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De lo tradicional a lo novedoso

Hanna Schygulla produjo polémica con su espectáculo "Ella!, Louise Brooks"

Miércoles 15 de octubre de 2003

CORDOBA.- En unos silos abandonados, que en tiempos de prosperidad económica pertenecieron a la empresa Minetti, cercanos al centro de la ciudad, comenzó el viernes último la cuarta edición del Festival Internacional de Teatro Mercosur, que anualmente organiza la Agencia Córdoba Cultura.

La referencia posibilita desarrollar algunas líneas de análisis. Sobre las paredes de esos silos, un grupo de actores -arneses de por medio- fue generando el marco necesario que dio paso a la proyección de un video en el que se repasaron los últimos cincuenta años de la historia del teatro cordobés. La tradición y la modernidad se dieron la mano. Desde las imágenes también ciertas señales se apoderaron de la atención de los espectadores y los más atentos, seguramente, habrán descubierto algunos movimientos y creadores que fundamentalmente construyeron una historia en la que la investigación y la experimentación fue y sigue siendo moneda corriente. Por solo citar algunos de los que llegaron desde la pantalla: Jorge Petraglia (en los 60), Carlos Giménez, el grupo LTL que condujo María Escudero, La Chispa (los 70), Paco Giménez, Ricardo Sued, los primeros Festivales Latinoamericanos de la década del 80, Jorge Díaz, Cipriano Argüello Pitt, Cirulaxia (de los 90), Gonzalo Marul, Organización Q (el 2000).

Una constante del Festival Mercosur es que no se interesa por el teatro más espectacular o aquel que brilla en los festivales del mundo. Por el contrario, y siguiendo esas mismas líneas de investigación y experimentación que marcan el teatro cordobés, aspira a sostenerlas, a recontextualizarlas. En ediciones anteriores las dominantes en la programación fueron el teatro antropológico y las culturas del Este de Europa y la escena oriental; el teatro no ficcional y el performático. En esta temporada lo que se ha programado está más relacionado con experiencias de cruce y arte público.

Relecturas de clásicos

Entre las primeras -las que marcan cruces de disciplinas- se vio "Amloii, como lo dijo Hamlet", una relectura del "Hamlet" de Shakespeare interpretada por las compañías españolas Karlik Danza y Samarcanda Teatro con dirección del chileno, residente en Francia, Mauricio Celedón. La experiencia combina la danza, la pantomima, la acrobacia, la música y la palabra para contar, en una síntesis textual llamativa, esa historia de traiciones que es Hamlet. Una propuesta en la que domina la espectacularidad -hay bellas imágenes, por momentos, y en otros un despliegue de recursos técnicos que provocan intensamente los sentidos- pero nada termina conmoviendo al espectador. La violencia, la agresión (tanto en lo artístico como en lo técnico) promueven una saturación muy grande. Como debajo del escenario también lo hacen la violencia ciudadana o las informaciones televisivas que las muestran.

El grupo La rodilla del telón, de Bolivia, con dirección de la cordobesa Marta Monzón, presentó "Nuestro último refugio", a partir de un cuento de Humberto Mata, "Agua", que ficcionaliza la trágica inundación que se produjo en La Paz en 2002. Un grupo de jóvenes está encerrado en una casa en la que el agua va filtrando por las paredes y lo que en un principio promueve las fantasías -la humedad genera formas y más formas- poco a poco va invadiendo las habitaciones de ese búnker, para terminar destruyéndolo. Los sueños mágicos, primero, y la muerte después se apoderan de la acción y el agua -a través de un dispositivo escenográfico especial siempre en escena- se torna el gran protagonista de esta historia. Entre aquellos sueños y la muerte muy bellas imágenes dan forma a la experiencia, que retoma el camino de un realismo mágico que algunas culturas latinoamericanas mantienen muy vital, aun en estos años.

Una diva esperada

"Ella!, Louise Brooks", la propuesta que tuvo como protagonista a la polaco-alemana Hanna Schygulla, generó algunas polémicas. El público quería ver a esta emblemática actriz del cine alemán desplegando su potencial interpretativo. Pero no mucho de eso sucedió. Es que el espectáculo del que participa no tiene esa intención. Sobre la base de la película muda "Diario de una perdida" de G.W. Pabst (1929), el músico italiano Roberto Tricarri construye una música excepcional en la que cruza valores del cabaret alemán con el mundo contemporáneo, mientras que Schygulla, sentada de espaldas al público, va aportando sobre la proyección algunos textos, algunas canciones, que permiten que la trama del film se torne más conmovedora por momentos. En verdad sus palabras resultan motivadoras, provocadoras de nuevas sensaciones y en la impresionante voz de esa actriz esto es muy determinante. La gran estrella de este espectáculo es Louise Brooks, lo demás -música y texto- son una muy buena recreación que posibilita engrandecer su imagen.

Otra de las experiencias latinoamericanas que se vieron por estos días fue "Mimby" del grupo Hara Teatro, de Paraguay, bajo la dirección de Wal Mayans. Se trata de una experiencia callejera con una fuerte impronta de teatro antropológico. La propuesta parte de una leyenda popular de la comunidad Tupi-Guaraní que narra el mito del origen del sonido. Percusión en vivo y danzas se combinan con el idioma guaraní en un trabajo de fuertes valores dramáticos.

Con una muy buena respuesta del público el festival va promediando y en los días que siguen trabajos de la Argentina y el mundo continuarán, seguramente, promoviendo el interés de los más diversos espectadores.

Carlos Pacheco

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