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Qué se espera del nuevo ministro

Sábado 10 de marzo de 2001

La opinión pública conoce ya los nombres de quienes serán los principales colaboradores del nuevo ministro de Economía. Por los antecedentes profesionales y personales de quienes lo conforman, se puede asegurar que el doctor Ricardo López Murphy estará acompañado por un equipo con niveles de excelencia, lo cual robustece el optimismo con que muchos sectores esperan el desenvolvimiento de su gestión.

El nuevo ministro se ha caracterizado siempre por exponer sus ideas con absoluta claridad y un firme convencimiento. No es de las personas que orientan su discurso por las preferencias o deseos de su auditorio, ni es de los que miden el perjuicio que sus propuestas le puedan ocasionar a su carrera política. Las ideas del doctor Ricardo López Murphy son ampliamente conocidas y, por otro lado, han sido plasmadas en diversos libros y publicaciones, los más de ellos producidos por la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericana (FIEL), en la que trabajó en los últimos años hasta que se hizo cargo de la cartera de Defensa.

La designación del nuevo ministro de Economía contó en su momento con la aparente aceptación de los presidentes de los dos partidos que componen la coalición gobernante, por lo que debería entenderse que, salvo las naturales disidencias internas, las dos fuerzas políticas de la Alianza han expresado institucionalmente su apoyo a esa designación. En su evaluación seguramente no dejaron de considerarse las complejas dificultades que presenta la actual situación económica y social. Se valoraron, sin duda, la ejecutividad y la firme determinación que caracterizan al nuevo ministro.

Nadie espera de López Murphy un periodo largo de reflexión y deliberación, sino que prontamente ponga en marcha medidas de fondo que respondan al repertorio de propuestas que tantas veces ha defendido.

El tiempo no juega, por cierto, en su favor. El aparente apoyo inicial de los líderes de la Alianza tiende ya a diluirse con tanta rapidez como imprudencia. Como sucedió en el país en muchas otras oportunidades, la inminencia de una crisis de extremada gravedad llevó en un principio a los líderes partidarios del oficialismo a adoptar posiciones racionales. Sin embargo, no bien el peligro comienza a disiparse, esos líderes vuelven a sus espacios ideológicos tradicionales y a sus cuestionamientos.

Los tiempos electorales corren también para la oposición, que seguramente estará cada vez menos dispuesta a votar en el Congreso las reformas estructurales que las circunstancias exigen. En resumen, todo parece indicar que si el nuevo ministro de Economía no instrumenta sus medidas de fondo en un plazo relativamente breve, le será luego mucho más difícil lograrlo.

Según ha trascendido, la situación fiscal proyectada para este ejercicio marca una extrema dificultad para cumplir con la ley de presupuesto y con las metas acordadas con el Fondo Monetario Internacional. El nuevo equipo económico tendrá que encontrar las partidas que puedan reducirse en un muy corto tiempo y desde ya descartar cualquier aumento impositivo para no reeditar el error de sus antecesores.

Tampoco parece recomendable descansar en el supuesto de que una rápida reactivación aumentará los recursos fiscales. A estas alturas, el camino ya probado de buscar recortes sin reformas estructurales no parece una solución, como lo ha demostrado reiteradamente la experiencia. Ha crecido por lo tanto el consenso sobre la necesidad de una reforma integral de la administración pública, que por otro lado FIEL viene estudiando y proponiendo desde hace varios años. La amortiguación de los efectos de esta reforma sobre el personal afectado y su reinserción laboral seguramente impedirá que se produzcan ahorros significativos en lo inmediato. Pero la actitud de las entidades financieras internacionales frente a un incumplimiento de las metas del año será distinta si se advierte que se ha ejecutado una reforma tendiente a garantizar solvencia fiscal posterior y que se está trabajando para diseñar un Estado que no pese sobre el sector privado y que sea eficiente en sus funciones básicas. La reformulación del Estado, pues, debe instrumentarse cuanto antes.

Lo mismo debe decirse respecto de la reforma del sistema de coparticipación federal de impuestos y de la revisión del pacto fiscal con las provincias, al que es necesario introducirle metas y condiciones más ambiciosas. Estas dos cuestiones, junto con la anterior, son fundamentales para asegurar no sólo la solvencia fiscal, sino también la competitividad y, así, emerger del blindaje con un horizonte de confianza, inversiones y crecimiento. La ratificación de la convertibilidad ha sido sumamente importante, pero será creíble en tanto se asegure ese marco de condiciones. He aquí el desafío del nuevo ministro de Economía.

Por supuesto, el buen desenvolvimiento de su gestión dependerá de que el presidente de la Nación le otorgue -como el país desea y espera- su más contundente respaldo, tanto en lo político como en lo personal. Además, será indispensable que el ministro reciba el apoyo y la confianza de la sociedad en su conjunto; de lo contrario, sus esfuerzos pueden tropezar con obstáculos severos, dada la magnitud de la tarea para la cual ha sido convocado.

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