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Raúl Giménez, el maestro del bel canto

Espectáculos

Entrevista con el tenor, antes de su viaje

BAD WILDBAD Y PESARO (Alemania).- Reconocido internacionalmente como uno de los más sensibles y elegantes artistas del bel canto , el nombre de Raúl Giménez está asociado a las programaciones y festivales más representativos de este virtuoso estilo. Asimismo, sus interpretaciones discográficas sobresalen como modelos en la especialidad. Entre ellas, pueden citarse "La Sonnambula", grabada bajo la experta batuta de Alberto Zedda; "La Cenerentola", tomada del vivo en el Covent Garden, cuyo Don Ramiro, en su luminosa voz, ha sido catalogado como una performance antológica y "L´italiana in Algeri", con un Lindoro en el que "Giménez confirma su rango de uno de los mejores tenores para Rossini de la actualidad", tal criticó "Rondo", el magazine de grabaciones clásicas más leído de Alemania. En otros roles, el crítico Robert Levine lo ha considerado un "tenor mozartiano magnífico" y ha calificado su recopilación de arias del compositor salzburgués como "interpretaciones perfectas de primer orden internacional".

Pero también en otros ámbitos, el tenor argentino (que dejó el país en 1984 y reside en España), cuenta con otra fama de gran maestro: la de experto en transmitir espontáneamente a sus colegas secretos y consejos acerca de la técnica vocal. Después de años de esta generosa práctica, Giménez debutó este año dictando sus "Belcanto Lessons", en el Festival Rossini de Bad Wildbad.

Durante una intensa semana, y con el acompañamiento al piano de otro argentino, el maestro Andrés Máspero, Giménez inspiró a sus discípulos con calidez, entrega y profesionalismo. Al cabo del curso, y ya a punto de partir rumbo al festival de Pesaro, el tenor mantuvo la siguiente charla.

-¿Cómo surgió tu vocación docente ?

-Como cantante he tenido que luchar con varios problemas técnicos y, sobre todo, con un problema de salud que me arruinaba el aparato fonador, un tema que me persiguió durante años, me hizo bajar el rendimiento y que me obligó a suplirlo con la mayor técnica posible. Tuve además la enorme suerte de encontrar grandes maestros y de ser muy curioso. De pronto, los colegas empezaron a preguntarme cómo resolvía los problemas, algo que hasta ahora hice mucho a nivel privado, pero ésta es la primera vez que doy la cara (risas).

-¿De dónde viene la claridad para detectar el problema, despejarlo y solucionarlo?

-Supongo que del hecho de creer que no hay un método que sirva para todos por igual. Lo primero es distinguir la naturaleza de la voz y localizar qué es lo que está haciendo bien. Luego, si veo que le indico al cantante una mecánica que al aplicarla modifica ese rasgo positivo, le estoy dando un mal consejo. Hay que diferenciar dónde y en qué medida eso perjudica y favorece, para intentar un punto medio en el que el cantante corrija el error sin dejar de ser él mismo. Cuando ese punto se descubre, es impresionante: se ve un brillo en los ojos, se produce una sonrisa espontánea.

-¿Cómo se puede descubrir una voz para el bel canto ?

-No se puede descubrir. Se pueden evaluar condiciones generales: voz, musicalidad, intuición, capacidad de comunicación, salud, técnica natural de fonación, cómo respira, cuál es la posición y la dirección de su sonido; si tiene instinto para el teatro; cómo es su dicción. Es importante conocer los límites naturales y establecer dónde se usa bien la fonación. La voz es el reflejo del alma y cada una tiene su propio pathos . Cuanto menos experiencia tiene una persona en el escenario, más desnuda se verá su verdadera voz, y así se podrá leer si es tímida o extravertida, si siente miedo, si está controlando la situación o todo es casual.

-Grandes nombres de la lírica vienen en este momento de América latina y, en Europa, ese origen implica cierto sello de garantía. ¿Cómo explicarías el fenómeno?

-Para mí, las razones son la sensibilidad y la música latinoamericana, en nuestro caso el folklore y el tango, porque... ¿qué es la ópera? Es el folklore del ochocientos. "L´elisir d´amore" es lo que la gente cantaba por la calle y, aunque lógicamente existía también una música más popular y ésta era la de cierta elite, la ópera era lo que consumía la gente. .

Cecilia Scalisi
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