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Historias de vida

El five o'clock tea y la nostalgia del asado

Exterior

Cinco argentinos cuentan su experiencia de emigrantes en Inglaterra

Dar el sí lejos de casa

La historia de Ana Davies es muy singular, ya que como ella señala, no tuvo que irse de la Argentina por problemas, sino que tomó una decisión que definitivamente cambiaría su vida.

"Decidí aceptar la propuesta de casamiento (bien a la antigua) que me hizo quien ha sido por los últimos 25 años mi marido. Originariamente, vine a Inglaterra porque estaba estudiando profesorado de inglés en el Lenguas Vivas en Buenos Aires, me fue mal en una de las Lenguas y decidí que un período de tiempo en Inglaterra, lugar al que tenía totalmente idealizado, sería la solución de mis problemas (lingüísticos, aclaro)."

Ana conoció a Paul gracias a una amiga.

"No todo fue sobre ruedas, pero nos llevamos bien. No obstante, al final de mi visa, volví a la Argentina. Habían transcurrido casi 12 meses, y pasaron tres más antes de que llegara su proposición después de extensa correspondencia y llamados (más de su parte porque en esa época llamar desde la Argentina era un suplicio)."

"Así fue que supe que iba a vivir en Inglaterra de no suceder un milagro porque Paul es "chartered surveyor", carrera que entonces no tenía realmente una equivalencia en la Argentina.

Nos casamos en la Catedral de San Isidro en noviembre, viajamos de luna de miel a Bariloche y vinimos a Inglaterra a vivir a fines de noviembre. Ese fue el primer gran choque y fue más que nada climático.

"Es una cuestión de circunstancias político-económicas; en ese momento la Argentina estaba pasando por un momento teóricamente "bueno" aunque no fuera real - de la plata dulce.

"Inglaterra estaba al borde de una crisis política con paros generales, colas para comprar pan, basura amontonada en pirámides en las esquinas que sumado al frío, la lluvia y las tormentas de viento no ofrecían un cuadro de bienvenida muy halagador. Además yo sabía que no tenía billete de regreso y eso me deprimió mucho."

El matrimonio con Paul no le dio derechos inmediatos a la residencia definitiva en el Reino Unido. "Al ingresar, me dieron una visa temporaria de tres meses sin derecho a trabajar pendiendo la solicitud de visa permanente. Esto implicó que no podía hacer nada más que estar en casa, salir a dar vueltas cuando no hiciera demasiado frío, pero nada extraordinario. Con un solo sueldo y no muy extravagante no podía pensar en entretenerme todos los días. Como no tenía amigos y mi vida en San Isidro había sido siempre muy social, me sentí terriblemente sola a pesar de estar en una de las ciudades más cosmopolitas del mundo."

Cuando llegó la visa comenzó a trabajar en Aerolíneas Argentinas. "El personal estaba constituido por una gran variedad de latinoamericanos y españoles que vivían llorando por haber dejado sus respectivas tierras, y no tardé mucho en contagiarme el sentimiento."

"La falta de mis amigos y familia fue lo que siempre me pesó más. Afortunadamente he podido verlos en forma bastante regular, al menos una vez al año."

"Hace 26 años, las cosas que más me impactaron fueron la pobreza de los supermercados en comparación con los de la Argentina en ese momento, la frialdad de la gente que por ejemplo se encontraba con un amigo íntimo que hacía años que no veía y se decían hola y nada más, ni un beso, ni un abrazo, ni un apretón de manos - casi con indiferencia."

"Por otro lado, me impresionó que cuando la amistad entre un hombre y una mujer era grande, iban al otro extremo y se besaban en la boca."

"Si uno no habla inglés, las posibilidades de trabajar, socializar, resolver problemas se reduce notablemente. Un problema asociado es que se habla inglés con tantos ´acentos´ diferentes y por tantos grupos étnicos diferentes que a veces aún con el mejor nivel de inglés uno se encuentra perdido."

"La mezcla étnica es un choque cultural importante porque a pesar que nuestro país está formado por grupos de diferentes nacionalidades, en general, se podría clasificar a la mayoría como blancos (y esto desde un punto de vista sociológico, no racial)."

Uruguayo de nacimiento, argentino por elección y en Inglaterra

"Soy argentino oriental, o dicho de otro modo, uruguayo de nacimiento, y me siento muy ligado emocionalmente a la República Argentina. En 1982 me ofrecí como voluntario para ir a las Islas Malvinas. Todo nació de mi gran interés por la historia y por haber crecido nutrido por los ideales de lo que podría haber sido y finalmente no fue. Esto me llevó finalmente a involucrarme en la carrera periodística que, en definitiva, fue lo que me trajo al Reino Unido". Así se presenta Carlos Cortiglia.

"Nací en Uruguay, en la ciudad de Treinta y Tres, la capital del departamento del mismo nombre, el 9 de diciembre de 1957. En Treinta y Tres cursé mis estudios de escuela primaria y siendo adolescente me trasladé a Montevideo donde realicé prácticamente todos mis estudios de enseñanza secundaria y posteriormente universitarios."

El currículum de Carlos es muy frondoso. Trabajó para el Servicio Mundial de la BBC de Londres, el Ministerio de Relaciones Exteriores del Reino Unido, en el Servicio de Radio de Londres LRS y British Satellite News (BSN).

En diciembre de 1994 se casó y se radicó en Londres con Tatiana -su mujer- y Carlos Alexander Bolivar (7 años) y William Vladimir Artigas (5 años), sus hijos.

La primera barrera cultural que enfrentó Carlos fue el idioma. "Yo llegué con un título de profesor de idioma inglés y un diploma de la Universidad de Michigan (USA) bajo el brazo y aún así tuve que enfrentar las diferencias idiomáticas y los acentos. Quizás el hecho de haber residido en Londres -dado que Londres es un sitio muy polifacético y hay quienes dicen que Londres no es parte del Reino Unido -haya limitado el impacto. Dicha barrera puede tener aspectos muy reales -casi físicos- por cuanto uno llega con una enorme necesidad de comunicación y de pronto se siente aislado."

"Entre las costumbres está el hecho por ejemplo de que en el Río de la Plata es algo corriente llegar sin anunciarse. Aquí, si uno siente la necesidad de visitar a un amigo o a un conocido, por ejemplo, es de rigor entablar contacto telefónico antes de ir de visita.

"En materia de alimentación, creo que el gran problema es el presupuesto y lo que uno pueda o esté dispuesto a gastar. Por supuesto que la carne -por citar un caso concreto- es muchísimo mejor en el Río de la Plata donde las vacas comen pasto como corresponde. Uno come carne de vaca, de oveja, de cerdo, de pollo y de pescado, pero de antemano trata de evitar pensar en como se ha producido dicha carne."

"Mis hijos nacieron en Londres, su primera lengua es la inglesa, y en el hogar nos comunicamos en inglés. Todo se hace en la lengua inglesa que está por doquier -en la casa, en la escuela, en el trabajo, en la televisión y en la radio, en los comercios a los que uno va de compras, etc."

"De cualquier modo, yo quisiera darle marcha atrás al reloj para que mis hijos pudieran tener la infancia con libertad que yo tuve, con menos televisión y menos juegos de computadora y con más amigos y más partidos de fútbol, pero tengo miedo de que esto ya sea un sueño inalcanzable tanto aquí como el Río de la Plata."

"Desde Londres, un gran abrazo".

Lejos de "la gran ciudad"

Luciana Leete decidió dejar la Argentina y trasladarse a una pequeña localidad inglesa. Para ella todo es diferente, y así lo explica:

"Una cosa es vivir en Londres, como la mayoría de los extranjeros en Inglaterra, pero otra cosa muy distinta es vivir en el interior de este país. El motivo más evidente es que Londres es muy cosmopolita... hasta el extremo en que son muy pocos los ingleses que viven allá, la mayoría son extranjeros. Mi experiencia fue muy distinta. Yo decidí venirme junto con mi marido Richard (en ese entonces mi novio). Richard es de Leicester, una ciudad en la zona de las Midlands, la región central de Inglaterra."

En marzo de 2001, en plena recesión económica del país, Luciana y Richard coincidieron en que iniciar una vida juntos en la Argentina sería complicado. Así, decidieron organizar su mudanza a Leicester.

"Leicester es una ciudad en la cual en su momento la industria textil fue la principal actividad, debido a la inmigración proveniente de Asia (India y Paquistán principalmente). Hoy en día esta industria esta casi muerta, pero el fuerte de Leicester en estos tiempos es la Universidad. Es una ciudad muy alegre, llena de juventud."

"El primer gran cambio fue el hecho de pasar de una ciudad gigante como Buenos Aires a una pequeña como Leicester, en plena campiña inglesa. Yo lo llamaba "de la ciudad al campo", para dar una idea más aproximada", explica.

"Tuve mucha suerte de encontrar un trabajo para Massey Ferguson, los tractores (Deutz o Agco Allis en la Argentina) trabajando con las cuentas latinoamericanas. El trabajo me quedaba un poco lejos de casa (50 km.) pero fue una buena base para comenzar mi vida laboral en este país. Hoy en día trabajo en Leicester para una compañía textil que exporta a toda Europa y Asia."

"Las costumbres inglesas estuvieron siempre presentes: mi marido es inglés, y así como para mí el domingo es día de asado, para él es el día del english roast, y la siesta es un lejano recuerdo, Richard me hincha para hacer cosas los fines de semana, aprovechar el día, que es muy corto en invierno."

"Lo más difícil a nivel cultural fue la formalidad inglesa. Acá nunca nadie pierde los estribos. La gente te pregunta cómo estás, pero no les interesa, es sólo una forma. Al contestar, hay que limitarse al "todo bien, gracias, y Ud.?", porque si sos sincero y compartís tus problemas, entonces te vas a dar cuenta que la gente se comienza a ir de alrededor tuyo de a poco."

"El gran desencanto que me llevé fue el bajo nivel cultural en general que hay en este país, donde sólo un 15% de la población participa en la votación de sus representantes. Es increíble también el excesivo consumismo. Ya a principios de noviembre no se puede pasar con el coche por ninguno de los centros comerciales, ya que todo el mundo ya comenzó con las compras de Navidad. Y esto no afloja hasta las Fiestas."

"¿Nuevos hábitos alimentarios? Engordé como 20 kilos desde que vivo acá!! No sólo que el frío te hace comer más, sino que además el frío te hace meter más adentro de casa, lo que me mata a la hora de ir al gimnasio."

Capacitarse como inversión

"Estuve planeando el viaje hace cerca de un año cuando me recibí de economista en la UNLP, dado que mi madre había prometido pagarme el pasaje como premio de egresado y yo quería perfeccionar mi inglés", cuenta Martín Tetaz.

"Iba a hacerlo el año pasado, pero me agarró el desastre de enero y mi mama decidió que era prudente esperar a ver qué pasaba, como todo sigue igual o peor, finalmente me decidí a largarme."

"Contacté un amigo que conocí un par de años atrás en un congreso en Suecia y él me ofreció alojamiento gratuito acá en Gillingham, Kent, un pueblo de unos 50.000 habitantes a unos 50 kilómetros de Londres."

"Me largué con lo puesto y llegué a Inglaterra el 25 de septiembre. Después de pasar por un interrogatorio en inmigraciones y aduana de Heathrow en el que me preguntaron qué iba a hacer, que cuánta plata tenía, qué hacía en la Argentina, etc., etc., me encontré con mi amigo que me había ido a buscar al aeropuerto."

"Mi primer error fue tratar de subirme al auto en el asiento del conductor. Acá el volante está a la derecha y la gente maneja por la izquierda, lo cual me ocasionó problemas los primeros días porque no sabía muy bien de dónde venían los autos."

"Los primeros días el clima era agradable, similar al que había dejado atrás en la Argentina, pero después empezó el calvario climático, todos los días sin excepción llueve."

"Tardé una semana en encontrar una biblioteca pública con acceso a Internet gratuito. Acá no hay cibercafés y la alternativa era usar un teléfono público (sí, tienen teclados e Internet), pero cuesta 5 pounds por hora (unos $30). Todo sale cinco o seis veces lo que cuesta en la Argentina aunque con variantes, el transporte público es carísimo y los autos regalados (después se quejan del congestionamiento y planean cargarle 5 pounds a cada auto que entre a Londres, el sentido común a veces falta en Inglaterra también). No obstante, me las ingenio para comprar cosas cocinadas en el súper y comer por un pound cada comida, lo cual acá es toda una hazaña, pero la verdad es que si buscás en el supermercado encontrás formas de comer barato y bien."

"El gimnasio es carísimo. Justo enganché una promoción de 35£ por mes, pero de otro modo habría tenido que pagar £5 por día (sí, 30 pesos por día)."

"Los cursos de inglés son un tema. Es toda una industria. Si llamás desde la Argentina, no bajan de 1000£ por mes, pero estando acá pude conseguir uno por 65£, aunque parezca mentira ese es el rango de variación. Hay una competencia feroz entre los institutos (me pregunto por qué en la Argentina no se organizan más cursos de castellano para extranjeros)."

"Lo más importante de todo: las instituciones funcionan. Los autos paran en la senda peatonal para ceder el paso a los peatones aunque vengan a 60 km/h, aunque se encuentran regalitos, es común ver gente juntando lo que su perro va dejando en el camino."

"Los debates políticos por televisión tienen alto nivel, se consulta permanentemente a los profesores de las universidades y no existen chantas, aunque por supuesto también hay delincuentes."

"La gente come entre las 6 y las 8 de la tarde y después generalmente van al pub. Está lleno de casas de apuestas donde se puede apostar hasta el color de ojos del bebe que estás esperando."

"Por supuesto nadie come asado, y la comida es variada, porque hay muchas casas de comidas china, india, italiana, etc., aunque en el supermercado por cada góndola de carnes hay diez de tortas y chocolates, no por casualidad la inglesa media tiene 20 kilos de más."

"Afortunadamente no he encontrado nadie que hable castellano todavía, aunque las variaciones en el acento del inglés son enormes, con algunos me entiendo mejor que en castellano y con otros menos que en chino, pero muchísima gente vive hace más de diez años por acá con peor inglés que el mío."

"Los night clubs (no se asusten así se llaman las discos), abren de diez de la noche a dos de la mañana, y todo el mundo come papas fritas con kebab cuando salen del boliche."

"Cuando conocés a alguien no lo podés saludar con un beso, le tenés que dar la mano, y en el boliche la mejor estrategia es invitar un trago, de otro modo no te dan ni la hora, pero la efectividad de una cerveza es cinco veces la de la Argentina."

"Acá extraño el calor de la Argentina estos días, las mujeres de la Argentina (acá no se puede ni empezar a comparar). Los asados con amigos, mi familia por supuesto."

"Me tocó pasar acá mi cumpleaños y las fiestas de fin de año. Navidad es mucho preparativo, pero después no pasa nada, son las diez de la noche del 24 y están todos durmiendo. Honestamente no me sentí mal en las fiestas, de cualquier manera acá todos me tratan muy bien."

"La obsesión número uno de los ingleses es la seguridad, todo tiene cámaras. Pero igual fallan como en la Argentina."

"Iba a enviar una foto y no voy a poder porque ayer entraron ladrones en mi departamento y me robaron la cámara y el celular entre otras cosas (acá todos tienen celular y el texting es una manía enfermiza, aunque el celular es re barato). Si me rompieron la ventana de atrás y cerraron la puerta de acceso por dentro, cuando volví no pude entrar, llame al 999 y la policía llegó en menos de 5 minutos. Muy FBI: tres por adelante y tres por atrás, con linternas y a los gritos, abrieron la puerta como si fuera de cartón. Igual los "burglars" se habían ido. El departamento era un desastre todo por el piso, todo roto, pero se ve que paga ser argentino, no pudieron encontrar mi plata ni mi pasaporte, porque lo había escondido abajo de la alfombra, por las dudas: No se imaginan cómo me volvió el alma al cuerpo, mientras el policía de turno me hacía las mismas preguntas estúpidas que parece ser que hace la policía de todo el mundo."

Una experiencia enriquecedora

"Si tres años atrás alguien me decía que iba a estar viviendo en Londres nunca lo hubiera creído. Porque si bien esta ciudad había sido siempre la meta de mis viajes, nunca la había considerado como un lugar de permanencia".

Silvia Demetilla llegó a Londres en abril de 2001 con su pareja Toni (argentino, arquitecto como ella). "No faltaron las excusas para no aceptar que tal vez éramos unos de los tantos que nos íbamos del país por un tiempo incierto. Y digo incierto, porque seguramente si le preguntás a la mayoría de los que estamos afuera ninguno sabemos de manera precisa por cuánto tiempo más estaremos lejos de casa, algunos seguramente volverían si se dieran las posibilidades, otros tal vez no. Es la misma sensación que se siente cuando uno se muda solo, en principio todo está bien, tenés tus propias cosas, tu independencia, tu mundo nuevo, pero por otro lado te molesta si alguien decide ocupar tu viejo dormitorio, o usar las cosas que dejaste en casa de tus padres."

"Seguimos prendidos de la radio por Internet, seguimos esperando e-mails de nuestros familiares y amigos, llamados telefónicos, cajas de alfajores y yerba mate por correo."

"¿Por qué cuesta tanto? No tengo la respuesta... Supongo que todos tenemos una respuesta más o menos parecida... Se puede ser "Sapo de otro pozo" durante un rato, durante un tiempo, o durante toda la vida. En los últimos tiempos muchos argentinos nos vimos -no diría obligados, aunque la presión se puede ejercer de muchas maneras diferentes- pero sí con mayor incentivo a alejarnos de nuestra país... algunos lo harán por poco tiempo, otros por mucho, quién sabe..."

"A pesar del inmenso sacrificio que implica dejar todo, a la hora de hacer un balance sigue siendo positivo. No hay día que no se deje de aprender algo nuevo, y que la experiencia es absolutamente enriquecedora. Por supuesto que extraño horrores a mi familia, a mis seres queridos y sobre todo a mis animalitos, que no puedo traer por la ley de cuarentena. Aún así creo que fue lo mejor para nosotros en este momento de la historia, y que cuando regresemos (porque estoy segura de que vamos a volver en algún momento) nuestra riqueza será mayor. Después de todo hay vida más allá de las fronteras." .

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