo.
  • Los neurotransmisores ce- rebrales influyen sobre los estados emocionales y afectivos.
  • Si se estimula eléctricamente una zona del cerebro llamada rombencéfalo (ubicada en su parte posterior) y algunas áreas cercanas, se pueden provocar reacciones de defensa, huida y hambre. En cambio, si se estimulan niveles superiores, lo que se provoca es la risa.
Por Valeria Burrieza
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