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Cuestionan exigencias a alumnos discapacitados

Martes 19 de agosto de 2003

Una reciente resolución de la provincia de Buenos Aires, que dicta un nuevo reglamento para la integración de alumnos con necesidades educativas especiales, cayó mal entre directivos de escuelas comunes que realizan esta tarea y padres de chicos que presentan alguna discapacidad.

Afirman, al borde del enojo, que la resolución N° 2543, del 30 de mayo pasado, es rígida, anticuada, confusa y que dificulta los procesos de integración de los chicos en la comunidad, al establecer un sistema de evaluaciones más exigente para ellos.

"Para aprobar el año se pretende que el chico con discapacidad aprenda los contenidos mínimos de la clase ordinaria y que sus aprendizajes sean equivalentes en contenido a los del resto del aula. ¿Esto es fomentar la integración? Lo que hay que medir es el esfuerzo y la superación que va logrando el alumno", dijo a LA NACION Viviana Ponce, profesora de educación especial, que trabaja en los colegios Asunción de la Virgen y San Felipe, de San Isidro.

En el Instituto José Manuel Estrada, de Villa Adelina, no hay distinciones entre compañeros
En el Instituto José Manuel Estrada, de Villa Adelina, no hay distinciones entre compañeros. Foto: Jorge Bosch

En cambio, para la directora de Educación Especial bonaerense, Alicia Di Meglio, la nueva reglamentación no fue interpretada correctamente. "La norma fue hecha, justamente, para fomentar la política de integración en los colegios. Pero perseguimos una integración con contenido. No podemos dar títulos de bachillerato a chicos que no han aprendido contenidos mínimos, sólo por compasión. Sería engañarlos y la sociedad más tarde les exigirá", justificó.

Ante consultas de LA NACION, muchos directivos de escuelas que realizan integración en la provincia dijeron que desconocían la normativa. Es más, pidieron a la cronista detalles de la misma. "Si no la vas a buscar, nadie del gobierno te la acerca", se quejó Ponce.

Llamó la atención que varios de ellos -de distintos distritos, como San Isidro, Villa Adelina y Bella Vista- pidieron no ser nombrados al opinar. "Tenemos miedo a las represalias", se escuchó.

"La realidad es que en la provincia todo es una traba. Parecería que tener un chico con una discapacidad es un castigo", dijo Norma Claude, madre de Federico, un niño epiléptico con retraso madurativo, que con mucho esfuerzo cursa 9° año de la Educación General Básica en el Instituto José Manuel Estrada, de Villa Adelina.

Los especialistas, padres y directores critican puntualmente:

La mayor exigencia a la hora de evaluar a los chicos con necesidades especiales, que impone la nueva resolución.

La propensión a fomentar la repetición de grado si los chicos no alcanzan las expectativas de logro.

La exigencia de una doble matriculación en la escuela común y en la especial, que hace más engorrosa la tarea, ya que muchos alumnos deben ir a una institución por la mañana y por la tarde, a la otra.

La falta de libertad que actualmente sufren las escuelas comunes a la hora de elegir la manera en que prefieren llevar adelante la integración. Unicamente lo pueden hacer con maestras que proporcionan las escuelas especiales. No están autorizadas a optar entre organizaciones de la sociedad aptas para la tarea ni para organizar sus propios gabinetes internos.

"A veces la doble matriculación funciona, pero otras no. Se trata de una colaboración poco trabajada. Cuando hay tensión entre la escuela común y la especial, ésta se traslada a las familias, lo cual es perjudicial", señaló Laura Moreno, directora del colegio Pedro Poveda.

La escasez de maestros integradores de escuelas especiales que van a las escuelas comunes. "Son pocos y tienen demasiados colegios que visitar. Trabajan quizás una vez por semana en cada colegio. Esto es insuficiente para los chicos", dijo María Elena Riva, miembro del equipo para la integración de la Junta Regional de Educación Católica de San Isidro.

Pase a la escuela especial

En el fondo lo que temen quienes trabajan desde hace años en la compleja tarea de integración es que, ante el menor tropiezo del chico discapacitado se decida que abandone la escuela común para pasar a una institución de educación especial.

Esto le ocurrió a Norma Claude, madre de Federico, un niño con retraso madurativo.

"Pedí que mi hijo hiciera un año de permanencia (suerte de repitencia) en el jardín de infantes. Después, automáticamente, la inspectora de educación decidió que Federico debía ir a la escuela especial porque no estaba en condiciones de ir a una común. Estuvo dos años allí y al final fue una pérdida de tiempo. Federico daba para más", agregó.

Di Meglio responde: "Lo que se busca es ofrecer al chico una oferta curricular diversificada en la escuela común. Que el chico acredite lo que puede y lo que no, lo acredite en la escuela especial. Es la mejor forma de prepararlo para la vida social y la laboral".

Además señaló que en la provincia de Buenos Aires, donde hay un número alto de escuelas y muy diversas (casi 17.000), es necesario aplicar una política común. "Si liberalizamos la manera de hacer la integración sería un caos."

Aclaró la funcionaria por último que la nueva reglamentación busca -como está expresado en su fundamentación- "que el alumno con necesidades educativas especiales sea escolarizado en escuelas comunes. Sólo cuando dichas necesidades revistan una complejidad a la que no pueda dar respuesta el servicio ordinario, se propondrá su escolarización en escuelas especiales".

"Sí, la fundamentación de la reglamentación es maravillosa. Lástima que no se aplica", concluyó una docente integradora, que pidió anonimato.

Artículos de la discordia

Los artículos más cuestionados dicen:

Artículo 3°: "En este proceso se irá evaluando el logro de aprendizajes equivalentes (...), en los casos en que el alumno no hubiera acreditado las expectativas de logro del diseño curricular institucional, los equipos intervinientes deberán revisar el proyecto de integración, pudiendo definir la repitencia".

Artículo 5°: "Cuando dicho alumno no alcanzase las expectativas de logro previstas por el proyecto de integración, durante dos años consecutivos, las competencias serán calificadas solamente por educación especial, pudiendo permanecer integrado siempre y cuando los equipos consideren que sigue siendo formativo para él".

El problema en cifras

60.600: son los alumnos discapacitados que cursan el nivel primario en el país. Dos tercios lo hacen en escuelas especiales.

20.600: es el número de chicos discapacitados que se encuentran integrados en la educación común: es decir, un tercio del total.

9800: son los alumnos discapacitados que cursan en escuelas comunes (públicas y privadas), en la provincia de Buenos Aires.

10.825: alumnos en todo el país sufren dificultades mentales leves y problemas sensoriales. En las estadísticas, detrás vienen los que padecen de ceguera y disminución de la vista (2138), los sordos e hipoacúsicos (2130), problemas mentales moderados (1900) y dificultades físicas motoras (1666).

Por Agustina Lanusse Para LA NACION

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