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Andrés Freire, fundador de OfficeNet, estrena su papel de consultor y define los cinco factores que considera los asesinos de la productividad

Colocarse en pose de víctima es el más usual; la actitud del sabelotodo también sabotea a las firmas

Domingo 28 de septiembre de 2003
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LA NACION

Sin desconocer la dimensión de los problemas económicos que enfrenta el país, para los empresarios argentinos la crisis se convirtió en la excusa perfecta para disimular o justificar las dificultades o fracasos de su gesión.

Ponerse en el papel de víctima y echarle la culpa de todo lo que sale mal en su negocio a un factor externo, que obviamente no pueden controlar desde su oficina, es uno de los vicios corporativos más comunes entre los ejecutivos locales. Sin embargo, esta tendencia no es exclusiva de los empresarios argentinos y con diferente grado se repite en un gran número de compañías de todo el mundo y conforma uno de los cinco "asesinos de la productividad" que identifican en la consultora internacional Axialent.

La consultora nació apenas hace unos meses en los Estados Unidos fundada por Andrés "Andy" Freire, el empresario argentino que hasta el año pasado presidía la compañía de insumos para oficinas OfficeNet. Para su nuevo emprendimiento, Freire se asoció con Fredy Kofman -un profesor argentino que trabaja en la escuela de management del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y es uno de los principales especialistas en el mundo en liderazgo- y culminó con éxito una ronda de capitalización, que le permitió recolectar US$ 20 millones de inversores internacionales.

De paso por la Argentina, Freire define a Axialent como una consultora que ayuda a las empresas a resolver sus problemas de negocios desde una dimensión humana.

"Lo que aprendí en mis años dirigiendo OfficeNet fue que la mayoría de las dificultades que enfrentan no se originan en fallas de marketing, logística o tecnología, sino que tienen una dimensión humana y se basa en la falta de colaboración o compromiso entre los ejecutivos", remarca Freire.

Cinco culpables

En su nuevo papel de consultor, el CEO de Axialent remarca que los problemas que enfrentan las empresas son básicamente los mismos -sin importar tanto las dimensiones de cada compañía- y los reúne en cinco grandes grupos, a los que define como "asesinos de la productividad":

1. Actitud de sabelotodo

"En las empresas hay una cultura medio perversa que hace que a la gente se la contrate por lo que sabe y se la castigue por lo que desconoce, cuando en realidad lo importante es la capacidad que tenga de aprender. Se fomenta la actitud del sabelotodo, que es muy peligrosa porque lleva a que todos los ejecutivos busquen demostrar que saben de todos los temas, aun de aquellas cosas que desconocen."

2. Temas indiscutibles

"En todas las empresas hay temas de los que no discute, pero que todo el mundo conoce. Como no se los habla en forma abierta, se terminan discutiendo en los pasillo, lo que genera un derroche de productividad. El caso típico es cuando una compañía se prepara para un ajuste, que va a significar el despido de muchos empleados. Lo mejor es ir con la verdad. Definir cuanto antes quiénes se van y quiénes se quedan para evitar boicots o la parálisis de la producción."

3. Impecabilidad de compromisos

"Hay que ver a la empresa como una red de compromisos y evitar comportamientos perjudiciales, como no avisar o hacerlo muy sobre la hora que no se puede cumplir con algo con lo que internamente uno estaba comprometido; cuando se cae en este tipo de conductas lo que termina pasando es que en las empresas las cosas se hacen con una antelación mayor a la necesaria y todos terminan acolchonándose."

4. Negociación narcisista

"En muchas empresas las negociaciones internas se llevan a cabo pensando en el propio interés y sin fijarse en lo que necesita la compañía. El único objetivo que se persigue es convencer al otro de que se tiene razón, con lo que las discusiones terminan convirtiéndose en una lucha de egos."

5. Actitud de víctima

"En las empresas hay muchos ejecutivos que viven constantemente en el rol de víctima, echándole la culpa a un factor externo para esconder sus fallas. El ejemplo más simple es el del ejecutivo que llega tarde a una reunión y le echa la culpa al tráfico, en vez de asumir como un error propio que no consideró bien los posibles problemas en el tránsito a la hora de salir de su oficina."

Freire subraya que de los cinco problemas es precisamente el último- la actitud de víctima- el más extendido entre los ejecutivos no sólo de la Argentina, sino también de toda América latina.

"Es obvio que en toda la región, el contexto económico es más complicado, lo que termina induciendo que los ejecutivos se pongan en el papel de víctima. Pero las empresas que logran sobreponerse a esta tendencia y sus ejecutivos en vez de víctimas terminan convirtiéndose en protagonista les sacan años luz a la competencia. El mejor ejemplo es el caso de Arcor. Si en la década del 90 se hubiese quedado quejándose de que con el 1 a 1 no se podía exportar no sería el gigante mundial que es hoy."

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