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El gran remate de objetos de Borges terminó en fracaso

De los 238 artículos sólo se vendió el 30% y a precios más bajos que los pedidos

Viernes 21 de noviembre de 2003

LONDRES.- La subasta de la más vasta colección de obras de Jorge Luis Borges, jamás antes ofrecida al mercado, terminó ayer en medio de acusaciones cruzadas, tras registrar un desastroso resultado pecuniario.

Un 70 por ciento de los 238 artículos en oferta no llegó a venderse, y aquellos que sí se comercializaron, con leves excepciones, lo hicieron por un valor considerablemente inferior al originalmente estimado.

En total, la casa de remates Bloomsbury Book Auctions -en su primera incursión en la literatura latinoamericana- recogió unos 170.000 dólares. Es decir, ni siquiera la mitad de los 500.000 dólares que esperaba alcanzar como mínimo.

La mayor decepción fue el manuscrito de "James Joyce y los neologismos", cuya cotización fue de 68.000 a 75.000 dólares, pero que quedó en el mostrador tras recibir sólo una oferta por 15.000 dólares.

La cifra más alta del día la marcó otra obra manuscrita, "El verdugo piadoso", pero con 27.000 dólares, cuando estaba cotizada entre los 34.000 y los 44.000 dólares. El comprador fue un coleccionista ausente, identificado como Salvador, que había dejado la oferta de antemano.

Al contrario de lo que se había afirmado aquí, "Fervor de Buenos Aires", la piedra de la discordia todavía bajo la lupa de la justicia argentina, no se puso a la venta "en ausencia". La obra fue retirada del catálogo minutos antes de la subasta por el director de la casa de remates, Rupert Powell, que invitó a quien pudiera estar interesado a hacerle alguna propuesta al final de la subasta. Nadie, sin embargo, parece haberse acercado.

Demandas

"Voy a demandar por daño económico y moral a todos aquellos que destruyeron la subasta en Buenos Aires", adelantó a LA NACION su propietario, Marino Massimo De Caro, tan atragantado con furia que de su boca salía un extraño pastiche de inglés, castellano y la lengua de Dante.

"Hasta esta mañana teníamos una oferta muy buena de un coleccionista privado norteamericano vinculado con una institución académica en los Estados Unidos. Pero a raíz de todo lo ocurrido en Buenos Aires la retiró", sostuvo.

"He instruido a mis abogados en Londres, en Orvieto (Italia) y en Buenos Aires para que inicien acciones legales de compensación por valor de 4 millones de dólares, la cifra que, se especulaba, podría haber merecido la colección", precisó. La cotización de Bloomsbury Book Auctions, sin embargo, se ubicaba entre los 595.000 y los 765.000 dólares.

"Mi error fue haber llevado el libro cuestionado a Buenos Aires, porque confiaba en la justicia argentina -agregó-. Si alguna vez me ocurre algo similar, le aseguro que tendrán que venir a buscar lo que quieran aquí. Yo no haré más gestos de buena voluntad."

Al preguntársele si la viuda de Borges, María Kodama, figura entre aquellos a quienes acusa de sabotaje, De Caro respondió: "Veré qué dicen mis abogados, pero, por el momento, para mí Kodama es una cara segnora , la mujer de un autor que yo amo".

A menos de un metro de él, Alejandro Vaccaro, el hombre que transmitió públicamente las dudas sobre el origen de "Fervor de Buenos Aires", no se dio por aludido. "Si la subasta no tuvo el resultado que esperaban es porque pidieron más dinero de lo que realmente valía -señaló-. Muchas de las cosas que identificaron como "colecciones completas", como en el caso de la revista Sur, no lo eran. Los números de la revista editada por Victoria Ocampo alcanzaron los 371 ejemplares, no los 363 que pusieron a la venta", indicó.

Ese lote, no obstante, fue adquirido telefónicamente por un coleccionista privado de apellido Schroeder que pagó 15.600 dólares, unos 2000 dólares más que la cotización máxima.

"Sobre "Fervor de Buenos Aires" lo único que puedo decirle es que da la impresión de haber sido comprado para ser robado -destacó Vaccaro-. La seguridad de la Biblioteca Nacional ha sido siempre tan mala que a uno sólo le queda pensar en lo peor."

Antes de partir a Madrid en su habitual búsqueda de ediciones raras, Vaccaro se dio el gusto de adquirir aquí dos libros, uno por la mitad del precio estimado y otro (la primera edición de "El libro de arena") por tres veces más que lo tasado. "Los libreros sabemos muy bien qué es lo bueno y qué es lo malo, aun frente a un catálogo mal redactado", explicó.

Ajeno a la controversia

Entre los presentes, a título personal, se encontraba el embajador argentino en Londres, Federico Mirré. Ajeno a la controversia, su misión consistió en comprar, de su propio bolsillo, dos libros, "El compadrito" y "El Martín Fierro" (93 dólares cada uno), con la intención de donarlos a la Biblioteca Nacional.

"Hice lo que pude en la modestia de mi presupuesto -dijo a LA NACION-. Fue sólo una forma de dar el ejemplo ante aquellos que intenté convencer de echar el hombro para rescatar la colección para nuestro patrimonio."

Mirré envió hace una semana una carta a 25 figuras de las finanzas y del mundo académico alentándolas a participar de una operación rescate.

"No sé si me llevaron el apunte porque varias compras se hicieron por teléfono. Quién sabe, por ahí un día nos llevamos la linda sorpresa de ver algunos de estos libros de vuelta en Buenos Aires", comentó.

Señales de que la subasta no tendría el eco deseado eran evidentes aun antes de que se levantara el martillo. El propietario de una de las más prestigiosas librerías especializadas británicas, Hünersdorff, advirtió a LA NACION que había ido "sólo a mirar". Un colega español, Paulo Orssich, dijo haber consultado a infinidad de clientes en su tierra, pero que "ninguno se mostró interesado, porque los precios les parecían demasiado altos".

El coleccionista italiano Paolo Pampaloni, ayer un ávido comprador de ediciones de cifras modestas, también consideró "todo un poquito exagerado".

Hasta el director de Bloomsbury Book Auctions coincidió en este punto. "Si más de la mitad de los lotes no se vendió y el promedio de los valores fue más bajos de lo esperado debe ser porque se pidió demasiado. En este negocio los precios siempre los coloca el mercado", señaló, resignado.

De Caro, en cambio, dijo que permanecerá en Londres un par de semanas con la esperanza de escuchar alguna oferta. Pero negó rotundamente que otra versión de "Fervor de Buenos Aires", con más anotaciones, saliera a la venta en reemplazo de la incautada.

"Ese fue un invento del catalogador de la casa de remates, Javier Molina. Yo jamás propuse semejante cosa", aseguró, aun cuando confirmó estar en posesión de tal ejemplar. Molina, por su parte, dijo haber seguido en todo momento las instrucciones dadas por su cliente.

Por Graciela Iglesias Para LA NACION

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