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De casos e historias

La Colmena de las pastas

Comunidad

Ushuaia

Nueve beneficiarios del Plan Jefas y Jefes de Hogar Desocupados, que cobran ciento cincuenta pesos por mes, se cooperativizaron y fundaron, en Ushuaia, La Colmena, un microemprendimiento gastronómico dedicado a la fabricación de pastas caseras.

Los propietarios de esta cooperativa, que abre sus puertas en mayo de 2002, durante la semana recogen los pedidos de los clientes y el viernes compran los insumos, preparar y embalar los encargues.

En poco tiempo, de amasar pocos kilos de harina pasaron a fabricar, cada semana veinticinco kilos de ñoquis, treinta cajas de ravioles, otras tantas de sorrentinos y veinte docenas de empanadas de carne, también a proveer a una rotisería mientras gestionan la venta de productos a los bares y restaurantes.

El coordinador del grupo, Alberto Salas, confió a La Nacion que el objetivo es "conseguir un subsidio nacional y reinvertir la ganancia en maquinaria para aumentar la producción y abastecer, por ejemplo, a los comedores escolares los días que tocan pastas".

La producción de pastas se realiza en el mismo edificio donde los fines de semana almuerzan ciento veinte mujeres y niños que asisten al comedor comunitario Padre Carlos Mujica.

Vestidos con delantales blancos y cubiertos de harina, los trabajadores no ocultan la satisfacción que les produce haber convertido el asistencialismo en empleo genuino, mientras decenas de cajas grises, que dicen, por ejemplo: sorrentinos de ricotta y ravioles de verdura, van desapareciendo antes de las 21 del viernes, cuando el último cliente pasa a recoger el último encargo.

Silvio Bocchicchio
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