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Entrevista

El odio, su origen y cómo superarlo, según Marcos Aguinis

Cultura

Presentó un ensayo en el que reflexiona sobre la forma de desactivar la violencia

En este momento, la pobreza, la marginación y la exclusión estimulan el odio y, si no hay cambios, la Argentina puede ser víctima de ese sentimiento de manera desenfrenada.

La advertencia es de Marcos Aguinis, caballero de las letras y las artes, según una distinción otorgada por el gobierno francés, que hizo su aporte al actual debate sobre la violencia: este fin de semana llegó a las librerías su último ensayo, "Redes del odio".

"Es un enfoque más bien sociológico que psicológico", dijo Aguinis a LA NACION al describir, en una entrevista, la obra editada por Planeta, en la que se trasluce su concepción del hombre y de los recursos para enfrentar el mal y la violencia.

-Desde los atentados del 11 de septiembre está en el tapete la discusión sobre el bien y el mal. ¿No se cae en una simplificación al hablar de buenos y malos?

-El ser humano está ansioso por entender los motivos de sus incertidumbres y malestares. Y trata de esquematizar, como lo hacía la herejía del maniqueísmo: de un lado están los malos y del otro, los buenos. Es muy difícil escapar de esa tendencia. Pero no es una buena forma de ver el mundo, porque simplifica y pone toda la culpa de un lado y toda la generosidad del otro. Y no es así.

-¿Cómo explica usted el mal?

-El hombre está compuesto por el bien y el mal, y ambos elementos luchan dentro de él por manifestarse. Admiro al ser humano que, a pesar de estar habitado por las tendencias del mal, entre las cuales el odio juega un rol axial, haya desarrollado la cultura, la solidaridad, el arte, la piedad, el amor. Quizás el mal sea un provocador sin el cual no habría un desarrollo tan prodigioso del bien.

-Si el bien y el mal están "mezclados" en el ser humano, ¿qué despierta el odio?

-El odio suele ser desencadenado por una injusticia o una herida narcisista, por una situación traumática, inexplicable. Este elemento disparador activa algo que ya está en la condición humana. Es un problema cultural, porque en las sociedades donde odiar y ejercitar la venganza es una práctica generalizada, basta una mínima ofensa para despertar una tempestad de odio.

-¿La sociedad argentina aprecia la venganza y el odio?

-Nuestro país ha tenido odios que lo dividieron casi en dos mitades. Estaban los unitarios y los federales, los conservadores y los radicales, los peronistas y los antiperonistas, los guerrilleros y los represores militares. Pero, en líneas generales, es un país en donde el odio no tiene una presencia tan fuerte como en otros. En este momento, la pobreza, la marginación y la exclusión estimulan el odio. Si no se crean nuevas fuentes de trabajo, si no hay inversión y si no se limita la tendencia a una creciente anomia, entonces podemos ser víctimas de un desenfreno de odio.

-¿Qué recursos tiene el hombre para desactivar el odio?

-No podemos ser ingenuos y creer que el odio y el mal van a desaparecer; pero no es ingenuo suponer que podemos ponerle cercos y limitarlo, frenarlo, descalificarlo.

-En "Redes del odio" describe el perdón como una posibilidad para vencer el odio. Pero dice que pedir perdón asusta. ¿Por qué?

-Porque significa tener el coraje de aceptar en público que uno se equivocó. El perdón asoma como un camino lleno de obstáculos, pero cuando se lo atraviesa, la reconciliación brinda tanta satisfacción que se entiende que vale la pena hacer ese esfuerzo. Por eso elogié el perdón que solicitó la Iglesia al inaugurarse el tercer milenio. Esta actitud es un modelo imitado por personalidades, como el presidente alemán Johannes Rau, que en Israel pidió públicamente perdón por el Holocausto, y Bill Clinton, que en Africa pidió perdón por el ejercicio de la esclavitud. En la Argentina estamos esperando que tanto los militares como los sectores de la guerrilla pidan perdón sin esperar que los de la otra parte lo hagan.

-Para anular el odio usted propone el diálogo interreligioso. Llevado a un plano individual, ¿qué significa esto para una persona que odia a los delincuentes, por ejemplo?

-Este tema lo traté en mi primera novela. Planteé que el conflicto se daba entre dos víctimas que no lograban reconocerse como tales. Pero los argentinos, con escasas excepciones, somos todos víctimas. Si nos consideráramos así, nos daríamos cuenta de que no tiene sentido dañarnos los unos a los otros.

Una experiencia de antisemitismo

"He vivido el antisemitismo en su forma más brutal, la del Holocausto, y en una forma encubierta", dice Marcos Aguinis cuando se le pregunta sobre si padeció en carne propia el odio hacia el pueblo judío.

"La primera vez fue cuando tenía alrededor de 9 o 10 años -recuerda-. Un día llegó a mi casa una carta que mis padres leyeron en el cuarto a puertas cerradas. Cuando mi padre salió lloraba desconsoladamente. Después me enteré de que allí se narraba cómo su familia había sido asesinada por los nazis en Alemania. Luego me encontré con manifestaciones antisemitas en personas de buena conciencia que creían que no lo eran. Trato el antisemitismo en el libro, porque no existe un odio como éste que haya durado tantos siglos contra la misma comunidad y con argumentos religiosos, éticos, raciales o nacionalistas. El odio no es racional y todas las excusas que se usan son piezas intercambiables. Lo que importa es odiar y después viene la excusa, la explicación.

-En su experiencia, ¿qué lo ayudó a superar el odio?

-Tomé conciencia de que el odio es un mal consejero y crea un estado de guerra interior interminable. Puedo sentir indignación, cólera o hervir de rabia por alguna situación, pero no odiar, porque el odio no lleva a ninguna solución, ni a que el otro se porte mejor ni propicia un clima más positivo. .

Por Silvina Premat De la Redacción de LA NACION
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