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Beckett: música y muchas palabras

Jueves 27 de noviembre de 2003

"Palabras y Música", de Samuel Beckett y Morton Feldman. Actores: Pablo Ruiz (Croak), Miguel Guerberoff (Palabras). Ensamble Pierrot Lunaire, dirigido por Santiago Santero (Música). Ciclo de conciertos de música contemporánea. Teatro San Martín. Nuestra opinión: bueno

No existe posibilidad alguna de concluir la lectura de una novela, relato, ensayo o poema de Beckett y que las certezas acudan contundentes y en tropel. O que las precisiones abunden en significaciones claras luego de presenciar una obra de teatro. En todo caso, habría que dejar bien en claro que estas afirmaciones no pretenden plantear discusiones sobre valores artísticos, que para estos fines son múltiples los fundamentos y factores por considerar, sino que, simplemente, revelan un hecho incontrastable.

Pues lo mismo puede sostenerse luego de "Palabras y Música", una pieza radiofónica escrita por el autor irlandés en 1962 y musicalizada por Morton Feldman veinticinco años después. Hasta tal punto reinó la incertidumbre al final que el público, que colmó la platea no numerada de la Cunil Cabanillas, no atinaba a levantarse y abandonar el asiento tan preciado al no saber si lo que había acabado era una hipotética primera parte o el total de la obra.

Antes del inicio de la pieza, sobre el sector derecho del pequeño escenario estaban ubicados los siete miembros del Ensamble Pierrot Lunaire, una especie de seleccionado musical austroargentino con sede en Viena, integrado por violín, viola, chelo, dos flautas, vibrafón y piano. Apenas articulando algún sonido eventual, observaban desde sus puestos de trabajo cómo iba entrando el público y cómo, según pasaban los minutos, aumentaba su ansiedad por localizar alguna silla vacía.

Por fin, bajaron las luces de la platea y entraron Miguel Guerberoff y Santiago Santero. Este último, con la batuta en su mano, se paró frente al ensamble para ejercer la conducción y también para cumplir con su misión de encarnar a Música, un personaje silente sujeto en sus acciones a la voluntad y las órdenes de Croak y de Palabras.

Guerberoff se sentó frente a una mesa, en el sector izquierdo del escenario, y comenzó a articular sus disquisiciones, las de Beckett, al tiempo que iniciaba su reclamo enérgico y permanente solicitando silencio a los músicos, quienes, con un contundente acorde de re menor, afinaban sus instrumentos. El tercer personaje, Croak -algo así como graznido-, llegó más tarde para sentarse al costado de Palabras y, desde ahí, golpear enérgicamente con un mazo sobre un bombo y proferir con vehemencia parlamentos cortos, carentes de verbos, ordenando y pidiendo, alternadamente, música y/o palabras.

El planteo se mantuvo incólume y sin variantes a lo largo de unos treinta y cinco minutos, con los pensamientos vagos, poéticos, inconexos, serenos, enredados y bellos de Palabras -además, siempre requiriendo silencio a Música-, los deleites de Croak frente a los sonidos que provenían del ensamble, algunos de cuyos sonidos ascendentes y descendentes repetía con la boca cerrada, y Santero obedeciendo y dirigiendo con precisión al ensamble, que, menester es decirlo, fue absolutamente exacto y detallista en cada una de sus intervenciones. Por último, Croak abandona fastidiado la escena y Palabras, reconciliándose con Música, le suplica, precisamente, música.

Lecturas diversas

Puede haber muchas lecturas e interpretaciones sobre los contenidos, los símbolos y los significados, y posiblemente todas sean atendibles. Sin lugar a dudas, prescindiendo del texto y sus correctas interpretaciones por parte de Guerberoff y Ruiz, lo más interesante fue la música de Feldman, pequeños cuadros sonoros, treinta y tres en total, de infinitas combinaciones y de las más exquisitas sutilezas. Así como existen suites instrumentales de obras escénicas, tal vez Feldman, que falleció no bien concluyó esta partitura, podría haber prescindido del libreto y elaborado una obra que tuviera mayor continuidad, sin palabras, que si bien fueron concretamente el disparador para su composición, en algún punto, como bien se quejaba Croak, sólo lograban interrumpir lo mejor, la música.

Pablo Kohan

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