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Entrevista con Augusto Roa Bastos

"Los regímenes dictatoriales han oprimido la cultura y la educación"

Cultura

De visita en el país, fue condecorado con la Orden del Libertador General San Martín

Cuando el diálogo se introduce en la supervivencia de los valores de la cultura bilingüe y la alfabetización en su país, exulta una vitalidad conmovedora. Es que de ambas cuestiones, el escritor paraguayo Augusto Roa Bastos es, a sus 86 años, un referente ineludible.

Esta semana, este intelectual que ha vivido más años en el destierro que en su patria, recibió la Orden del Libertador General San Martín en el grado de Comendador, por parte del gobierno argentino.

De apariencia frágil y de firmes ideas democráticas, Roa Bastos persevera en su preocupación por la cultura. En tanto, su convicción por rescatar la cultura local como marca de la identidad no retrocede. Está convencido de que "los regímenes dictatoriales" que asolaron durante largos años al Paraguay "han oprimido especialmente la cultura y la educación. El problema principal es que prevalece un sentido utilitario de la cultura", dice. Al ser bilingüe, agrega, el sistema educativo paraguayo dificulta la afirmación de valores que aseguren la continuidad cultural.

Camina incansablemente Roa Bastos la geografía latinoamericana en busca de vestigios de lenguas primitivas. Y recorre su propio país con un programa de apertura de bibliotecas populares y de alfabetización.

Al agradecer la distinción del gobierno argentino, Roa Bastos dijo: "Yo llamo a esto un gesto de amistad latinoamericana. La amistad no es sólo uno de los sentimientos más profundos del hombre, sino que traduce ese universo profundo de la hermandad de los seres humanos entre sí".

-¿Cómo es escribir en un país de cultura bilingüe?

-El problema bilingüe connota aspectos que se contradicen entre sí. El hecho de tener una lengua indígena ayuda mucho a diversificar la cosmovisión de un universo complicado como el nuestro. El guaraní tiene expresiones tomadas de una ancestral visión del mundo, que tenían las razas de la región. A tal punto, que los primeros intentos colonizadores del Paraguay tuvieron que emplear el guaraní para comunicarse con los naturales. El discurso no escrito subyace en el universo lingüístico hispano-guaraní. El texto piensa al escritor y no a la inversa.

-¿De modo que no es sencillo traducir en palabras ese universo afectivo y mítico oral?

-La literatura argentina y paraguaya se expresan en español, y el guaraní está hoy relegado al mundo indígena. Pero se trata de una lengua muy bien organizada desde el punto de vista cultural, lingüístico, gramatical y semántico. Tiene expresiones de un enorme valor simbólico, porque casi en su totalidad se expresa en signos y símbolos. Entre el español y el guaraní no hay una conexión simbólica. La primera es la lengua madre de América y, en un sentido más amplio, esto refleja a la cultura local.

-¿Por qué con su historia de rebelión y opresión Paraguay no ha florecido en una literatura más ampliamente difundida?

-Se trata de un mundo que combina lo salvaje y lo tremendo de nuestras civilizaciones primitivas con la llegada de los españoles a nuestra región. Una de las causas de la carencia de intérpretes de la realidad y el espíritu de un país se debe precisamente a ese choque ideológico y lingüístico entre esos dos mundos: el aborigen y el de los colonizadores. Somos una cultura bilingüe y oral, en la que no prosperó la escritura.

-¿Cuánto se ha avanzado en el Paraguay con el plan de alfabetización en el que usted trabaja?

-Tratamos de avanzar a través de la naturalización de los signos y los símbolos; incluso, a través de la mezcla del guaraní con el español. Muchos países latinoamericanos, entre ellos Paraguay, han sido cuna de lenguas nativas sustituidas por el español como un medio más universal de expresión y de comprensión entre los pueblos. Yo pretendo que esta campaña de alfabetización aborde los distintos aspectos de la cultura y que, sin eludir el problema bilingüe, lleve a una comprensión del español.

-La mayor parte de su vida transcurrió en el exilio. ¿Cómo repercute eso en la propia identidad?

-Se creó una especie de ruptura. Fue un fenómeno traumático, una verdadera mutilación de lo que hubiera sido, por ejemplo, mi desarrollo cultural en otras circunstancias.

-En el destierro, ¿cómo era el Paraguay imaginario que alimentaba su obra?

-Era la memoria de una cultura, de una lengua, que se volvía más intensa desde afuera. Porque el exilio es como una prisión en el vasto exterior. En mi caso, nunca me fui de Paraguay desde el punto de vista cultural

-Como Sabato, usted destruyó muchos originales. ¿Por qué?

-Hay un descontento íntimo muy profundo cuando uno tiene una cosmovisión profunda de la realidad y no logra expresarla. Se origina una tensión muy grande. Yo no he destruido mis originales para ir superando mis propias limitaciones.

-¿Cuál es su héroe latinoamericano preferido?

-San Martín, porque fue un prohombre desde el centro al sur de América latina. Además, nació en Corrientes, donde se habla guaraní y representó esa necesidad de ir relegando la mediatización del español, sin que eso significara ampliar la presencia de las culturas aborígenes. .

Por Susana Reinoso De la Redacción de LA NACION
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