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Ingeniosa versión de un cuento

Sábado 18 de octubre de 2003

"Blancanieves y los ocho enanitos". Versión libre de Héctor Presa sobre el cuento de Charles Perrault "Blancanieves y los siete enanitos". Intérpretes: Marcela Luzny, Javier Zurzolo, Sabrina Rocha y Walter Scaminaci. Música de Angel Mahler, coreografías de Mecha Fernández, escenografía de Lelia Bamondi, vestuario de Silvia Copello, asistencia de dirección de Esteban Abuin, puesta en escena y dirección de Héctor Presa. Domingos, a las 17.30. Teatro La Galera Galpón de Arte, Humboldt 1591. $ 6. Nuestra opinión: buena

Como en otras versiones suyas, Héctor Presa juega acá con un cuento tradicional desde una cierta picardía juguetona que le permite dispararse con diversas ocurrencias, volviendo al cuento cada tanto y haciendo guiños especialmente a los adultos.

El espectáculo resulta un juguete liviano en el que flota un humor de amable complicidad. La ironía y la parodia juegan con todo tipo de apelaciones: desde el humor que caracteriza a la construcción de los personajes, hasta el humor de la palabra, el de los juegos que se plantean en escena y la comicidad colocada en la escenografía, los vestuarios y la utilería.

La propuesta es jugar a partir de una historia bien conocida
La propuesta es jugar a partir de una historia bien conocida.

La reina mala, al igual que en el cuento, es vanidosa y mandona, pero su maldad está atemperada por el carácter más bien ridículo del personaje, que por momentos abusa de los alaridos y de la histeria y, lógicamente, señala su debilidad en su obsesión por ser la más bella.

El mayordomo o bufón cumple las funciones de relator. Es más ambiguo y contradictorio, le falta definición; necesita insistir en su maldad porque ésta no es dramáticamente visible. Blancanieves, simpática y muy torpe, tratada por su madrastra más como Cenicienta que como la hija del rey, mantiene todo el tiempo un exagerado nivel de ingenuidad que no le permite caer en tonos serios, ni siquiera en el momento más melancólico de la obra, cuando dice que extraña su casa, a su papá y que desea que los problemas con la reina terminen.

El "octavo enanito", que es el vocero de toda la hermandad de enanos y que se revelará como un príncipe escondido, resulta divertido y original.

Los elementos que constituyen la escenografía y la utilería pertenecen a una realidad muy alejada del imaginario de los cuentos de hadas, pero sí están presentes en el ambiente cotidiano, accesibles a los chicos. Es un rasgo típico de La Galera Encantada, en cuyos espectáculos asoma casi siempre la cosa que puede ser muchas otras cosas cuando uno está jugando al "dale que": en este caso se trata de baldes, escobas, escobillones, cepillos y palas que se convierten en sombrillas, columnas, flores y árboles; hay hasta una tapa de tacho que resulta ser el famoso espejo mágico.

Es especialmente ingeniosa la resolución de la presencia de los siete enanos, ubicados todos imaginariamente dentro de unos tachitos de basura de los que surgen voces agudas hablando una jerga ininteligible, que el octavo "traduce".

Construyendo espacios

Los movimientos de los actores en el espacio resultan muy importantes en la construcción escénica, ya que a partir de sus supuestos choques y cabezazos con las imaginarias puertas se crea la ilusión de un espacio de tamaño reducido en contraposición con el exterior de la casa. En ese aspecto, se aprecian la precisión de los movimientos y coreografías y el ritmo sostenido del juego de principio a fin.

Y de eso se trata: de un juego con un cuento conocido para los adultos (tal vez los niños lo conozcan a través de versiones de videos o del cine) en el que la evocación para el niño es principalmente visual (el vestuario, por ejemplo, parece responder a esta intención). No existe una definición profunda de ningún personaje que acerque a ningún contenido en especial; tampoco parece muy importante determinar con claridad la historia. No existen momentos de tensión ni en los que los cruces entre los personajes generen verdaderos conflictos. Tampoco parece haber una intención, una interpretación de la historia en los cambios propuestos. Simplemente, como lo que pasa a veces cuando los niños se juntan a jugar con la fantasía, importan la libertad de recrear y la diversión.

Ruth Mehl

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