Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Lebeau: 30 años con chicos

La autora canadiense dictará un taller de dramaturgia para especialistas

Sábado 08 de noviembre de 2003

Fundadora y directora artística, junto con Gervais Gaudreault, de la Compañía Le Carrousel, que este año cumple 30 de trayectoria, la dramaturga canadiense Suzanne Lebeau visita la Argentina después de 15 años, invitada por Atina (Asociación de Teatristas Independientes para Niños y Adolescentes), para participar de su festival con un taller de dramaturgia. Es autora de más de veinte espectáculos para el público infantil y ha logrado un reconocimiento internacional como especialista.

Vital, sensible y profunda, Suzanne Lebeau se muestra feliz de volver después de 15 años a la Argentina, país donde en breve estadía hizo amistades perdurables.

En su primer viaje, trajo el espectáculo "La luna entre dos casas", obra muy celebrada por el público y apreciada por la gente de teatro, tanto que muchos de los integrantes de su taller, durante esta semana, viajaron a Buenos Aires animados por el recuerdo de esa obra. Sin duda es una pena que, venida desde la otra punta del planeta, esté en la Argentina por apenas una semana y que solamente dirija un taller de tres días. Hubiera sido muy bueno que participara también de un acto de convocatoria más general.

Los chicos y la sinceridad

Para Suzanne, lo esencial parece ser la verdad, la sinceridad de la entrega. Su mirada intensa e inteligente refleja también en el fondo el encuentro cercano con el dolor, ese dolor que es parte de la vida y cuyo reconocimiento no les quiere negar a los niños desde la posibilidad del arte teatral.

Admite que en sectores sociales donde la sobreprotección del niño llega a los extremos de negación, farsa, engaño o indiferencia, donde se eluden los aspectos oscuros de la vida y se fomenta una imagen falsa de la niñez como un estado de total beatitud, su obra ha encontrado y sigue encontrando resistencia de parte de los adultos.

"Pero no de los niños: ellos entienden, y a veces más que nosotros -aclara sonriendo- y se sienten representados. Quisiera, como Picasso, quien decía que le había llevado ochenta años recuperar el trazo libre y gratuito de la mano de un niño, volver a encontrar cada día un poco más de la mirada nueva de un niño."

"Muchas veces -dice- mientras escribo una nueva obra me desespero porque no sé qué camino tomar para tratar estos impulsos del bien y del mal que hay en todos nosotros y de los que quiero hablar con los niños. Y voy a ellos, en cada etapa de la escritura, a encontrarme; no a encontrar respuestas, sino a ver si lo que hay dentro de mí se comunica con ellos. Lo que pasa es que no hay recetas. Al menos yo no las tengo. Creo que cada texto tiene su propio lenguaje teatral que es siempre distinto del otro."

"Y esto me pasa también en los talleres: sólo puedo compartir preguntas y experiencias."

Mandato

"En general, al teatro para chicos se le exige que sea formativo, didáctico, que divierta. Que les demos lecciones de vida, que les expliquemos. La palabra importante parece ser divertir. Pero no es necesario que sea así: yo prefiero exigir que sea arte y que comunique. Tenemos también derecho a conmover, a emocionar, a trastornar, a dejar con preguntas.

"La comunicación con los niños casi siempre se hace desde afuera con una intención, con un objetivo; la actitud es: "los niños están allí, y nosotros acá, y nosotros sabemos". Para mí, pienso que como el adulto que soy hoy, tengo que descubrir qué es eso tan urgente que no puedo dejar de decir, y acercarme a los niños, no para usarlos, sino para conversar, para decir y escuchar qué me dicen ellos.

"La puesta en escena es muy importante. Después de treinta años, con Gervais hemos llegado a una total complicidad. Yo puedo apoyarme en él con mis miedos, cuando no sé si esto que quiero decir se puede poner en el escenario. Con "El ogrito", pensé que se debía ver la casa, la escuela, el camino, la gruta, y él hizo una puesta abstracta, una escenografía tan simple, tan sugerente, que casi nada se veía y todo estaba allí. Después, cuando visité a los niños, me dibujaron todo lo que ellos vieron, y cada uno tenía su propia historia, e incluso su propia visión de cómo podría continuar.

Temas verdaderos

"Me importa hablar con los niños de lo que la vida es en verdad; de que hay bien y mal dentro de nosotros; de que hay cosas, aun dentro de las personas, contra las que tenemos que luchar para ser libres. Pero sólo puedo hablarles desde mi experiencia. Por eso, muchas veces tomo como punto de partida hechos reales y los coloco en la poesía del teatro, para que nos comuniquemos. No me interesa un teatro que solamente se proponga divertir. Me molesta que hacer reír en todo momento sea una necesidad. Creo que es una exigencia del medio que ahoga el arte.

"La mirada condescendiente del medio teatral en particular y de la sociedad en general atrofia la práctica del teatro para niños. La condescendencia y la falta de consideración generales crean una confusión total en la manera de recibir y de juzgar lo que se ofrece a los niños. Desde el momento en que un espectáculo está bien hecho, todo da más o menos lo mismo. Como hay pocos adultos que se interesan en el teatro para niños, no hay una mirada crítica sobre lo que se produce. Como no hay mirada crítica o, en fin, enamorada, hay pocos creadores que se dedican apasionadamente a esta profesión y que la ejercen rigurosamente. Es un círculo vicioso, y la atrofia es inevitable. Y no sólo en Québec, no sólo en Francia: en todo el mundo."

Muchos de los espectáculos de Lebeau han sido traducidos al español y se han presentado en México. También, algunos de ellos han sido editados.

Ruth Mehl

Te puede interesar