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Equilibrio fiscal, meta del nuevo ministro

Pondrá el acento en el déficit público

Lunes 05 de marzo de 2001

Ayer, en la calurosa tarde de Olivos, había consenso entre los pocos ministros que aceptaron hablar tras la conferencia de prensa en la que se presentó a Ricardo López Murphy como nuevo ministro de Economía: era el único candidato dentro de la Alianza que podía ser digerido tanto por la coalición como por los mercados y el establishment (doble condición que hizo alejar las posibilidades de que el elegido fuera Domingo Cavallo).

De él se espera que tome la posta de las medidas que su antecesor, José Luis Machinea, anunció pero no pudo hacer realidad: disciplina fiscal, poniendo el acento sobre el déficit público generado por las administraciones provinciales y municipales; mejora de la competitividad empresarial por medio de reducciones impositivas y de cargas patronales; mayor apertura económica y desregulación, y aumento de la recaudación de impuestos.

Quienes lo conocen aseguraban ayer que, al menos en una primera etapa, López Murphy apuntará a profundizar esos objetivos y que no sobrevendrán cambios espectaculares en la orientación trazada por Machinea, de quien López Murphy era "defensor número uno" en las reuniones del gabinete nacional. "Es casi un milagro lo que se hizo en 2000", elogió en una oportunidad el nuevo ministro de Economía a su antecesor.

Pero la diferencia sustancial con Machinea es que los mercados lo ven como uno de los suyos , con mayor credibilidad y ejecutividad para concretar las reformas anunciadas. En cambio, los mercados jamás vieron al titular de Hacienda saliente como alguien del palo .

Las ideas de López Murphy están en perfecta sintonía con las de la Fundación Económica de Investigaciones Latinoamericanas (FIEL), en la que fue economista jefe entre 1992 y diciembre de 1999, cuando se incorporó al Gobierno. FIEL, think tank de ideas liberales, tiene una posición tomada ante la coyuntura: el sector privado ya hizo el ajuste; ahora lo tiene que hacer el Estado, único beneficiado con la fenomenal expansión del gasto de los años 90. Para FIEL, el recorte de salarios estatales del 12 al 15%, lanzado el año pasado, tuvo un impacto mínimo y ahora se impone "una reingeniería del gasto" o, en palabras más simples, una reforma integral del Estado.

De esta idea madre se irán desprendiendo las medidas de sintonía fina que todos quieren desentrañar y que una alta fuente del Ejecutivo negó que hubiesen formado parte de la agenda de ayer. La clave es saber ahora dónde se ubicará el umbral de tolerancia de la Alianza para con las futuras medidas de López Murphy, que, se presume, serán duras.

Ayer, en Olivos, un integrante del gabinete parecía ensayar un límite: "La rebaja de salarios públicos ya se hizo y volver a hacerla sería suicida. No hay por qué hablar de eso. Podemos hablar de reducir el gasto público superfluo, pero no de despedir gente ni de achicar los sueldos".

Pedido de consenso

Ayer, públicamente, el Gobierno insistió en que el sucesor de Machinea no había planteado ninguna exigencia. Pero una fuente inobjetable dijo a La Nación que sí hubo al menos un reclamo: López Murphy pidió coherencia absoluta dentro del gabinete y apoyo de los cuadros de la Alianza a sus futuras decisiones.

Respecto de la opinión de López Murphy sobre la posible designación de Domingo Cavallo como titular del Banco Central, la fuente fue terminante: "No tiene ningún inconveniente" en aceptar esa movida.

Por José Luis Brea De la Redacción de La Nación

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